Blogs Opinión

El barrio es nuestro

El cochecentrismo, una plaga que invade nuestros nuevos barrios

Nos cuentan en las noticias un dato supuestamente alarmante: "Los jóvenes ya no quieren conducir". Mientras que el número de jóvenes con carné de conducir está bajando, construimos nuevos barrios en los que prescindir de la conducción de un vehículo privado resulta inviable. En nuestro país, los proyectos de ampliación urbanística emprendidos durante los últimos 30 años se han caracterizado por dibujar una nueva ciudad con un trazado diseñado para la movilidad en coche, con bloques de viviendas cerrados y escasez de equipamientos y servicios públicos. Desde la Asociación A Pie en Madrid nos inquieta este modelo que promete conectividad y libertad a un precio asequible pero promueve el individualismo, la desconexión y el aislamiento social.

En los barrios construidos en este siglo XXI en Madrid, como los Proyectos de Actuación Urbanística (PAU) de Sanchinarro y Montecarmelo, la movilidad es cochecéntrica: las alternativas de transporte público al automóvil son insuficientes, todo está lejos y resulta poco atractivo e inseguro para caminar o pedalear. Predominan las grandes vías, con dos y tres carriles por sentido, que invitan al uso del coche y a circular rápido. Además, nunca falta el aparcamiento a pie de calle. Por ese motivo, en muchos de estos desarrollos urbanos recientes, las asociaciones vecinales, como en el caso del Ensanche de Vallecas, reclaman mejoras de la seguridad vial, la sustitución de carriles de coche por carriles bus o carriles bici, o algo tan básico como conexiones de transporte público, peatonales y ciclistas.

Los proyectos de ampliación urbanística emprendidos durante los últimos 30 años se han caracterizado por dibujar una nueva ciudad con un trazado diseñado para la movilidad en coche

Respecto a las viviendas de estos nuevos desarrollos, como las de Entrenúcleos (Dos Hermanas, Sevilla), se caracterizan por ser modernas, energéticamente eficientes y con zonas verdes y equipamientos integrados. Cada hogar cuenta con varias plazas de garaje y cada bloque de viviendas y manzana de adosados se cierra hacia dentro, dando la espalda al espacio público. Se diseña para que todo pase dentro del edificio o la manzana con piscina, zona de césped y de juegos privada. Desconectados del entorno, el barrio y la ciudadanía que habita más allá de esos muros, no propician vivencias comunes, incrementando el círculo vicioso de la individualización de nuestras vidas, la desconexión con los vecinos y vecinas, el barrio y las necesidades de los otros.

Pero quizá el problema más flagrante de estas nuevas zonas es la promesa de equipamientos y servicios públicos que tardan años en llegar o que nunca llegan. En El Cañaveral (Madrid), los colegios públicos abrieron en 2025 tras una década de reclamaciones vecinales, pero con solo 88 plazas ofertadas, insuficientes para los 499 niños de 3 años que viven en el barrio y menos aún para los 1.735 de entre 0 y 2 que en los próximos años serán escolarizados. Además, la prometida estación de Metro para el barrio se descartó en 2022, optando por una línea Bus de Uso Prioritario que todavía no ha llegado a las casi 25.000 personas empadronadas. Y también faltan centros de salud, polideportivos, centros sociales y culturales, parques y otros espacios públicos. Este déficit de servicios obliga a los residentes a viajar permanentemente en coche hasta barrios cercanos para atender sus necesidades, y hace que sus habitantes se sientan aislados los unos de los otros y de su entorno.

Nos unimos a la lucha de los vecinos y vecinas de estos desarrollos cochecéntricos y a sus demandas de dotaciones para poder desarrollar su vida sin la obligación de utilizar el coche para todo.

Desde A Pie nos unimos a la lucha de los vecinos y vecinas de estos desarrollos cochecéntricos y a sus demandas de dotaciones para poder desarrollar su vida sin la obligación de utilizar el coche para todo, ya que un barrio orientado al vehículo privado y no al vecino de a pie es un barrio aislado y desconectado, que no garantiza el bienestar ciudadano y la movilidad sostenible. Nuevos desarrollos urbanísticos como Donapea en Pamplona y la Quinta Julieta en Zaragoza todavía están a tiempo de no cometer el error de la dependencia del coche, porque una vez construidos, la lucha por corregirlo siempre es larga y ardua.

_________________

Daniela Sánchez Zamora es miembro de la Asociación de Viandantes A Pie

Nos cuentan en las noticias un dato supuestamente alarmante: "Los jóvenes ya no quieren conducir". Mientras que el número de jóvenes con carné de conducir está bajando, construimos nuevos barrios en los que prescindir de la conducción de un vehículo privado resulta inviable. En nuestro país, los proyectos de ampliación urbanística emprendidos durante los últimos 30 años se han caracterizado por dibujar una nueva ciudad con un trazado diseñado para la movilidad en coche, con bloques de viviendas cerrados y escasez de equipamientos y servicios públicos. Desde la Asociación A Pie en Madrid nos inquieta este modelo que promete conectividad y libertad a un precio asequible pero promueve el individualismo, la desconexión y el aislamiento social.

En los barrios construidos en este siglo XXI en Madrid, como los Proyectos de Actuación Urbanística (PAU) de Sanchinarro y Montecarmelo, la movilidad es cochecéntrica: las alternativas de transporte público al automóvil son insuficientes, todo está lejos y resulta poco atractivo e inseguro para caminar o pedalear. Predominan las grandes vías, con dos y tres carriles por sentido, que invitan al uso del coche y a circular rápido. Además, nunca falta el aparcamiento a pie de calle. Por ese motivo, en muchos de estos desarrollos urbanos recientes, las asociaciones vecinales, como en el caso del Ensanche de Vallecas, reclaman mejoras de la seguridad vial, la sustitución de carriles de coche por carriles bus o carriles bici, o algo tan básico como conexiones de transporte público, peatonales y ciclistas.

Publicado el
13 de marzo de 2026 - 06:01 h