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Plaza Pública

Venenos y vacunas: o Vistalegre II y el izquierdismo como enfermedad infantil

Fran Casamayor / Francis Gil Publicada 20/12/2016 a las 06:00 Actualizada 21/12/2016 a las 21:01    
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La diferencia entre un veneno y una vacuna es fundamentalmente de cantidad. La dosis es la clave. Un mal cálculo puede causar la muerte y un exceso de precaución convertir la vacuna en inútil. La justa medida, el equilibrio, es lo que garantiza la eficacia.

Una vacuna es, en esquema, una síntesis del microorganismo causante de una determinada enfermedad, elaborada a partir de un debilitamiento de sus toxinas, que se inocula en el cuerpo para que el sistema inmunológico lo reconozca, aprenda a combatirlo y cuando se produzca una nueva infección nuestras defensas resulten más eficaces. Es una forma, relativamente sencilla, de enseñar a nuestro organismo a resistir. Aprender a resistir, mejorar nuestras defensas entrenándolas, es la mejor garantía de no caer enfermos cuando somos víctimas de un virus tópico. El ejemplo es sencillo: la falta de entrenamiento de las defensas, la escasa o nula capacidad de resistencia de los niños les convierte en las víctimas perfectas, por indefensos, de enfermedades que los adultos ya han superado y aprendido a combatir. Pero no siempre es así. Hay adultos cuya fisiología sigue siendo infantil. Que no están preparados para resistir y cuyo cuerpo cede ante los factores atmosféricos y medioambientales con mayor facilidad. Esa paradoja se produce porque crecer no es sólo una cuestión física, no es sólo una cuestión cronológica. Crecer es madurar, y eso requiere del aprendizaje de la experiencia, obliga a haber superado la enfermedad para que nuestro cuerpo sepa hacer un buen diagnóstico previo que ponga el remedio adecuado ante los primeros síntomas. Dicho de forma rápida; para curarse primero hay que enfermar. Vacunarnos nos refuerza internamente para combatir los contagios exteriores y nos enseña, el cuerpo también aprende, a resistir frente a los diferentes tóxicos y parásitos que pretenden invadir nuestro cuerpo. Si forzamos un poco la metáfora, no es difícil descubrir relaciones de paralelismo entre el propio cuerpo y el “cuerpo político”. En política también hay agentes tóxicos y procesos virales. De hecho, el contagio hoy es uno de los fenómenos sociales y políticos más comunes, más aun en una etapa de comunicación constante e instantánea que convierte la política en comunicación y la comunicación en política. Quizás siempre fue así, sólo que ahora el proceso es más rápido e intenso.

Que la medicina es imperfecta en muchos aspectos éticos, al igual que la política democrática, es indiscutible. Sin embargo, cuando somos víctimas de la enfermedad o de la injusticia, sólo tenemos dos opciones: dejarnos llevar y esperar, o resistir y luchar. Nuestro cuerpo es como nuestro pueblo, y los revolucionarios del siglo XVIII lo sabían perfectamente cuando afirmaban, como Robespierre: “Una nación está verdaderamente corrompida cuando, después de haber perdido, paulatinamente, su carácter y su libertad, pasa de la democracia a la aristocracia o la monarquía; el cuerpo político muere entonces por decrepitud”. Y ese riesgo siempre estará presente. La enfermedad no es solamente la ausencia de “salud”, el Comité de Salud Pública fue sinónimo de Comité de Salvación Pública por su homonimia latina, donde Salud y Salvación se comprendían como una y la misma cosa. La salud de la revolución era un asunto de virtù personal, y el futuro de cada uno estaba ligado a una tesis política concreta y su defensa frente a una Asamblea Nacional que podía tomar decisiones, que como en el caso Robespierre, terminarán dirimiendo las diferencias políticas con la “igualitaria” hoja de la guillotina. Eran tiempos en los que defender tesis políticas y asociarlas a personas concretas tenía costes personales muy elevados, tiempos en los que en los documentos te jugabas la vida. Hoy esa fase, casi con total seguridad, la hemos superado, y no hay porque tener miedo a asociar nuestro nombre a un documento e incluso a un manifiesto. Hemos consolidado el derecho democrático a defender nuestras ideas y representarlas personalmente; hemos conseguido que cada uno, individualmente, pueda defender su propio proyecto político. No renunciemos a esa conquista y, sobre todo, no infravaloremos esa victoria democrática.

La Revolución francesa no fue el inicio, fue el final de algo que está por empezar. Si Lenin se miraba en el reflejo de Babeuf, y nosotros nos reflejamos sobre La Huelga de la Canadiense, o los discursos parlamentarios de Azaña, que incendiaban el hemiciclo cuando afirmaba: “por encima de la Constitución, está la República, y por encima de la República la revolución”, antes de todo esto, estaba la política de la Roma en que se referenciaban Marat y Saint-Simon para reivindicar el verdadero cambio de estructuras, un cambio incomodo, duro y nada amable que requería, en palabras de Marat, saber llegar hasta el final, asumir que lo que empieza como una propuesta, como una equivalencia discursiva de demandas, puede y debe terminar siendo una realidad por la fuerza de los hechos: “Las revoluciones empiezan por la palabra y concluyen por la espada”. La pregunta lógica, pues, es quién empuñara la espada. Ni Roma, París, Moscú o La Habana nos resolverán el problema. El problema es nuestro problema. Y como todos los problemas interesantes, es diferente pero es el mismo de siempre.

Suetonio, Tácito y Dion Casio no se ponen de acuerdo en quién pero tienen claro el cómo. A Claudio lo envenenaron… y Nerón se convirtió en Emperador. Ese podría ser un motivo suficiente y creíble para buscar un culpable; la ansiedad por ocupar un lugar, aunque sea de forma ilegítima, moviliza las excusas necesarias para cualquier acto por deplorable que este pueda ser. Quienes juzgan con dureza a los cobardes o los traidores suelen ignorar que el miedo, nuestro propio miedo, es el peor enemigo con el que nos enfrentamos en los momentos decisivos. La incapacidad para entender que no es posible ser queridos por todos, por los tuyos y por tus enemigos, el miedo al rechazo o el ridículo, es un virus que infecta la psicología del agente doble y del traidor inconsciente. No es el miedo a perder la guerra, es el miedo a que tus adversarios tengan razón y tú estés equivocado lo que mueve al desertor a cambiar de bando. Todas las campañas de propaganda del quinto columnismo tienen ese objetivo: la guerra psicológica desde el interior, minar en lo posible la moral del contrincante para aumentar la confianza de tus propias fuerzas. Porque ya sabemos que el miedo es contagioso, es vírico y puede infectar con mucha más rapidez a un grupo que convive en comunicación constante. Como un virus informático, el miedo se contagia por confianza y eso hace que la lógica amigo/enemigo se vuelva difusa, liquida y resbaladiza. Cuando el enemigo es sólo un concepto, una abstracción, el amigo desaparece. Y la política, la de verdad, requiere de un principio de amistad, esto es; de lealtad entre iguales que defienden un proyecto común. Sin esa lealtad presupuesta, amigo/enemigo es un significante vacío incapaz de actuar políticamente.

Posiblemente Nerón sabía que nunca sería realmente Emperador, que su propio nombramiento estaba envenenado, que “Roma no paga traidores” y que él estaba condenado a sufrir siempre la situación de interinidad del falso heredero, de quien se sabe impedido de entrada para ser realmente Emperador por derecho. Nerón y Darth Vader son referentes equivalentes, comparten la misma patológica impotencia; demasiado conscientes de sus miedos para perder el miedo inconsciente que les limita. Las consecuencias ya las conocemos: al final arde Roma y estalla la Estrella de la Muerte. Sus miedos se socializan y se convierten en una corriente psicótica que impone la lógica del veneno; la búsqueda de una respuesta fácil y rápida a un situación complicada derivada de un secuencia compleja de acontecimientos acumulados. Son sujetos, personajes, envenenados que contagian con sus miedos a una colectividad, intoxicando con el único objetivo de sostener una posición de poder adquirida circunstancialmente por un desarrollo inesperado de los acontecimientos y, que sin saber defender individualmente su hipótesis, reclaman que todos nos paremos para que su mundo personal siga estable; para que su mundo no cambie exigen que nada cambie.

Pero todo sigue moviéndose. El movimiento popular sigue empujándonos, no permite que nos detengamos. Hoy Podemos es un punto de apoyo, y eso es suficiente para mover el mundo. Seguimos avanzando y por eso asumimos que el tertium non datur es la formulación lógica que debemos aplicar como metodología política, es decir: Cuando nos enfrentamos a dos enunciados de tipo disyuntivo uno debe ser correcto y el otro falso. Aquí la verdad relativa de lo político desaparece automáticamente. Usemos el ejemplo clásico de Aristóteles; “el Sol es un astro” (A es B) y el “Sol no es un astro” (A no es B). En esta formulación no cabe enmienda ni propuesta transaccional. Hay que optar (Galileo lo comprendió de forma brusca y nada amable al tener que defender sus tesis científicas); o bien se asume la reducción al absurdo propia de las ideologías unidimensionales o se reconoce una verdad concreta. Lo aparentemente abstracto de esta afirmación quizás se comprenderá mejor si lo llevamos al campo de la elección a la que nos enfrentamos en Vistalegre II. ¿Qué está en juego? Todo. Hay que decidir si el sol es o no es un astro, es decir; sí Podemos es o no es la “espada” que terminará lo que empezamos.

En Vistalegre II nos jugamos nuestra identidad política como sujeto popular de transformación. Si hasta ayer fuimos anti-héroes de lo político, no deberíamos renunciar a nuestra propia identidad y aceptar las reglas de lo políticamente correcto bajo una falsa ilusión de recuperación de la normalidad. ¿Quién quiere, y mejor, quién ha recuperado la normalidad? Y, ¿qué normalidad? Para quienes quieran superhéroes “blancos”, limpios de conflicto y homologados por el establishment para ocupar escaños parlamentarios ya existían opciones institucionalmente patrocinadas con discursos amables de mayorías. Pero nosotras somos diferentes, “somos panteras”: porque nosotras no nos referenciamos en la cultura del enemigo y no buscamos su respeto, sino su más profundo desprecio por ser la representación transparente de todo lo que no se doblega y resiste frente a sus estrategias de domesticación: la verdadera mayoría. Somos panteras porque no nos dejamos amaestrar, no nos dejamos acariciar por el poder y siempre seremos salvajes, impredecibles y peligrosas.

Desde ahí, desde lo indomable de nuestra propia esencia, necesitamos construir una cultura política de mayorías. Un proyecto transversal para ganar y gobernar. Pero su articulación discursiva no puede significar la renuncia a los significantes fuerza, a aquellas demandas populares que hacen pensar la política como una diferencia, como una formulación de las necesidades de “imposibles”. Alain Badiou lo explicaba con precisión –entrevistado por Jorge Lago- en el número dos de La Circular (verano de 2015): “Una política nueva es siempre una política que define ella misma lo que es posible e imposible”. Y nosotras estamos obligadas a ganar todo, arriesgándonos a perderlo todo por el camino.

Porque ya sabemos que hacer política es arriesgarse a lo imposible, arriesgarse a ganar, a ganarles, hay que  aumentar las apuestas, asumir el riesgo y ser conscientes que se juega para ganar. La otra política es gestionar lo posible, dentro de lo razonable, para terminar justificando lo existente. Esa enfermedad infantil del izquierdismo que se asusta ante cada contratiempo porque no está vacunada contra el oportunismo. Ahora la ruptura del marco y el rechazo del relato hegemónico, pasa por asumir que hemos crecido, y seguiremos creciendo, hasta ser la única alternativa de gobierno. Ha llegado el momento de dejar de hablar de nosotros mismos y empezar a gobernar antes de gobernar. Aprender a gobernar antes de gobernar.
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Fran Casamayor, Secretario de Organización de Podemos en la Comunidad de Madrid
Francis Gil, Secretario Político de Podemos en Castilla-La Mancha
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13 Comentarios
  • luiselotro luiselotro 22/12/16 17:36

    Pues a mi me ha parecido muy bueno. No me considero un intelectual ni nada que se le parezca, pero no es necesario serlo para entenderlo, sólo poner un poco de atención. /// "Todas las campañas de propaganda del quinta-columnismo tienen ese objetivo: la guerra psicológica desde el interior, minar en lo posible la moral del contrincante para aumentar la confianza de tus propias fuerzas". Esto quizás les suene a alguno de los que echan pestes del artículo con argumentos del todo a 100. /// Me gustan cosas como "... NO nos referenciamos en la cultura del enemigo y NO buscamos su respeto, sino más bien su profundo desprecio por ser la representación transparente de todo lo que NO se doblega y resiste frente a sus estrategias de domesticación". También lo de "La otra política es gestionar lo posible, dentro de lo razonable, para terminar justificando lo existente. Esa enfermedad infantil del izquierdismo que se asusta ante cada contratiempo porque no está vacunada contra el oportunismo". /// No será porque no nos han traicionado veces los partidos "de izquierda", no será porque una y otra vez han cedido a defender sus principios, no será porque no se alían con el "contrario" cada vez que hay "riesgo de ganar"; el oportunismo es lo que tiene. Hay que ser libre ante y por encima de todo; lo que pasa es que no es cómodo, todo lo contrario, tiene un precio a veces muy alto, y la mayoría estamos dispuestos a pagarlo sólo de boquilla, nos gustaría intentarlo pero tenemos el miedo incrustado en el cuerpo ... y el miedo nos paraliza ... y mucho peor, el miedo nos impide reconocer nuestra parálisis y, para no tener que reconocerlo, criticamos sin más al que defiende la acción ... el miedo está muy cercano a la traición (a nosotros mismos y al amigo). /// Ya hemos perdido mucho (reforma laboral para la reducción de salarios, ley mordaza contra nuestra libertad de expresión y de manifestación,.... ¿seguimos?).

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    • AML AML 22/12/16 17:59

      Cuando yo estudiaba comunicación, se decía que el primer mandamiento era "no aburrir". Mcluhan decía "El medio es el mensaje". Yo creo que los autores del artículo incumplen el mandamiento aburriendo (bastantes comentaristas lo afirmamos) y emiten un  mensaje que no es adecuado para un medio de periódico digital, sino más bien para un seminario de ciencia política. Eso no obsta que yo vote a Podemos y que entienda el artículo aunque no sea un intelectual, pero si no aligeramos los mensajes no nos comeremos nada. Saludos.

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      • luiselotro luiselotro 22/12/16 18:37

        Puedo estar de acuerdo en que sea un tanto "difícil", un tanto farragoso; quizás eso le haga más adecuado para otro entorno, para un seminario de ciencia política, como dices. Tiene un estilo diferente, de acuerdo, pero dice cosas interesantes si nos molestamos un poco. Por otro lado, a mi también me parece que la sencillez y la claridad es un valor muy importante en el mensaje; pero tiene que haber de todo. Saludos.

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        • AML AML 22/12/16 19:13

          ¿Ves como es muy fácil ponerse de acuerdo cuando se coincide en lo fundamental? Un placer y Feliz 2017.

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  • mariavidal mariavidal 22/12/16 16:14

    He conseguido terminar el artículo porque me he saltado un montón de párrafos. Sois buenos poniendo títulos pero bastante caóticos desarrollándolos.

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  • josemariarojas josemariarojas 22/12/16 10:14

    es igual, podéis decir misa, nunca se os permitirá gobernar, si alguna vez tenéis los votos (tenemos) precisos para ello, tampoco las fuerzas ocultas en la gran cloaca del estado- iglesia- ejercito-Ibex, no lo permitirán de una u otra manera, y con la ayuda de los españolistas jamás, la gran sultana de Andalucía os quiere muertos y con la ayuda de sus grandes amigos de la derechona no pararán hasta lograrlo. a pesar de ello hay que intentarlo porque al menos tendrán miedo, porque, hay tantas cosas que cambiar, vamos que hay que volver el calcetín que lleva sucio 80 años, han metido varios pies y solo han conseguido que adquiera mas mugre.

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  • trasher trasher 22/12/16 10:08

    Buenísimo. Insuperable. Como escribir mucho y no contar nada. Lo de Nerón es infumable. Pobre Historia! Y supongo q también vale para la Filosofía. Nerón sabía.....dicen ¡Que fuerte!

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  • Laila Laila 21/12/16 23:46

    No he podido acabar de leerlo. Hacia el septuagésimo noveno párrafo, más o menos, me he quedado dormida. Y eso que voto Podemos. 

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  • roman roman 21/12/16 09:04

    Hay dos partes en el discurso. Lo literario y la idea. El texto es amplio y bien escrito, con ejemplos históricos que para mi, que me gusta la historia, no me han resultado cantantes. La idea final, resume lo que se defiende y tiene relación con la gestión de lo posible y terminar justificando lo existente. Pero da un paso atrás y como planteamiento de conciliación a la táctica, cuando termina en aprendiendo a gobernar antes de gobernar.

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  • Hache Hache 21/12/16 02:58

    Me gusta el articulo y me gusta, sobre todo el debate de altura que ha generado. Hasta ahora no habia encontrado un debate de ideas fundamentadas sobre este gran proyecto comun en ningun periodico. Gracias a los participantes.

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  • ARTabares ARTabares 21/12/16 02:17

    Pues para hacer un buen artículo no hay que hacer tanto recorrido retórico, y menos cuando de lo que se trata es concretar cuál es el principal objetivo estratégico de un congreso. Como las presentaciones de las ponencias del congreso sean tan alambicadas y tan aburridas como este artículo vuestro, aguantar el sueño va a ser lo más importante en Vistalegre. La erudición, cuando no viene a cuento (traer a colación a Galileo ya sonaba forzado) también es una suerte de enfermedad infantil. Algo así como el sarampión del catedrático.

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  • Galeno1 Galeno1 21/12/16 02:01

    Visto el nivel del artículo, es triste que se llevan el gato al agua en VAII por la cara bonita de Pablo Iglesias.

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  • Galeno1 Galeno1 21/12/16 01:37

    En el texto no aparece para nada: 15M ................................................................................................................................................... Sin embargo los autores escribieron: "no deberíamos renunciar a nuestra propia identidad" ................................................................................................................................................... Al leer esa frase me quedé sorprendido, porque no dice cual es esa identidad propia, y al momento me vino a la mente: 15M. (...)  Puse en buscar: 15M, y ha salido que no aparece para nada en el artículo. Quizás mañana nos digan que nuestra propia identidad es: "clase obrera" u "orgullo de lo popular" o "bloque histórico" ................................................................................................................................................... Saludos, y a seguir alejándose del ADN del 15M que la llevais clara, amigos.

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