¡A la escucha!

Sí, la contaminación mata

Si tienen un hijo adolescente seguro que les suena esto que les voy a contar. Lo que más me cuesta en esta etapa es hacerle entender que antes de emitir un juicio rápido tiene que escuchar todas las opiniones, ver todos los puntos de vista y darle a las personas y a las nuevas situaciones que le tocan vivir una segunda oportunidad. Evitar que juzgue con demasiada rapidez y sin demasiados argumentos un hecho, una actitud, una afirmación, un comportamiento, una persona...Es parte de la adolescencia, lo sé: se sienten mayores, creen que que ya lo saben todo e incluso que saben más que tú en determinados temas. Y tiras de infinita paciencia primero, para que te escuchen, que ya es mucho, y segundo, para que lo que les digas les ayude a reflexionar y a cuestionarse lo que han afirmado con tanta contundencia.

Seguramente es la parte más complicada de esta etapa. Combatir su autosuficiencia, respetando su espacio, sus decisiones, dándoles autonomía para equivocarse, para aprender, para explorar solos y saber que aquí estamos, siempre dispuestos a ayudarles, cuando lo pidan. La parte positiva de todo esto es que cuando abres esos debates familiares aprendes a descubrir al adulto o adulta que va creciendo frente a ti, descubres cómo piensa, qué le indigna, qué le preocupa, qué le entusiasma, y esa parte, lo admito, es maravillosa.

Aun así, cuesta combatir esa soberbia de la adolescencia, el hacer juicios rápidos afirmando categóricamente cualquier cosa, sin argumentos, sin datos, sin una capacidad de analizar de dónde ha salido esa información, si es algo que dijo alguien o si es algo que he encontrado navegando por internet.

Y esta arrogancia adolescente la hemos padecido también nosotros, pero afortunadamente maduramos, crecimos, nos equivocamos, aprendimos a que no todo es blanco o negro, que los matices existen y que el respeto a lo diferente, al que opina distinto a mí, me puede ayudar a tener una visión mucho más rica sobre lo que me rodea.

El problema es cuando no has hecho ese aprendizaje o cuando en tu etapa adulta acudes a afirmaciones de adolescente para rebatir al contrario. Siento decir que lo dicho esta semana por la presidenta de la Comunidad de Madrid me ha sonado un poco a todo esto. Me da pena que un político llegue a negar de una forma tan banal algo tan evidente como que la contaminación cuesta vidas. Hay cientos de estudios que rebaten lo dicho por Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. La OMS ha publicado varios de ellos; en la última cumbre del Clima, los expertos, los que llevan años investigando y estudiando nuestro entorno, alertaron de los efectos negativos de la contaminación en la salud. Uno de ellos se ha realizado en más de 600 ciudades de todo el mundo. Madrid está entre esas grandes urbes analizadas. Y efectivamente demuestra la relación entre contaminación urbana y el riesgo de mortalidad. El estudio se ha hecho entre varios centros de investigación, entre ellos el CSIC, y supone el estudio epidemiológico más grande realizado hasta ahora sobre los efectos a corto plazo de la contaminación en el aire.

La evidencia es la que es. No hay forma de negarla. Hablamos de miles de muertes cada año por respirar un aire de mala calidad. Y negar esa evidencia es también despreciar el trabajo de miles de personas durante años. A partir de aquí, podemos hablar de prioridades políticas, de decisiones más o menos correctas. Pero intentar justificar una decisión política negando una verdad es hacer política de adolescente.

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