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Queredme menos y votadme más

La frase que titula esta columna era de Julio Anguita. Definía muy bien ese anhelo de una generación de izquierdistas, los que crecimos sin la existencia de Podemos, que vivíamos en la permanente coherencia pero también en la melancolía de no llegar nunca a generar un espacio de influencia en la gobernabilidad del país. Julio Anguita fue el mejor político que nunca tuvimos, pero la peor estimación del peor sondeo de Podemos para las próximas elecciones le da más escaños de lo que sacó la Izquierda Unida del cordobés nunca.

Vivimos, desde una personalidad distinta y una trayectoria muy diferente, un fenómeno parecido con Yolanda Diaz: parece que la política más querida de España está en la izquierda, pero este cariño, esa valoración, ahora debe traducirse en votos. Las encuestas son engañosas porque no la presentan como candidata (ella dice que no lo es) ni valoran la marca por la que se presentaría, pero parece complicado pensar que Sumar, en la mejor de las condiciones, vaya a estar en torno a los 70 escaños que obtuvieron Podemos y Unidas Podemos. A Pablo Iglesias quizá no le querían tanto, pero le votaron mucho.

Evidentemente es difícil valorar el potencial demoscópico de una no candidata que se presentaría por un partido que no existe

Este fin de semana hicimos dos shows de Buenismo Bien en Madrid. En el del sábado, Yolanda Díaz apareció por sorpresa (los que allí estaban no lo sabían) y la reacción fue tremenda. Gritos de "¡Presidenta!", la práctica totalidad de las 1.200 personas que había allí puestas en pie, una emoción bastante desbordada. Cualquiera que estuviera allí y no conociera la naturaleza de ese público (nos van a ver, fundamentalmente, "rojos, maricones y feminazis") ni de este país pensaría que Yolanda Díaz va a arrasar en las urnas. 

Los pocos datos que hay no dicen que vaya a ser así. Evidentemente es difícil valorar el potencial demoscópico de una no candidata que se presentaría por un partido que no existe. En cualquier caso, ser optimista es más una creencia a día de hoy, como pensar que lo que pasó en el teatro tendrá correlación electoral.

La izquierda, siempre dispuesta a la autodestrucción entre sus dirigentes y rauda a castigar a los suyos entre los electores, tiende a querer mucho y votar poco. Sería un error, viniendo como viene un ciclo conservador parece que imparable no asegurar al menos un buen lugar de salida para el siguiente ciclo a lo que vaya a organizar Yolanda Díaz. Posiblemente, nunca hubo una líder con más potencial electoral. A ver qué pasa.

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