La portada de mañana
Ver
La red infinita del lobby de la vivienda: fondos, expolíticos, un alud de 'expertos' y hasta un pie en la universidad

Ayuso y la peor mentira

Durante el confinamiento, mi madre estaba en una residencia en la que murieron muchas personas. Muchísimas. Quizá por huir del dolor, quizá porque todo salió bien, quizá porque yo qué sé, no quisimos saber qué sufrió la gente que falleció en ese tiempo. Al tiempo, mi madre se cambió de residencia. Todo lo que supimos por el estudio de seroprevalencia que les hicieron después es que ella también se contagió y lo pasó casi asintomática. Fue un tiempo de mucho sufrimiento personal para mí y mi familia, por este tema y otros tantos, y supongo que preferimos girar la cabeza. Aquello debió ser un infierno. He leído lo que ocurrió y en aquella residencia, por lo que explicó Manuel Rico, pasaron cosas tremendas. No fue de las que menos mal lo pasó, ni mucho menos.

No es que me castigue, ni mucho menos. Por aquel entonces estaba viviendo un pequeño infierno personal y bueno, como aquello (para nosotros) salió medio bien, pues ahí quedó. Entiendo que si mi madre hubiera muerto de aquella forma indigna, con todo lo que sabemos ahora, mi vida hubiera quedado un poco allí. Desde luego, no habría pasado página, como se atrevió a asegurar el sinvergüenza del Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Supongo que me sentiría dolido e insultado. Entiendo que hay gente que ahora está así.

Entiendo que si mi madre hubiera muerto de aquella forma indigna, con todo lo que sabemos ahora, mi vida hubiera quedado un poco allí

Ahora, toda vez que la evidencia periodística y política es abrumadora, y que el libro de Alberto Reyero es una palada de tierra detrás de otra de la labor de la Comunidad aquellos terribles días, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha decidido reconocer, a su manera, que estaba al mando de las residencias en aquel tiempo. Es algo que ya se sabía, y que incluso ella misma había reconocido sin querer en Telecinco, pero ir a la televisión de la Conferencia Episcopal a confesarse así, como si estuviera en una iglesia a oscuras, no deja de ser coherente con la peripecia. Ayuso ha mentido, sabía que mentía, y lo hizo para algo tan grave como para rehuir su responsabilidad en la manera en la que fallecieron miles de seres humanos en completa indefensión y abandono. Utilizó la muerte de ciudadanos como arma política. Es así de tremendo el titular.

Todo el mundo sabe que esto no va a tener consecuencias políticas porque son hechos ya amortizados y porque, como yo, la gente a la que no le fue así de mal durante el confinamiento prefiere apartar la mirada. Yo, a otro nivel, lo hice, así que entiendo el mecanismo. No el fondo. Esto debería de costarle el puesto a Ayuso. No tanto la gestión, que habría que verse ahí, pero sí la mentira. Porque es humano apartar la mirada, pero no sé si tanto seguir votando y aupando a alguien que ha hecho algo tan terrible. Es la peor de las mentiras. Al menos debería hacernos reflexionar a todos.

Más sobre este tema
stats