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Y después de Galicia, ¿qué?

Termina una campaña que ha sido todo menos lo que esperaban en Génova. Adelantar las elecciones en Galicia era pura estrategia: poder mantener la tensión con todo el debate de la amnistía abierto, rentabilizar el cabreo que había en la calle y llevar a las urnas un buen resultado que reforzara la figura de Feijóo. Rueda aquí era un simple peón dentro de una estrategia nacional. Todo parecía a favor, ¿qué podía fallar?

Los fallos no han venido de fuera. Los fallos han venido de dentro. Querer hablar de algo que preocupa a nivel nacional en unas elecciones autonómicas no suele funcionar. En contadas ocasiones y en contados candidatos. A Ayuso le ha funcionado, sí, desde la pandemia vio que hablar de lo que pasaba en España y no de lo que pasaba en Madrid le sumaba votos. Y ahí sigue. Sin bajarse de ese tren. Pero mantener esa estrategia en un para siempre puede acabar teniendo un efecto bumerán. Veremos qué pasa el domingo, veremos cuánto aciertan las encuestas, pero lo que sí sabemos a esta hora y en este día es que la campaña no ha salido como la diseñaron.

Por qué se decidió hablar con 16 periodistas de 16 medios diferentes en mitad de campaña de algo que pasó hace meses y que no afectaba directamente a las elecciones en Galicia es algo que desconocemos. ¿Adelantarse a posibles informaciones o filtraciones por parte de aquellos con los que se habían sentado? ¿Torpeza? ¿Una conversación mal diseñada, mal programada, mal planificada? Sea como sea esa comida se produjo, esa conversación se dio, se dieron incluso las pautas de cómo informar sobre todo aquello de lo que se habló. Así que resulta mucho más incomprensible ver cómo se ha intentado frenar el tsunami que esas revelaciones han provocado. Negar la mayor. Negar que se produjo. Desdecirse, sin despeinarse, de todo, da igual que 16 medios con sus 16 periodistas fueran testigos. Y señalar como culpable al otro y al mensajero también, que aquí siempre nos cae a los mismos.

Porque el domingo, quien se juega en realidad su futuro no es Rueda, es Feijóo. Perder la Xunta sería un enorme varapalo. Tan enorme que algunos de los que ahora cierran filas con Feijóo, igual el lunes no los vemos ser tan contundentes en su defensa

Esto lo hemos visto en otros sitios, en otras campañas y no hace tanto. Y sabemos cómo acaba. Alguien debería sentarse a planificar qué va a pasar el lunes, sea cual sea el resultado que salga de las urnas. Porque el domingo quien se juega en realidad su futuro no es Rueda, es Feijóo. Perder la Xunta sería un enorme varapalo. Tan enorme que algunos de los que ahora cierran filas con Feijóo, igual el lunes no los vemos ser tan contundentes en su defensa del líder de su partido. 

Quedan todavía muchas citas electorales. Las europeas, las vascas cuando se convoquen… Si de verdad el PP quiere llegar con Feijóo como su candidato para las próximas generales, hay que ser mucho más hábil en cómo se plantea la estrategia de comunicación. En cómo se cuenta lo que se quiere hacer, lo que se quiere decir, cómo se va a confrontar al Gobierno, con qué medidas, con qué mensajes…

La alternativa sabemos cuál puede ser, o al menos la intuimos. Los liderazgos dentro del PP son fácilmente identificables. Y ahora mismo, algunos se están empezando a desdibujar. 

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