Desde que las
emociones llegaron como ingrediente principal a los mundos de la política, la comunicación y la comunicación política,
no ganamos para sustos: todos nos quieren emocionar, desde la marca integradora de piezas de vehículos al gabinete de prensa de cualquier organización, incluidas las más duras como las policiales y militares, y emocionados vivimos, casi al borde del infarto, en un ay.
Reconozcamos que
el caos tiene un atractivo mayor que el argumento racional, de ahí su adicción por parte del periodismo, y también que la proliferación de profecías catastrofistas y apocalipsis no acaban de concretarse en la inmensa mayoría de los casos, sin que se pidan responsabilidades a sus autores por el estrés generado.
Cabría decir que
el derrotismo está sobrevalorado; y la inteligencia emocional, también.
Nunca se debería olvidar que detrás de las apelaciones más directas a la emoción hay
personas y decisiones perfectamente racionales.
Mientras vivimos con el nudo en la garganta, la barbilla arrugada y la lágrima asomando, por ahí observan algunos responsables de nuestras emociones con mirada de hielo.
Como sucede también con la inteligencia artificial, detrás de comportamientos automatizados hay y habrá humanos y decisiones humanas.
Por tanto, desconfiemos algo de
la emoción y del algoritmo, porque no circulan sin conductor.
Buscando el equilibrio en la dieta, algunos seguimos interesados ya desde Altamira hasta la fecha en
estimular la parte más racional de la persona, sujetar al mono que llevamos dentro, que la emoción no sea el único ingrediente, aunque luego nos emocionemos con el resultado o el marco.
En esta línea un curso de este verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo analizó en Santander el relanzamiento de la Unión Europea en estos tiempos del
brexit.
Su organizador en nombre del
Movimiento Europeo que preside, Francisco Aldecoa, catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, insiste en la idea de que la amenaza de
brexit no será efectiva hasta que realmente se cumpla (las sociedades tienen mecanismos de autodefensa para evitar hacerse daño), y que hasta entonces ha sido un impulsor de la construcción política del continente: la amenaza británica está siendo un
factor de cohesión entre Estados, instituciones y sobre todo ciudadanos. "El
brexit se ha convertido en una oportunidad para las transformaciones de la UE pendientes tras años de bloqueo", opina.
Casi en broma reclama que sería justo erigir un
monumento tanto al brexit como a Trump en frente de las instituciones comunitarias, junto a los padres fundadores, en reconocimiento a su papel impulsor de la integración europea.
Buena parte de los participantes en Santander recordaron los resultados de las elecciones europeas de este mayo de 2019, en las que la participación subió diez puntos: los
antieuropeos que suman la extrema derecha y los populismos varios
fracasaron en su intento y además están divididos entre sí, no forman bloque.
Superados muchos de los miedos, la amenaza existencial ha pasado en apenas tres años de la Unión Europea al Reino Unido; los problemas más graves, del proyecto común a algunos de sus Estados miembros.
Y en este punto -ya abandonando Santander- se hace necesario el matiz y la clarificación del proyecto, más allá de Europa sí o no, nos quedamos o nos vamos, blanco o negro.
Según el último Eurobarómetro publicado en agosto, nada menos que el
87% de los españoles se sienten ciudadanos europeos, el tercer mayor porcentaje continental tras Luxemburgo y Alemania, y por encima de la media también alta del 73%.
Somos Europa, nos sentimos europeos... y
se agradece cualquier esfuerzo por definir y explicar hacia dónde vamos.
Porque en esto de Europa
aparecen con facilidad dos sesgos de cuya existencia
conviene al menos ser conscientes.
Uno probablemente generacional incrementa con la edad el apoyo incondicional a Europa, herencia de cuando España estaba fuera del club político y existía una aspiración mental y democrática hacia el norte. Los ataques al proyecto común de los últimos años han abonado también la simplificación del debate sobre Europa a un salirse-quedarse.
Cierta juventud que observa de forma muy crítica a la UE da por irrenunciable, porque no han conocido otra cosa, algunos avances como los Erasmus, la moneda única o cruzar fronteras a 120 km/h sin temblar ante el guardia mientras revuelve nuestra ropa interior.
Un segundo sesgo a evitar consiste en
aplaudir de forma acrítica cualquier movimiento que se produzca en la construcción política de Europa, con independencia de su dirección.
Parece sensato pensar que los riesgos globales que afectan a la seguridad se afrontan mejor con instrumentos mancomunados en Defensa; ahora bien, ¿en cualquier sentido?
¿Todo lo aprobado en Defensa europea tiene el mismo peso, relevancia? ¿No sería conveniente un equilibrio entre estrategia de seguridad compartida, actuación conjunta sobre el terreno e intereses industriales? -algo vencido ahora el tema hacia el tercer elemento-.
Parece consensuado y claro el diagnóstico de que las instituciones comunitarias no protegieron los suficiente al ciudadano europeo durante la crisis, y de ahí salió la voluntad de proteger en dos sentidos, el militar y el social (
aquí alguna reflexión sobre el asunto).
Siendo los dos ámbitos competencias estrictamente nacionales,
¿han avanzado a la misma velocidad la Europa de la Defensa y el Pilar Social europeo? ¿Puede uno avanzar sin el otro? ¿Existe alguna entidad política autónoma que carezca de estas dos competencias, sumada la fiscal? ¿Se prevé presupuesto para cada una de ellas en el próximo Marco Financiero Plurianual 2021-27? (pregunta retórica, en asuntos de desarrollo de capacidades militares ya está previsto).
¿Existe algún proyecto o posibilidad de restar control al
Consejo -primeros ministros-, cuyo poder se ha disparado en la última década?
El interés y compromiso político con Europa no puede ser un cheque en blanco, porque el futuro dependerá de lo que se haga, decisiones políticas racionales, aunque a veces se utilice la emoción para llegar a la cabeza, como reconocen los responsables de la estrategia de Comunicación de la Comisión Europea.
Se agradece en todo este proceso el suministro de materiales. Tanto el
MPDL como la Fundación Alternativas han aportado recientemente ingredientes para el análisis y el debate.
El
Movimiento por la Paz presidido por Francisca Sauquillo acaba de presentar un monográfico sobre "La Europa que avanza".
La
Fundación Alternativas, bajo la dirección ejecutiva de Diego López Garrido, anuncia para septiembre
dos debates sobre propuestas en materia social para la próxima legislatura europea que ahora comienza; y publicó este mes de mayo un
documento de análisis sobre el compromiso de los Estados miembros en materia de seguridad y defensa europea.
El funcionamiento de las instituciones europeas favorece una
coalición de hecho en políticas de diferente signo, eso sí bajo la dirección en Comisión, Consejo y Parlamento de
dirigentes conservadores -así ha ocurrido desde la última década de policrisis-, como se comprueba con la elección de Ursula von der Leyen, conservadora que ha incorporado a su programa de investidura contenidos sociales, verdes y hasta se compromete el año próximo a plantear una conferencia sobre el futuro de Europa e incluso una modificación de los tratados que harían posible esos contenidos sociales.
Sin embargo, los acuerdos forzados o voluntarios nunca debieran ocultar el
debate sobre la Europa en construcción, y el marco de ese debate ya es secundario, locales institucionales, civiles, públicos, privados, incluso una península de cuento en Santander de uso particular borbónico en origen y hoy de disfrute universitario, turístico y socializado.
Europa es un proyecto político supranacional y utilitario -competencias para alcanzar objetivos-,
las apelaciones a los valores son admitidas como aderezo de competencias y avances concretos, y no todo movimiento es un avance.
Dejemos la emoción para el entorno y la pasión de cada uno en la defensa de los argumentos, porque resulta más necesario que nunca
debatir sobre contenidos, y ese debate acercará las instituciones al ciudadano.
Política, profesional y personalmente Europa es el proyecto, pero no cualquier proyecto; hay que definirlo entre todos.
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Carlos Penedo es filólogo, máster en Periodismo y responsable del blog Contextos, sobre comunicación, política de Defensa y mundo árabe.
El 19-20/9, se ha celebrado en la Facultad de Derecho, UCM, Dtp. de Derecho Constitucional, Seminario Internacional: 'Las elecciones al Parlamento Europeo, balance crítico y perspectivas' organizado por el Director del Departamento, Ángel J. Sánchez Navarro, participado por el Vicedecano de RR.II. José Mª Coello de Portugal Martínez de Peral.
Entiendo ambos seminarios, complementarios, por cuanto abundan en el desarrollo de instituciones de la UE.
Del citado asistido -quizás mis esperanzas, eran concretas- 'dudas traigo' referentes al Estatuto del parlamentario, especialmente, sobre 'Incompatibilidades'
Si admite preguntas, contactaré con su blog Contextos, en demanda de conocimiento.
Volviendo al artículo:
i) Emoción y algoritmo no funcionan sin conductor.
ii) La amenaza del brexit no será efectiva hasta que realmente se cumpla.
iii) Dejemos la pasión para el entorno y la defensa de cada uno en los argumentos, porque resulta mas necesario que nunca 'debatir sobre contenidos' y ese debate acercará las instituciones al ciudadano.
La Europa social es el agujero negro de la UE, cierto. El impuesto a las multinacionales tecnológicas, imprescindible. Defensa.- La OTAN ha instalado bases en todo el continente: pignorados por seguridad.
El despliegue OTAN en territorio italiano ¿puede sustanciar 10 puntos menos de aceptación a la UE?
Los españoles, enfadados con la realidad política nacional, reaccionamos hacia adelante, podría justificar que, el 87% de los españoles, nos sintamos ciudadanos europeos, el tercer mayor porcentaje continental...
¿Cuántos españoles 'vinculan' el fracaso político de los gobiernos propios, con la tutela de la UE?
Económicamente, padecemos/padeceremos sine die, las limitaciones del prestatario frente al prestamista. Defensa: 'concesión' del territorio.
Saludos cordiales,
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