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No nos lo podemos permitir

Si usted es de los que están hasta el mismísimo gorro de que una mentira, repetida mil veces, acabe convirtiéndose en verdad, atento a esto que le voy a contar. Aquí estamos asqueados, hartos, cansados, de que en política hayamos aceptado que todo vale. Da igual que en sede parlamentaria se diga algo que no es cierto, se vuelve a repetir más veces y ya está, ahí queda. Nadie rectifica, nadie pide perdón y, es más, se ofenden si se les insiste en que eso que han dicho, ese dato que han dado, esa afirmación, simplemente es mentira. Tiran para delante y vamos a otra polémica. Total, nunca pasa nada…

Esto ya no es fake news ni bulos: es mentir a sabiendas. Descaradamente. Y sacar partido de esa mentira. Recordaba José María Lasalle este miércoles que la degradación del lenguaje es el primer síntoma de la degradación de las ideas, la práctica que utiliza la extrema derecha históricamente y que esto ya se vio en Alemania, en su época más negra.

Nico Castellanos, periodista, sacaba los colores también al Gobierno por haber mentido descaradamente cuando decían que no había devoluciones en caliente, que no se devolvían a menores en Ceuta. Lo dijo mientras recogía un premio, con toda la serenidad que da saber que eso no fue así, que él estaba ahí y sabe lo que pasó.

Es surrealista que estemos en esto. Es tremendo que, con todo lo que tenemos por delante, algunos intenten ganar votos a base de desgastar la imagen de su oponente.

Pero le había prometido contar algo que le iba a dejar perplejo. No me olvido. En Francia, desde principios de noviembre, circulaba en medios de extrema derecha y en redes un bulo que aseguraba que la mujer de Emanuel Macron, Brigitte, era una mujer transexual. Que su verdadero nombre no era Brigitte sino Jean Michel Trogneux, (un nombre de hombre por si no controlan el francés). De hecho, ese nombre se convirtió en hashtag y estuvo dando vueltas en redes durante semanas. La locura de hacer política de lo que sea, a costa de lo que sea, es esto. En este caso casi hasta te da la risa, pero a la primera dama francesa no le ha hecho tanta gracia y ya ha anunciado que piensa tomar medidas y que va a denunciar a todos los que han fomentado este bulo y han hablado y escrito sobre él. Es surrealista que estemos en esto. Es tremendo que, con todo lo que tenemos por delante, algunos intenten ganar votos a base de desgastar la imagen de su oponente.

Pero ya ven que esto es lo que tenemos, aquí y fuera de aquí. A esto caminamos parece que sin remedio. Pero sí, hay remedio. Y es simple: no dejar de señalar la mentira, cada vez que se diga o cada vez que se repita. Sin dejar de enfrentar los datos a los bulos. Sin dejar pasar ni una. A unos y a otros. Algunos mienten de forma más continua y descarada, algunos han hecho de la mentira su forma de hacer política. Es lo que se llama populismo. Y que, desgraciadamente, funciona, genera votos. Pero si tiramos la toalla, esto será imparable y eso, sí que sí, que no nos lo podemos permitir.

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