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Qué ven mis ojos

Hay algo oculto detrás de los que se esconden

Publicada el 15/09/2020 a las 06:00 Actualizada el 15/09/2020 a las 11:39

“No llegarás muy lejos saltando de uno a otro clavo ardiendo”.

Siempre hay algo detrás, un motivo, una ganancia o un doble fondo. Aparte de los errores, la desidia y la gestión política nefasta que lo ha multiplicado hasta extremos insufribles, tras el drama de las residencias geriátricas hay un desprecio social generalizado hacia los mayores, la idea apenas disimulada de que quien deja de producir se convierte en una carga, en un obstáculo en el camino hacia la prosperidad. Tras el auge de la ultraderecha se oculta el intento de evitar a toda costa que una izquierda contraria a los abusos del neoliberalismo llegue al poder, o si ya lo ha hecho, de desalojarla de él por las buenas o por las malas, no tanto por razones ideológicas como económicas. Tras las prisas por iniciar el curso escolar, aunque sea evidente que no se cumplen al cien por cien las condiciones para hacerlo de la forma más segura posible, está también otra costumbre arraigada, que es la de usar los colegios como residencias paralelas de las y los niños, algo que en muchos casos es la única alternativa de conciliación al alcance de sus padres. Si se piensa dos veces, se comprenderá que nada de eso son soluciones, sino recursos, parches, clavos ardiendo. Ni los asilos, aunque se les ponga un nombre más bonito, ni las aulas, deben ser aparcamientos.

Podríamos seguir casi hasta el infinito con los ejemplos y con cada uno la cosa empeoraría: tras las primeras recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud acerca del uso de mascarillas, que en aquel momento no consideraba imprescindible y llegaron a decir que era peligroso porque causaba una “falsa seguridad”, estaba el hecho de que no había suficientes, nada más que eso, y en cuanto se fabricaron, cambió el discurso y pasaron de innecesarias a obligatorias. Tras la incoherencia que supone que los trenes o los aviones puedan ir llenos y los teatros o salas de conciertos deban estar medio vacíos, no hay otra cosa que intereses comerciales. Y podríamos seguir con los ejemplos, casi hasta el infinito.

Pero el caso es que las cifras, que también son manipulables como las palabras pero que no tienen sinónimos y, por lo tanto, resultan más difíciles de enmascarar, nos dicen que no nos fiemos, que no bajemos la guardia en lo que se refiere al problema que más nos preocupa actualmente, la pandemia letal que asola el mundo y la crisis que la acompaña y que ha dejado a millones de personas con el agua al cuello. Sobre todo, a las de siempre, como evidencia que en los barrios del sur de Madrid el impacto de la segunda ola del coronavirus sea muy superior, a todos los niveles, que en los barrios más acomodados de la capital. Decían que el mal no entendía de clases sociales, pero parece que ya se lo han explicado. Y nosotros sí que entendemos de cifras y comprobamos una y otra vez que no se ajustan a lo que en el caso de Díaz Ayuso, sin ir más lejos, publicita pero no cumple. Su último canto de sirena es anunciar que invertirá ochenta millones de euros en mejorar la atención primaria. Sería justicia poética, dado que fue su partido el que la desarboló con su cruzada privatizadora. Pero sería raro que esta vez sí llevara a cabo lo que dice, porque su forma de moverse es saltar de un clavo ardiendo a otro para salir de los callejones sin salida en los que se mete. Ahora es la anunciada huelga de los médicos lo que debe de preocuparla, y el recurso es el habitual: hoy los ambulatorios están colapsados, pero mañana los salvaremos.

Lo que dicen los números es que las promesas esta vez tampoco se han cumplido. Aquí hubo una catástrofe en las residencias geriátricas que ha propiciado uno de los mayores escándalos de la historia de nuestra democracia y resulta que con la llegada del otoño esos centros afrontan lo que se les viene encima con un quince por ciento menos de personal. Ni los han fortalecido, ni mucho menos hay indicio alguno de que los vayan a medicalizar tal y como anunciaron: las promesas también se las llevó el viento, y eso no hay quien lo entienda. Tampoco es tolerable que en Madrid, por seguir con el mismo ejemplo, que desde luego no es el único aunque sea el más llamativo, se fuesen a contratar once mil profesores y se haya contratado, de momento, a menos de cuatrocientos. Ni tampoco que los ayuntamientos se hayan negado a usar sus remanentes para la lucha contra el virus y esa derrota del Gobierno se haya celebrado con un alborozo. ¿Tienen mejores planes y más urgentes para ese dinero? Ni tampoco que para un regreso con garantías a las aulas no se les haya ocurrido otra iniciativa que cargar sobre uno de los profesores, como si no tuvieran ya bastante, la responsabilidad de ser coordinadores-covid, algo para lo que no tienen preparación ni tiempo. ¿No sería más lógico que lo hiciese una o un enfermero? Lo que pasa es que con ellos pasa lo que pasó antes con las mascarillas o los respiradores: no hay, tal vez porque el ataque a la Sanidad pública ha sido de tal calibre que muchos habrán desistido de seguir esa profesión y otros se han marchado a buscarse la vida al extranjero. Si algo ha dejado claro esta tragedia es que el sistema no funciona bien y hay que mejorarlo, algo que no se conseguirá repitiendo las mismas fórmulas que lo han llevado al borde del colapso.

El reto al que nos enfrentamos es ese, conseguir un cambio de modelo, lo que implica a su vez uno de actitud y de mentalidad, porque con la ecuación del neoliberalismo no nos salen las cuentas. El huracán nos ha puesto en nuestro sitio, pero hay quien aún no se ha dado cuenta. Esperemos que la ciudadanía sí haya tomado nota de lo que ha hecho y hace cada cual en estos tiempos que invitaban a la generosidad, a la solidaridad, a la colaboración y a las banderas blancas, no al egoísmo. Pero algunos, cuando tienen que elegir entre lo que deben hacer y lo que creen que les beneficia, apuestan por sus intereses. Caiga quien caiga y sin querer darse cuenta de que, por ese camino, al final caeremos todos. Es otra vez la conjura de los necios, sólo que en esta ocasión no tiene gracia.

Menos mal que, de momento, no han conseguido que también nos tapemos los ojos, para así no ver lo que hacen y deshacen, porque ahora es el momento de vigilar. Se echarán las culpas unos a otros, pero los descubriremos, al menos quienes estén dispuestos a no dejarse cegar por la niebla de los manipuladores. Tratarán de escurrir el bulto y de lavarse las manos, pero quedará mancha. Siempre hay algo oculto detrás de los que se esconden.

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42 Comentarios
  • Floren Floren 18/09/20 09:57

    Si a estas alturas nadie cree a los políticos que se llenan la boca diciendo lo mucho que quieren a los mayores y realmente por sus hechos no podemos pensar que sea cierto. Que hicieron además de consentir en una y otra vez el confinamiento?

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  • Emilion Emilion 17/09/20 13:41

    Que vedad es que "todo lo que no produce cuesta" y que actitud tan cobarde que se trate de eliminar al eslabón más débil del sistema, en este caso me estoy refiriendo a los ancianos.
    La lista de los que no producen, creo que la tenemos todos en la cabeza, así es que prefiero no referirme a ella, no por no repetirla, es que cuando lo pienso me cabreo más y más.
    Que cada uno haga su lista, esa que tenemos en la cabeza.

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  • Androide paranoide Androide paranoide 16/09/20 17:34

    Muy acertado articulo Benjamin. Enhorabuena

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  • "Maga" "Maga" 16/09/20 12:35

    Mejor. escrito, imposible, Benjamin. El problema está. , como bien dices, en la manipulación, mala praxis política e incluso, la acusada temeridad de los interlocutures parlamentarias de diferente signo de la coalición que apoyo la investidura de PSanchez, quien pretende levantar la ESPAÑA que la política de recortes, desigualdad, pobreza infantil, desempleo, trabajo precario, y CORRUPCIÓN. y privatizaciones en Sanidad , Educación y mínima inversión científica, técnica y tecnología. han reflejada o el estado actual." PAUPÉRRIMO y obsoleto"del Sistema Público de Salud mejores del mundo.
    Que la falta de escrúpulos de algunos partidos no desestabicen más el Sistema.El problema del alto índice de contagios se debe a la falta de sensibilización politica, carecen de una conciencia constructiva. y no tener la. "DECENCIA" y sentido de RESPONSABILIDAD para realizar su trabajo con DIGNIDAD, como tratatamos de hacerlo el resto , cada día.
    SALUD.

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  • AisK AisK 16/09/20 11:05

    El Diputado de Distrito, siguiendo las instrucciones de sus votantes y por la cuenta que le tiene, someterá a control a los órganos de la administración y del Gobierno señalados por los votantes de su distrito electoral.




    No puede abstenerse u oponerse a una comisión de investigación de corrupción, por ejemplo, sin que sus votantes tomen nota y pasen factura luego, condenando al Diputado de Distrito corrupto o tolerante con los corruptos, a ser señalado y expulsado de la vida pública.




    No puede abstenerse u oponerse a una comisión de investigación de corrupción, por ejemplo, sin que sus votantes tomen nota y pasen factura luego, condenando al Diputado de Distrito corrupto o tolerante con los corruptos, a ser señalado y expulsado de la vida pública.




    Constituidos en Asamblea representan a la Nación y ésta es la señora de sus leyes, la soberana, el poder por encima del cual no hay otro. Solo los ciudadanos, y no los partidos, pueden controlar a quienes aprueban las leyes.




    Mientras que el Estado (Gobierno y Administración) habrá de cumplir y hacer cumplir las leyes que hacen los ciudadanos a través de sus legítimos representantes reunidos en la Asamblea Nacional. De esta manera el Estado estaría a las órdenes de la Nación.”

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  • AisK AisK 16/09/20 11:03

    o han cedido a los partidos políticos la responsabilidad y el derecho de ostentar la representación en el Parlamento.




    Así los ciudadanos de una partidocracia o dictadura, renuncian a ser señores de sus leyes, a controlar a quienes las aprueban, mostrando el cuello para que el dictador o el jefe del partido en el poder, los condecore con el yugo de la servidumbre para someterlos a su voluntad.




    Las sociedades libres, en cambio, no consienten que ejerza el señorío de las leyes alguien distinto a ellos mismos, los ciudadanos. Además otorgan el poder de legislar bajo la condición de controlar a quienes lo ejercen.




    Las naciones que han sufrido revoluciones, las que han derramado sangre para adquirir el derecho de no presentar el cuello a ningún yugo, idearon la figura del Diputado de Distrito como un legislador controlado por el votante, que ejerce en exclusiva el control de las leyes y adema se constituye en un fiscalizador del Gobierno al que recuerdan quien es el soberano cada vez que se separa de la voluntad de sus votantes.




    Para imponer este representante no dudaron en derramar sangre porque un pueblo libre no soporta someterse al yugo de la voluntad de nadie. Es el caso de Francia, Inglaterra o EEUU.




    Los Diputados de Distrito, estarán sometidos a la voluntad de sus votantes, no a la de los partidos, ni mucho menos a la voluntad del jefe del ejecutivo. Si defrauda a sus votantes, si no sigue sus instrucciones, si promete la defensa de unos intereses que luego traiciona, se acabará su carrera política para toda su vida. Su partido no podrá hacer nada para redimirlo, porque su carrera política está en las manos de quienes ha defraudado.




    Por eso los representantes de los ciudadanos, deben estar al servicio y a las órdenes de sus votantes.




    En cambio, los diputados de listas de partido, están a las órdenes y al servicio del partido que les ha colocado en ellas. Son representantes de los partidos, no de los ciudadanos.




    Resulta que quien controla las leyes, controla al Gobierno que está sometido a ellas y obligado a cumplirlas y hacer cumplirlas. De este modo, el legislativo, ejerce un control muy estrecho sobre el Ejecutivo. 

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  • AisK AisK 16/09/20 11:00

    Reproduzco hilo de @PulgarCarlos que explica de manera genial la raiz de nuestros problemas como comunidad, ante la imposibilidad de elegir y sancionar a nuestros representantes:




    “Para saber quien ostenta el poder en una nación, basta preguntarse quién es el señor de sus leyes, porque quien controla las leyes, controla al Estado y controla además a la población.




    Los pueblos serviles se caracterizan porque aspiran a un buen señor, un buen amo, que les dote de leyes benignas y las aplique con equidad.




    Mientras que un pueblo libre no consiente que nadie, por culto, honrado y eficaz que sea, ostente el señorío de sus leyes.




    Un pueblo libre ostenta de grado o por la fuerza, un control sobre quien tiene el poder de legislar y en el caso de engaño o fraude moral, se reserva el derecho a expulsarlo de la política sin contemplaciones.




    Para controlar el poder, se utiliza la institución de la REPRESENTACIÓN.




    Política y jurídicamente entendemos la representación como mandato, institución que heredamos del Derecho Romano y según la cual el mandatario (vulgarmente llamado “el mandado”, “el recadero”), actúa siguiendo las órdenes del mandante (el representado) y en nombre de éste. Como es el caso de un abogado al que se le otorga poderes para representar a un litigante. Puede ser expulsado en cualquier momento y ha de seguir escrupulosamente las instrucciones de su mandante




    De este modo, quien ordene y mande al representante o mandatario que hace las leyes, tiene en sus manos la soberanía de una Nación. Ejerce un poder por encima del cual no hay otro.




    Quien ordena al que legisla tiene la fuerza (Kratia, en griego) del Estado cuyo objeto es obedecer y hacer obedecer las leyes. Si el que manda al representante es un partido, será el partido la entidad que tendrá toda la fuerza del Estado a su disposición, estaríamos entonces ante una kratia (fuerza) del partido (o los partidos), es decir, una PARTIDO-CRACIA.




    Los pueblos serviles, aceptan la servidumbre voluntaria y se someten a la voluntad del señor de sus leyes. Es el caso de los pueblos que han renunciado a tener su representante legislativo, sometiéndose a la voluntad de un dictador, o han

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  • Grandota Grandota 16/09/20 07:37

    Uno de los grandes problemas de este país es la incultura política, no sé cómo se podría solucionar porque los medios de información ya sabemos quienes los manejan, o sea que por ahí poco o nada podemos esperar. 

    Para los que vivís en grandes ciudades gobernadas por políticos absolutamente inéditos os animo a caminará de residencia, si podéis, las encuestas no animan mucho a ser optimistas, aunque tampoco creo que sean “inocentes”.

    Gracias por el artículo Benjamín y por tu “paciencia” con algunos de tus compañeros de debate

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  • 14 de abril 14 de abril 15/09/20 20:54

    Es lamentable que la Comunidad de Madrid tenga una presidenta como IDA, cosas de la democracia, y también el proceder de los jueces, van a quitar de su cargo también democráticamente elegido al impresentable de Torra, en este caso por la nimiedad de poner y no quitar determinados símbolos catalanistas, sin embargo veremos en qué acaban las numerosas denuncias contra IDA a causa de su mala gestión de la Covid y que tantas muertes han causado o las numerosas promesas incumplidas, como bien señalas en tu artículo y que sin duda van a seguir aumentando el número de desgracias y muertes en la CAM, por no decir nada de la bajada de impuestos que están poniendo a la CAM en un grave riesgo de insolvencia económica.
    Salud y República.
     

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  • Mijel Mijel 15/09/20 19:52

    Muchas gracias por tu reflexión.
    Hay que seguir desenmascarando las actuaciones de los políticos manipuladores que quieren el poder para llenar sus carteras y no para solucionar los problemas, que el neoliberalismo provoca. Necesitamos de forma urgente, un cambio de modelo social con personas que tengan el convencimiento de que hay otra forma de organizar esta sociedad. Nuestra responsabilidad es, no perder la ilusión, no desconectarnos de la realidad, y seguir luchando por una sociedad más justa, apoyando a quién verdaderamente persigue el bien común.
    Mucho ánimo a toda la redacción, colaboradores y suscriptores. Vamos despacio, pero llegaremos.

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