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Es fácil, sólo hay que sentarse y hablar

No quiero ni pararme a pensar qué podría pasar si en unos meses tenemos que hacer frente a algo parecido a la pandemia del covid. Tenemos a unos médicos cabreados, muy cabreados, porque quienes tienen que hacerles caso, escucharlos, sentarse a hablar con ellos para que les cuenten qué necesitan, no para ellos, sino para hacer mejor su trabajo, no lo hacen. Unos médicos que arrastran meses de muchísimo estrés, de muchísima carga de trabajo, y que ahora, cuando hay que sentarse a ver qué hay que mejorar, nadie parece estar por la labor.

Tenemos la memoria tan corta que se nos olvida que fueron ellos los que estuvieron soportando lo peor de esas semanas de pandemia. Fueron ellos los que, sin nada, sin material, iban cada día al hospital a intentar salvar vidas, completamente desbordados por la llegada de pacientes y ante una enfermedad que no sabían muy bien cómo combatir. Fueron ellos nuestros soldados en esa guerra que nos vino sin avisar. Y serán ellos los que nos tengan que sacar de la próxima, no sabemos cuándo ni cómo, pero habrá otra, no lo duden. Porque nuestras guerras no son con armamento pesado como en Ucrania, nuestras guerras las libramos con ciencia y medicina, es la única ventaja de vivir en este primer mundo.

Pero todo esto lo hemos olvidado o lo han olvidado los políticos. No interesa ahora abrir ese melón. Lo que importa es dejar atrás la crisis, pensar en lo que viene en los próximos meses, que es básicamente elecciones, elecciones y elecciones, y lo demás, pues a lidiarlo haciendo oídos sordos.

Si el centro de salud no tiene médico, no tiene urgencias, no tiene un mínimo de equipamiento para atender los casos más graves, la salud de alguien se está poniendo en peligro

Y se equivocan, porque no hay peor error que no escuchar lo que te están pidiendo. Escuchar a quienes piden una cita para su dermatólogo o cardiólogo y tienen que esperar meses para que les reciban. No hay peor estrategia que la de encerrarse en tu búnker y pensar que esto no importa. Cómo gestionas y cuidas la sanidad pública es importante, y dice mucho de ti cómo repartes el gasto por habitante, cuánto dedicas de tu presupuesto a cuidar la sanidad primaria, la que atiende a la gente cerca de su casa, la que se convierte en el primer escalón de una cadena que tiene que funcionar para que se salven vidas. Si el centro de salud no tiene médico, no tiene urgencias, no tiene un mínimo de equipamiento para atender los casos más graves, la salud de alguien se está poniendo en peligro. La del vecino que llegue con un infarto, la de una niña que llegue con dolores abdominales, la de un adulto que llegue con síntomas claros de estar sufriendo un ictus.

Esto es así. Quien pueda y quiera, puede apostar por tener además un seguro privado con el que tirar para intentar agilizar las citas de los especialistas, de las visitas de urgencias al pediatra. Pero la vida es larga y lo que te puedes pagar hoy quizás no te lo puedas permitir mañana. Así que pensar que esto no va contigo porque lo tuyo ya lo tienes solucionado es un inmenso error. Esto hay que pelearlo por ti, por tu vecino o por quien quieras, lo conozcas o no. Tengo demasiados casos cercanos en los que, sin la sanidad pública, su salud no sería hoy la misma. Su diagnóstico y su tratamiento sería impagable con un seguro de salud privado. Sus revisiones no serían iguales y desde luego, el trato, el que le han dado esos médicos, tampoco. Lo he dicho muchas veces, creo que no hay profesión más vocacional que la de un sanitario: dedican años para formarse, dedican horas de sueño para atender a sus pacientes, no tienen horarios, no tienen días festivos, si hay una urgencia saben que da igual dónde estén, hay que ir, hay que estar.

Luego ya podemos hablar de sueldos, de lo indignante que puede sonar que estemos hablando de lo que se paga en un sector y en otro, de lo que pagamos aquí a los médicos y de lo que les pagan fuera. De lo que cobran aquí algunos presidentes de asociaciones o instituciones, pero eso ya es para nota. Lo primero sería resolver sus condiciones, los medios con los que trabajan, los tiempos que tienen para cada paciente. Es fácil, sólo hay que sentarse y hablar. 

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