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Plaza Pública

El futuro de la extrema derecha

Publicada el 11/12/2018 a las 06:00 Actualizada el 10/12/2018 a las 21:27
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Asombrados aún por lo sucedido en Andalucía, los demócratas haríamos bien en sentirnos inquietos. Pero haríamos mejor en hacer autocrítica. Aunque duela. La irrupción de Vox, con su inequívoco mensaje de extrema derecha, representa un desafío para nuestro sistema parlamentario, para nuestros derechos y libertades. Sin embargo, pese a los peligros que esta organización personifica (o precisamente por eso), la respuesta a nuestro desasosiego debe ser firme y serena, decidida e inteligente. Y ante todo, ajustada a la realidad. Más si tenemos en cuenta que se trata de un asunto que siempre ha estado ahí; la diferencia radica en que ahora la extrema derecha ha encontrado un cauce político por el que manifestarse abiertamente. Lo que no quiere decir que haya que normalizarla.

El alarmismo y la épica, lejos de atajar la cuestión, tan sólo servirán para reforzar las posiciones extremistas, para disponerlas con mayor firmeza en el tablero político. Del mismo modo, el insulto a sus votantes no ayudará a remediar el problema, sino a dificultar la solución: sus electores se pondrán a la defensiva, volviéndolos más impermeables al discurso democrático y tolerante. Enfrentamiento y tensión. Eso es exactamente lo que desea la extrema derecha. Cuanta más polémica, más división y más crispación, mejor les irá a ellos.

A la actual extrema derecha, por tanto, se la tendría que combatir de dos formas. Por un lado, y en primer lugar, impidiendo cualquier tipo de manifestación o acto que atente contra la libertad o los derechos de la ciudadanía, sean del tipo que sean. No se debe confundir la tolerancia con la equidistancia. Se puede ser tolerante con quien cuenta chistes ofensivos, pero no se puede ser equidistante (estar a idéntica distancia) de ese humorista y de quienes amenazan a su persona y coartan su libertad.

Por otro lado, a la extrema derecha se la desactiva trabajando para solucionar los problemas de la ciudadanía. Porque Vox y el movimiento fascista, autoritario y nacional-católico que lo acompaña, es un fenómeno surgido como reacción a una determinada situación social, económica y política.

Por eso Vox no es un partido propiamente fascista, aunque tenga varios de sus rasgos, como el componente mítico y viril (la “reconquista”), su antimarxismo o su ultranacionalismo. En Vox no abogan por crear un hombre nuevo y hacer la revolución, sino por volver al pasado, por recuperar “algo” que se ha perdido. Es un proyecto principalmente reaccionario, que apuesta más por la involución que por el progreso.

La irrupción de Vox, y esto es muy importante, obedece a muchos factores, aunque desde mi punto de vista uno de los principales es el desconcierto, la confusión de sus votantes. O, lo que es lo mismo, de muchos ciudadanos. La confusión produce incertidumbre, y la incertidumbre miedo. Y es del miedo de donde nacen los monstruos. Utilizado además como arma política, mueve montañas y destruye civilizaciones. Es un proceso muy humano que, como decía antes, más que vilipendiar hay que comprender para poder desactivarlo.

Lo que Vox ha sabido canalizar (sin especial mérito, por otro lado), ha sido una rabia y una incerteza ciudadana; un grito visceral y caótico de desgarro ante una serie de cambios relacionados con la modernidad y con la coyuntura política española, concretada principalmente esta última en el miedo a la inmigración ilegal y al separatismo. No hay, pese a todo, un único factor que explique la aparición de Vox. Aunque su irrupción haya sido abrupta, los procesos sobre los que se ha impulsado para salir a la superficie son de largo, medio y corto recorrido, y se superponen unos sobre otros; llevan, además, velocidades distintas a las propias de la dinámica política. Son acontecimientos, por último, que conviven y se contradicen entre ellos, lo que intensifica aún más el ruido, la sensación de descontrol e inseguridad.

Si se me permite, agruparé esos procesos en cuatro, de forma un tanto simplificada, para tratar de hacer así comprensible los retos y las inquietudes que dichas transformaciones provocan entre distintos sectores de la ciudadanía. Me esforzaré por ir, además, de lo más genérico a lo más particular.

1.– El primero de ellos tiene que ver con la globalización y con su intensificación en los últimos años bajo el paradigma “neoliberal”. Muchas de sus consecuencias las conocemos: deslocalización empresarial y pérdida de puestos de trabajo, precariedad laboral generalizada e incremento de la desigualdad. Un proceso que se acelera con la crisis de 2008 y su gestión. Unida a esa incertidumbre laboral, el predominio del capitalismo especulativo deja en la ciudadanía una impresión aún más inquietante: la de que estamos a merced de fuerzas muy poderosas e imprevisibles. Nuestro destino individual, pero también colectivo, parece depender de entidades fantasmales localizadas en lugares opacos, movidos además por intereses oscuros que no alcanzamos a discernir.

Junto a esta dimensión “macro”, el proceso globalizador también se muestra en las distancias cortas. Las ciudades crecen, absorben cada vez a más personas que acuden a ellas por necesidad desde todas las regiones del mundo, llevando consigo su religión, sus costumbres y tradiciones. La ciudad se convierte en un espacio en el que predomina la mezcla, la confusión, en el que se originan problemas de convivencia que hay que aprender a gestionar. Una amalgama impactante que puede ser vista de distintas maneras: bien como una oportunidad de enriquecimiento social y cultural o, dominados por ese individualismo exacerbado tan neoliberal, como una amenaza directa.

La combinación de globalización, inmigración y crisis ha producido una reacción similar en distintos países: el resurgimiento de sentimientos nacionalistas. Ante la evanescencia de la realidad, ante la desaparición de referentes o asideros, la construcción de muros y fronteras, el reforzamiento del Estado-nación en su vertiente más étnica y cultural. Los nacionalismos establecen vínculos comunitarios que reconfortan, que tranquilizan, aunque sean tan engañosos y cambiantes como la realidad que pretenden combatir.

2.– El segundo proceso está relacionado con la lucha por la igualdad y la ampliación de derechos. La aparición y el éxito de Vox también puede entenderse como una reacción a lo que ha venido en llamarse la cuarta ola del feminismo y a todas aquellas políticas que combaten la desigualdad entre hombres y mujeres, e incluso la de aquellas que reivindican mayores derechos para los animales. Las exigencias feministas tienen una clara dimensión internacional con el #Metoo, que en España se han manifestado con fuerza. Distintas sentencias judiciales, como la de la Manada, han provocado mucha indignación entre el feminismo, entre los sectores progresistas y entre todas aquellas personas o asociaciones sensibles a los abusos de un sistema patriarcal que se percibe como intolerable.

Estas reivindicaciones de justicia e igualdad, junto con algunos excesos, han sido interpretadas por muchas personas como una agresión a un concepto trasnochado de masculinidad, reaccionando en consecuencia. Existe un claro temor, más o menos consciente, a que la reclamación de igualdad acabe con la tradicional preeminencia del varón sobre la mujer, algo que activa los mecanismos defensivos de muchos hombres y que una ideología reaccionaria como la de Vox puede canalizar con relativa facilidad.

3.– El tercer proceso está directamente vinculado con el desafío independentista en Cataluña. La “nacionalización” de la ciudadanía, entendida como respuesta al proceso globalizador, se ha acentuado aún más en España debido a la cuestión territorial. Ahí están las reivindicaciones de muchos de los líderes independentistas catalanes, de ideas tan excluyentes y dogmáticas como las de Vox. En cualquier caso y desde un punto de vista “español”, la gestión de este problema ha resultado insatisfactoria para distintos sectores sociales. Muchos de los votantes tradicionales del PP y del PSOE han sentido, cada uno en su momento, que sus representantes políticos no respondían como la situación requería. Esta decepción se aprecia en las elecciones andaluzas. Numerosos escaños perdidos por los socialistas han revertido en Ciudadanos. Aunque los factores que influyen sean variados, seguramente uno importante haya sido el mayor “compromiso nacionalista” de los de Rivera. De igual modo, a ciertos votantes del PP han debido parecerles insuficientes las medidas adoptadas por Rajoy y su partido, optando en gran medida por Vox, una formación absolutamente intransigente con el tema de la unidad de España.

4.– El último proceso y la última reacción tienen que ver con la gestión de la crisis económica que ha empobrecido a la ciudadanía en los últimos diez años. Aparejado a este fenómeno está el asunto de la corrupción y el paulatino deterioro de todas y cada una de las instituciones que forman la base de nuestro Estado de Derecho. Desde las Universidades hasta el Consejo General del Poder Judicial y la judicatura; desde la televisión pública hasta el Ministerio Fiscal, el Congreso de los Diputados o la monarquía. Por no hablar de la desfachatez e irresponsabilidad de numerosos políticos, que han generado un clima de desconfianza y desafección profunda hacia un conjunto de instituciones esenciales para el funcionamiento de la democracia. A todo ello se suma el hartazgo de algunas personas al constatar cómo, pese a la aparición de nuevos partidos políticos, la vida pública no termina de regenerarse, repitiéndose en las nuevas organizaciones los vicios viejos. Por último, cuestiones tan emotivas y tan de actualidad como una exagerada percepción de la inmigración ilegal o la mala gestión del traslado de los restos de Franco, contribuyen a soliviantar aún más los ánimos de los sectores más inmovilistas.

Es en este cuádruple vértice, el de la globalización neoliberal que disuelve el suelo a nuestros pies, el de las reivindicaciones feministas que amenazan con arrebatar al hombre su preeminente papel, el del desafío independentista que fomenta el nacionalismo, y el de la desafección política y el deterioro institucional, donde germina la semilla de Vox. El éxito de un partido que hace unos meses provocaba más risas que otra cosa, sin apenas publicidad, habla de la arrogancia de una parte de la izquierda. Y habla también de una ciudadanía que permanecía en silencio, callada, a la espera de que alguien expresara lo que estaban deseando oír.

La mala noticia es que no se trata de una pataleta de un grupo de exaltados. El fenómeno tiene unas raíces relativamente asentadas, por lo que su auge no va a limitarse a Andalucía. Sin embargo, aunque los problemas a atajar sean de calado, basta voluntad política para comenzar a tapar los agujeros por donde se nos escurre la democracia. El reto está en ser capaces de renunciar a posiciones puristas para hacerlo. En practicar la tolerancia y el respecto que tanto se pregona.

Pero para eso es fundamental el sosiego, la inteligencia, la responsabilidad y la autocrítica. En realidad, la bravuconería de Vox y la de quienes le siguen, sus gruesas palabras y sus consignas altisonantes, no son más que una forma de ocultar su miedo. Su incapacidad para aceptar que el mundo cambia y que las respuestas no hay que buscarlas en el siglo XIX, sino en el XXI. El futuro de la extrema derecha no depende de su intransigencia, sino de nuestro compromiso con la tolerancia, la democracia, la igualdad y la justicia. El compromiso de todos y cada uno de nosotros.
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Alejandro Lillo es doctor en Historia Contemporánea y profesor en la Universidad de Valencia.
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9 Comentarios
  • JuaniKo JuaniKo 16/12/18 21:05

    Bienvenido este nuevo articulo analizando el fenomeno Atapuerca ( Politica Rupestre). Esta ideologia tan basica, tan simple como facil de asimilar por el cuidadano sencillo, llano, campechano.( Poca ideas, sencillas,tardicionales) Tan alejadas de razonamientos y argumentos intelectualoides que representan los mierdas de Podemos.No hacen falta Programas porque los Atapuercas no son dados a la lectura.El punto 2, lo considero muy importante: El Feminismo hipertrofiado cuasi anticonstitucional ( Porque un delito no debe terner distinta sentencia segun el genero de su autor.!!Lo dice la constitucion!! ) y que pretende torcer el brazo a la Justicia ( caso Manada, existen corrupciones y agresiones a las mujeres mucho mas graves,incluso a menores de edad que no han sido tan cuestionadas ni jaleadas por los medios de comunicacion ni defendidas por las feministas, ej Caso Koto Cabezudo)). Asi como Los Antitaurinos, ese ataque ( Tan promovido en los Medios, por tierra, mar y aire a un sentimiento tan tradicional, tan español, tan imbricado en nuestra cultura y nuestro lenguaje ) y que no tiene nada que ver con la politica. Hay defensores en la dercha y la Izquierda. No es de estrañar que mucha gente desde el anonimato vote Atapuerca unica opcion que no les agrede. Personalmente Votaria un partido que siendo de IZQUIERDAS, defendiese la IGUALDAD de genero y mi libertad de ser aficcionado a lo qque quiera por supuesto respetando a los demas animales, incluidos los Colepteros de la PCMAN.

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    • JuaniKo JuaniKo 16/12/18 21:17

      Fe de ETARRAS .- Donde pone Colepteros de PCAMAN, debe poner Coleopteros de PCMAN. ( y PCWOMAN, !!que se me ofendan las Hiperfeminitas ).ACARACION por si hay algun lector de Ataperca: Coleoptero ( de Koleos= Caja y Pteron= Alas, Vulgarmente llamados escarabajos)

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  • Grever Grever 14/12/18 12:51

    Comprendido y de acuerdo en el análisis incluso en los cuatro vértices propuestos. Ahora bien desde las anteriores elecciones andaluzas qué ha cambiado en cuanto a los efectos de la globalización o en la desafección hacia la política institucional, creo que poco. En cuanto a las reivindicaciones feministas creo que han crecido y me alegro por ello. Es en el asunto del desafío independentista donde se han producido los mayores y más significativos cambios: recuérdense los sucesos del últimos cuatrimestre de 2017, desde el 6-7 de septiembre pasando por el 1 de octubre y la aplicación del 155 hasta la elecciones de diciembre en Cataluña.
    Desde un punto de vista práctico, de tomar decisiones para evitar el ascenso de la ultraderecha a los gobiernos locales y autonómicos que, a su vez, tire del resto de las derechas hacia posiciones-decisiones más reaccionarias ¿qué hacer? ¿sobre qué vértice incidir? Esa es la cuestión.

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  • Aynur Aynur 13/12/18 20:20

    SIGO. Además de las opiniones, supuestamente ciertas, de sociólogos, politólogos, historiadores, periodistas, tertulianos, y demás expertos, que todas vienen a decir lo mismo según el bando, y de la misma manera (¡¡dadme un lenguaje y crearé una ciencia!! Así con el vino como con la cocina), creo que hay que hacer preguntas. Las preguntas abren posibles respuestas. Las respuestas obturan posibles caminos: ¿no será que el ciudadano está harto de los políticos de siempre? ¿Está tomando forma eso de que "todos son iguales"? ¿La autocrítica no pasa por decirse "lo estamos haciendo muy mal" ? ¿La Ley d´hont representa realmente a todos, qué otros sistemas son posibles? ¿Es posible acabr con el "y tu más"; con los argumentos falsos, acusadores y mentirosos, con la chabacanería parlamentaria? La verdad ¿para cuando? ¿Es posible que no se repartan cargos en el poder, que se acabe con las puertas giratorias?. Las bases del sistema las planteó el sr. equis cuando dijo que las responsabilidades políticas se pagan en las urnas. No en la carcel, no con dimisiones, no con inhabilitaciones, no con condenas: en las urnas. Es decir, con la impunidad: a casa por la puerta giratoria. Lo de vox es una de las posibles respuestas, ¿o es una pregunta?

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  • Aynur Aynur 13/12/18 19:40

    ERRE QUE ERRE. Llevo escuchando argumentos que intentan explicar el triunfo de VOX hasta la saciedad: globalización, Cataluña, desigualdad, crisis, nacionalismos, etc. Y, seguramente, todos tienen y aportan algo de luz al re-nacimiento de la extrema dercha (?) Por un lado esta el centro-derecha, el PP que, como una cebolla ha ido "floreciendo", abriendo sus capas, alumbrando (dando a luz) primero a Ciudadanos y ahora a vox (con minúsculas, que me cuesta pulsar la flechita de mayúsculas). A Rajoy, en mi opinión, solo le cabe un adjetivo que condensa toda su vida política: cobarde. Pasó por la política, pero la política no pasó por él. Podría haber ejercido cualquier otra actividad con la misma no pasión. Uno de los problemas internos de su partido, fue la incubación y desfloración del íncubo y del súcubo que albergaba en el mismo. Pero él, ya sabemos, virgencita virgencita, que me quede como estoy. Por otro lado esta el centro-izquierda y la izquierda de centro: de publicar la lista de defraudadores a asaltar los cielos; de enfrentarse a los popes sr. equis y Cebrián (incubo y súcubo respectivamente, quizá intercambiables) a maldecir a la infame casta. Por último están los políticos de las autonomías y los nacionalismos: vascos, agazapados, acechando, esperando su oportunidad; andaluces, con Susana la Pachamama; valencianos con su caloret; catalanes (de los que ingenuamente una vez pensé que podía haber una derecha "inteligente") que con su pela, sus alianzas y su independencia, gritan aquello que se decía en Amanece que no es poco "¡hijo, un hombre en la cama siempre es un hombre!" (donde dice hombre, léase catalán), mientras padre e hijo yacían en el mismo catre y el segundo pedía respeto al primero en tal situación. Me queda un apunte más. Hasta este momento, todos los nuevos partidos han tenido su momento de gloria. Así fue con Podemos, así con Ciudadanos. Ahora le toca a vox. ¿Pópuli? creo que no. Parte de sus votantes no me parece que sean de extrema derecha. Por cierto ¿cómo saber que el voto de A va a C y no que el de A va a B, y el de B va a C, o que el de C proviene de D? Pero todo esto a qué viene. A continuación.

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  • severo diletante severo diletante 13/12/18 01:06

    Sorprende la ausencia de autocrítica, en el sentido de que algo lleva haciendo mal la izquierda que aparece como dividida y un tanto folclórica, Un popurrí de siglas y movimientos alternativos que dejan de lado los principios de equidad y solidaridad que la hacían identificable.

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  • Copito Copito 11/12/18 10:19

    Me ha encantado este artículo. Hace reflexionar de manera realista y sosegada. Muy acertado en mi opinión.

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 11/12/18 09:07

    Hay que agradecer a Vox ue haya salido del armario del PP, anes lo había hecho ciudadanos para ayudarnos a identificar la realidad de la pinión de los españoles. Hay much gente insatisfecha con la mano dua de Cidudanos la más dura y más ccorrupta del PP y por eso deposita su esperanza en la manor más dura que promete VOX. Ése es el país en que vivimos y mirar para otro lado creyendo en "el país multicolor de la abeja Maya" solo sirve para contribuir al engaño en que se basa este régimen. Un régime que no respeta los Derechos Fundamentales, empezando por el art, 14 que discrimina a todos los españoles impidiéndoles no sólo ser el Jefe del Estado sino ni siqjuiera aspirar a serlo. Cuando los Derechos Fundamentales no se respetan ¿qué clase de Estado de Derecho es éste? El que promete VOX sin disimulos, o como decía Aznar "sin complejos". "A por ellos, oé, a por ellos, oé, a por ellos oé, a por ellos, oé oé". Ellos somos todos nosotros: los que seguimos esperando el fin de esta Transición a la Democracia que no acaba de llegar porque "ellos" no quieren. Aunque, quizá, sea el texto de la nueva contitución de VOX ¿O es la letra del himno nacional de la actual constitución hecha a la medida de Juan Carlos y Felipe para excluir a sus hermanas y a todos los demás españoles de la oportunidad de ser elegidos democráticamente por nosotros mismos? Chi lo sá.

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  • Dver Dver 11/12/18 01:41

    No le falta razón al señor palillo en su argumentación, per en la Italia del 68, a este tipo de discursos, los llamábamos "progetti sul tabuleto". Es decir el bla, bla, bla de aquellos que piensan, y con acierto. Desde su sillón, teniendo el estómago lleno. No recuerdo si fue alguien del grupo de Bloombury, u otro insigne pensador, quien dijo que es imposible reflexionar con el estómago vacío. Al ciudadano que le dan un mes para la cita del médico del ambulatorio, que tardan más de dos años para operarme de cataratas, que no llega a primeros de mes, que no vislumbra ningún futuro para el ni para nadie de su familia, le invade la desesperanza. Y ante está sensación sólo puede reaccionar, que no meditar, de dos formas: con una esperanza desesperada, caso de los que aún creen en la dignidad humana, o con un por mis cojones. Es cierto que un análisis más detallado de donde ha salido el voto de Vox explica que no ha salido en un porcentaje importante de las clases desposeidas, pero ignorar que una parte de ella, aunque sea mínima ha votado a Vox es confundir la gimnasia con la magnesia. Los señoritos andaluces no llega a los cuatrocientos mil votos y pico. Ahí hay clase media baja en gran proporcion. Decir que siempre ha estado ese remanente reaccionario absolutista y que ahora ha encontrado un canal para expresarse es otra confusión. Adcirr con el estomago lleno que los componentes ideológicos emocionales son el mayor peso de las decisiones tomadas por la gente que les ha votado es tomarnos el pelo. Cuando un país tiene tanto paro de tantos años, y millones de trabajadores sumidos en la pobreza, lo que falla es que las izquierdas no arreglan nada. Es incomprensible que en Valencia se gaste un montón de dinero en el asunto de la lengua y no puedas acceder a la sanidad como se debería porque la pela se va a otros lados. La gente quiere que la curen primero, y después gastemos en cartelera lingüística lo que haga falta. No nos engañemos, es la pobreza la que provoca la crecida de los nacionalismos y la que hace que el pobre se esconda.

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