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Los jóvenes ya son como los de antes

Cada vez que escucho que los jóvenes de ahora no tienen capacidad de sacrificio, que son flojos, que lo tienen todo muy fácil y ese largo etcétera de tonterías que se dicen y que se encargó de repetir Díaz Ayuso (para la que todo depende de las decisiones individuales y de la elección de nuestro destino, menos esto, que es culpa de las reformas educativas... del PSOE, supongo), pienso en que son las mismas que me dijeron a mí. O las que le dijeron a Bob Dylan cuando enchufó su guitarra. O las que les decían a vuestros abuelos. Sorprende que la generación anterior siempre vea más floja, menos sacrificada y peor a la siguiente, sin caer en que solo estamos cometiendo la cíclica injusticia que antes sufrimos nosotros.

En cualquier caso, mi generación, que es la de Díaz Ayuso, sí que fue más floja que la de mi madre, que creció en la posguerra. Y era lógico: no necesitamos ese sacrificio porque tuvimos la vida más sencilla. Así que sí, éramos más lilas, pero echárnoslo en cara era tan absurdo como decirle a alguien que no corre tan rápido si no le persigue un león.

Naturalizamos un sufrimiento que, por suerte, los chavales de ahora son reacios a soportar. Por eso van a terapia. Por eso son conscientes de que están jodidos

La diferencia ahora es que la quinta de Ayuso y la mía, llamémosla Generación X, tuvo una vida más sencilla que las siguientes. Primero, porque no nos revisábamos nada, de manera que no sufríamos tanto. O, al menos, naturalizamos un sufrimiento que, por suerte, los chavales de ahora son reacios a soportar. Por eso van a terapia. Por eso son conscientes de que están jodidos. Y por eso sufren más. A cambio, hacen las cosas mejor que nosotros. Son mejores, en definitiva.

En segundo lugar, lo llevan peor los de ahora porque se han comido el engaño que nosotros tragamos pero han decidido no claudicar. Ahora ya saben que la meritocracia es un cuento y prefieren no sobreesforzarse por algo que saben que no va a llegar porque no les corresponde. Nosotros, imbéciles, pensamos que si querías, podías. Era mentira. Envidio que los de ahora lo sepan desde chavales y no se dejen la vida por trabajar en lo que no merece la pena.

Y por último, los millennials y posteriores se han comido dos crisis, un confinamiento cuando más necesitas expandirte, cobran menos que nosotros hace 15 años. Y, para colmo, se han preparado mejor, han hecho todo lo que les pidieron, y ya saben, bien pronto, que les engañaron. ¿Cómo no van a estar deprimidos? Yo también lo estaría. Quizá lo estuve a su edad, pero no lo sabía y tiré para adelante. Pagué las consecuencias a los 40. Los que no lo arreglaron, se las harán pagar a sus hijos.

Tenemos la suerte de que los jóvenes de ahora no son como los de antes: son mejores. Solo mentalidades atrasadas, egoístas y obtusas pueden no verlo. Y digo más: los políticos que apuesten de verdad por ellos pueden ganar el futuro. La derecha, aunque lo diga, ya ha demostrado que no lo hace. Prefiere culparles. Como a todos los débiles.

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