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¿Picasso maltratador? De forma y contenido

Clara Ramas San Miguel
Publicada el 04/06/2021 a las 06:00

Estos días, la artista, escritora y activista María Llopis se presentaba junto con sus alumnos del curso Arte y Feminismo en el museo Picasso de Barcelona portando camisetas donde podían leerse lemas como: “Picasso maltratador”, Picasso Barba Azul”, “Picasso la sombra de Dora Maar” o “Picasso es Antonio David Flores”. Llopis explica: “Queremos reivindicar el papel de las artistas que han pasado a la historia del arte como ‘mujeres de’ Picasso. La mayoría de ellas eran artistas cuyas carreras se vieron truncadas al conocer al pintor. Picasso interpretó el papel de Barba Azul fagocitando la potencia creativa de cada una de ellas”.

El gesto ha despertado reacciones encontradas. Instagram ha cerrado la cuenta de Llopis, pero en redes sociales también se celebraba la acción, como recoge un hilo retuiteado por la propia Llopis: “Las historiadoras sabemos de qué calaña eran algunos artistas (sinceramente, la mayoría), debemos hacer algo por no separar arte y artista y sobre todo por bajar de pedestales a señores que hicieron algo y vincular el personaje con la persona. Picasso era un maltratador”. “Picasso no debería aparecer en los libros de historia del arte”, concluye. Llopis matiza: “Yo no pienso que el Museo Picasso debiera cerrar ni que haya que quemar sus obras. Soy una gran defensora de separar la obra del artista… sí, pero con todos los datos. […] también era un maltratador y eso hay que decirlo.”, afirma.

Parece poco discutible que Pablo Picasso maltrató terriblemente a numerosas mujeres. No es, ni mucho menos, una excepción entre los artistas: Virginie Despentes nos recuerda una carta de ruptura de Artaud a una mujer a la que decía amar: “Necesito una mujer que sea únicamente mía y que pueda encontrar en casa en todo momento. […]. Por la noche, no puedo volver a una habitación solo, sin que ningún servicio de la vida me sea accesible. Necesito un interior, y lo necesito urgentemente, y una mujer que se ocupe sin cesar de mí hasta en los detalles más ínfimos. Una artista como tú tiene su propia vida y no puede hacer eso. Todo lo que digo es de un egoísmo feroz, pero así es. Ni siquiera es necesario que esa mujer sea muy guapa, tampoco quiero que tenga una inteligencia excesiva, ni que reflexione demasiado. Basta con que esté atada a mí”. Parece que Picasso incluso en cierto modo nutrió su arte de estas experiencias, retratando a las mujeres como sufrientes o deformadas según se iba deteriorando la relación: “Para mí, Dora Maar era una mujer que lloraba. Durante años la pinté en formas torturadas, no por sadismo ni porque me diera placer. Solo podía seguir la visión que se me imponía. Esa era la profunda realidad de Dora", y aseguró que “las mujeres son máquinas de sufrir”.

Que Picasso, Artaud u otros artistas fueron maltratadores en su vida privada, o que impidieron que floreciera el talento de las mujeres que les rodeaban, no puede ponerse en duda, y debe ser divulgado como hecho histórico que es. Lo que es digno de reflexión es cómo afecta ese hecho, si es que afecta, a la valoración de su arte, especialmente cuando ello aparece, de algún modo, reflejado en él; y esta era la tesis dura en la acción de Llopis, y lo que con toda seriedad debemos preguntarnos. ¿Cabe impugnar así la obra misma?

El debate no es nuevo. En 1911, Robert Musil escribía un artículo titulado Lo indecente y lo enfermo en el arte. Musil se pregunta qué ocurre cuando el arte representa lo inmoral o lo aborrecible o se ve motivado por ello. “El arte puede perfectamente elegir lo indecente y enfermo como punto de partida, pero a partir de ahí lo representado —no la representación, sino lo indecente y enfermo representado— ya no es ni indecente ni enfermo.” El maltrato que ejerció Picasso es indecente y enfermo. Su representación, si es arte, como tal representación no puede serlo, aunque lo sea su objeto. Lo contrario sería negar que el arte es algo. Importa valorar si en Picasso o en esas mujeres artistas había una forma artística de representación de la realidad, y si esa forma era reveladora de lo real o no lo era; y ese es un debate distinto al de cuál era el contenido o las circunstancias en que surgió esa forma. Porque, incluso si la ocasión para tal representación fuera una necesidad de un daño en la vida real, la necesidad de representar artísticamente no idéntica a la necesidad de dañar; necesidad, dice Musil, que puede satisfacerse “en la vida real” sin tantos rodeos. Esa diferencia de algún modo debe ser salvaguardada. Representar no es hacer: aunque la cosa fuera indecente, encontrar su esencia y sus relaciones con el resto de cosas y expresarlas no lo es. El arte “quiere saber”, dice Musil: representa lo aborrecible, nos permite conocer sus relaciones con lo normal, y, para empezar, permite que lo aborrecible aparezca como tal.

Ciertamente, caminamos en un cierto filo, y hay riesgos que no deben hurtarse: no toda representación es arte, y no puede permitirse ni por un instante, advierte Musil, que alguien pegue “el cambiazo encorbatado” y haga pasar los meros productos del “pícaro o el exaltado”, sus miserias y neurosis personales, por arte. La mera cháchara de un perverso no es arte: esto hay que decirlo sin ambages, y ciertamente demasiadas veces se nos hace tragar productos u opiniones mediocres que pasan por autoridades artísticas o intelectuales solo porque quienes los producen son sujetos socialmente privilegiados. Pero todo esto, dice Musil, son dificultades, no contraargumentos. El juicio moral sobre el objeto representado o sobre las motivaciones del artista debe ser tajante, pero ello no puede resolver el debate sobre la forma artística de representación y su valor. De lo contrario, lo que se perdería es la posibilidad misma de la representación artística.

_____________________

Clara Ramas es doctora Europea en Filosofía (UCM) y profesora de Filosofía en la Universidad de Zaragoza. Ha sido investigadora en Albert-Ludwigs-Universität Freiburg y HTW Berlin y profesora invitada en universidades europeas y latinoamericanas. Fue Diputada en la XI Legislatura en la Asamblea de Madrid. Ha colaborado con La 2 y diversos medios escritos. Ha publicado 'Fetiche y mistificación capitalistas. La crítica de la economía política de Marx', con prólogo de Michael Heinrich (2018).

 

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15 Comentarios
  • MPAC MPAC 05/06/21 11:53

    Quizás habría que separar lo que es la obra de lo que es el artista, si no nos llevamos grandes decepciones desde Caravaggio a Dali, pasando por Picasso y tantos otros, pero tampoco sé si la separación es ética y moralmente correcta.

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  • MIglesias MIglesias 05/06/21 00:41

    Veo que ser de izquierdas y hablar todos los días de igualdad no vacuna contra el machismo.

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  • Pez Pez 04/06/21 16:01

    Qué tendrá que ver Picasso con Artaud, el machismo maltratador con la honestidad de la sinceridad,

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    • MIglesias MIglesias 04/06/21 16:47

      La sinceridad no excusa del machismo posesivo.

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      • Pez Pez 04/06/21 17:31

        Hablo de la diferencia entre potencia y acto.

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        • MIglesias MIglesias 05/06/21 00:39

          Quien piensa en la mujer como un ser a su disposición, para su disfrute, sin necesidades, sin competencias, solo para su propia satisfacción, está actuando, es un maltratador.

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  • diego lopez diego lopez 04/06/21 15:54

    Desde que leí los diarios de la Segunda Guerra Mundial de Ernst Jünger, Radiaciones, empecé a sumar otros actos del pintor que no me parecían bien. Se habla mucho de su "compromiso", de esa anécdota apócrifa del Guernica y un "general de la Gestapo" o el embajador nazi en París, o Göring incluso, que hay versiones de la falsa respuesta del pintor cuantas quieras. Pero la cuestión es que Picasso estuvo en el París ocupado tan tranquilo, lo único que pedía a los señores oficiales alemanes que iban a verle a su estudio para departir con él de arte, era que no vistiesen de uniforme.
    Salud y República

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  • Tubal Tubal 04/06/21 12:19

    "Lo malo" no es privativo del género masculino, ni el concepto del "mal" ha sido (o es) el mismo en todas partes ni en todos los tiempos...Defender al más débil o ayudar al más pobre son principios éticos que ha costado siglos en instaurar socialmente y el proceso no ha concluído.
    Pero los/las más débiles son tan human@s como los más fuertes o ricos. No son sant@s y ejercen la violencia con arreglo a su capacidad. Yo he vivido de cerca ejemplos muy notorios de "violencia femenina" y estamos viendo diariamente en los medios informativos cómo cierto tipo de mujeres interpreta la "igualdad" imitando lo que critican: mujeres boxeadoras, karatecas, futbolistas, militares, embaucadoras, etc...Por otra parte, las mujeres "artistas" conocidas no parece que padezcan menos psicopatías que los hombres "artistas". Evitemos mezclar churras con merinas al hablar de ARTE.

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    • MIglesias MIglesias 04/06/21 14:06

      Uy! Mujeres karatecas y futbolistas...perversas.

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  • Sady Sady 04/06/21 10:31

    Yo creo que se debe separar a la persona de su obra. Tan absurdo como defender las corridas de toros con el argumento de que a Hemingway le gustaban, es juzgar el comportamiento de un hombre de otra época con la moral de la época actual.

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    • E-stefan E-stefan 04/06/21 11:41

      San José Cornudo maltrató a María cuando se enteró de lo del palomo. Y María, como todas las madres durante milenios, maltrató a su hijo, porque le pegaba con la zapatilla cada vez que decía palabrotas.

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      • EAJ49radio EAJ49radio 15/06/21 10:35

        Pero E-stefan, está comparando una realidad con un cuento o leyenda de una religión

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  • peruntros peruntros 03/06/21 23:23

    Aquí dejo la discusión a la que hacía referencia antes:
    https://www.infolibre.es/noticias/antes_de/2021/01/24/pablo_antes_picasso_sexo_muerte_genio_que_abrio_las_puertas_modernidad_115794_2033.html

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  • peruntros peruntros 03/06/21 23:21

    Efectivamente.
    He escuchado a feministas saltar con la siniestra separación entre persona y obra para subrayar la calidad artística del degenerado este, al que han dedicado hasta aeropuertos en sitios en los que sólo dejó como aportación haber nacido allí. Lo que casi nadie entiende es que este tipo DESARROLLA su genialidad a costa de destrozar física y psicológicamente a mujeres, Un famoso comentarista de este medio, no demasiado leído, dice al respecto que Einstein era mal padre, pero que eso no invalida sus aportaciones. Y tiene razón. La diferencia es que el rol paternal de Einstein no entra en contradicción con la teoría de la relatividad especial. En cambio, si Einstein, en lugar de apelar a la metáfora del tren, hubiera necesitado lanzar a su hijo desde un helicóptero en movimiento para dar inicio del desarrollo de su teoría, ésta seguiría siendo válida, pero sería legítimo que condenáramos a la persona.
    Muchas gracias a Clara por haber traído este análisis.

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    • Franmalga Franmalga 04/06/21 09:29

      Esto empieza a ser una caza de brujas/machistas. Hay que tener en cuenta la época en la que vivió Picasso, cuyo genio es indiscutible.

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