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Lo que importa (más allá del chotis y los bulos)

Concluye una semana en la que la conversación pública ha girado para hablar de la vivienda, la sanidad, Euskadi, las migraciones o los pasos más eficaces para frenar el genocidio en Gaza. Sí, es posible debatir mucho más sobre lo que de verdad importa y restar protagonismo al griterío, al insulto, al bulo y a ese “y tú más” que sólo contribuye a ensanchar la brecha entre la ciudadanía y la política (para alegría de los populismos iliberales que desgastan las democracias como termitas).

Estos tiempos veloces, en los que hechos presuntamente “históricos” quedan fagocitados en cuestión de horas, permiten también darle la vuelta a la agenda del espectáculo y lograr que el trending tópic del chotis de la boda de Almeida pase a mejor vida para dar el relevo a la discusión sobre las Golden visa, los pisos turísticos, la vivienda pública o la necesidad de migrantes en España y Europa.

Es importante. Quien logra instalar el asunto de conversación tiene casi ganada la partida de la comunicación. Y esta semana, por la coincidencia de medidas gubernamentales, iniciativas ciudadanas en el Congreso y decisiones a nivel europeo, hemos entrado en debates de calado sobre asuntos que afectan a la vida de millones de ciudadanos y a las generaciones futuras. Si me apuran, inciden en la propia sostenibilidad de la democracia.

¿No es insultante la existencia misma de las llamadas Golden visa, es decir, la fórmula para comprar con dinero y patrimonio el estatus de ciudadanía mientras decenas de miles de migrantes viven en la precariedad y la invisibilidad jurídica? (ver aquí). Es fácil calibrar el disparate: si usted puede comprar un ático en el barrio de Salamanca, obtendrá de inmediato la ciudadanía española aunque desvíe todos sus ingresos a paraísos fiscales; pero si es una empleada de hogar sin papeles, por mucho que gaste aquí todo lo que gana (incluso más), corre el riesgo de ser expulsada en cualquier momento

Sí, es posible debatir mucho más sobre lo que de verdad importa y restar protagonismo al griterío, al insulto, al bulo y a ese “y tú más” que sólo contribuye a ensanchar la brecha entre la ciudadanía y la política

Venía resultando obsceno que el debate público anduviera permanentemente saturado por gilipolleces (con perdón) de todo tipo, o con exageraciones galácticas que han venido convirtiendo asuntos coyunturales en dramas existenciales. Ni la eliminación de las Golden visa (ya era hora) ni las medidas anunciadas por el Gobierno tras la reunión de Sánchez en Moncloa con promotores y representantes de la banca solucionarán el enorme problema de la vivienda, pero al menos suscitan debates de interés general y colocan el asunto en primer plano (ver aquí). Como suele ocurrir en este país de capataces en el que todo el mundo tiene tres soluciones para cada problema (y viceversa), lo cierto es que cuando se habló por primera vez de zonas tensionadas y control de precios, lo mínimo que se escuchó fue aquello de “que vienen los bolivarianos”. Hoy suena ridículo, cuando ya países como Alemania, Canadá, Países Bajos o Portugal aplican medidas similares (ver aquí). Hace falta tiempo para comprobar resultados. Lo mismo ocurre con la borrachera especulativa de los llamados ‘pisos turísticos’. O se avanza en su regulación y limitaciones o se comerán las ciudades y a sus habitantes. (Atentos a las manifestaciones masivas que se preparan para el siguiente fin de semana en Canarias, por ejemplo). 

En cualquier caso, en un Estado con competencias tan repartidas, deberíamos poder retratar a cada cual en su responsabilidad: en España el parque de vivienda asequible es del 2,5% respecto al total de viviendas, mientras que en Europa alcanza al 9,3% (ver aquí). ¿En serio hace falta firmar un ‘pacto de Estado’ para avanzar? Hágase. Cada cual según sus competencias y recursos. Y quienes no han puesto un ladrillo público en su vida, sino que se han dedicado a abonar la pura especulación privada, hagan el favor de callarse y no descalificar opciones que, sirvan mucho o poco, al menos lo intentan.

Algo similar sirve respecto al indignante y vergonzante asunto de Palestina y el genocidio en marcha a la vista de todo el mundo. Anda Sánchez viajando por Europa recabando apoyos para el reconocimiento del Estado palestino. ¿Es esa la mejor baza para frenar las matanzas? Quizás no, pero es necesaria, sobre todo si se acompaña con medidas de embargo comercial sobre Israel, de prohibición de compra-venta de armas y de represalias diplomáticas. Cuesta entender (o no) la posición crítica del Partido Popular, presumiendo de que siempre ha defendido la solución de “los dos Estados”. Entonces, ¿cuál es el problema? ¿O va a hacer seguimiento del disparate azanariano de que Palestina "no existe”, así que no tiene sentido defender su Estado? (ver aquí).

Falta poco más de una semana para la primera de las tres citas electorales agendadas, y los debates entre candidatos se han centrado hasta ahora en la vivienda, la sanidad, la educación, el empleo o la emergencia climática (menos). Apenas se ha colado ETA en la campaña y mucho menos el apocalipsis de la amnistía. Bien por Euskadi. Hablar de las cosas del comer y hacerlo desde el respeto al otro es toda una lección para la burbuja cansina y efervescente de Madrid, o frente a las réplicas violentas en lugares tan distintos y distantes como Ponferrada (ver aquí). Que nadie se lave las manos. Ni desde la política ni desde los medios y las redes: se recoge lo que se siembra. Odio.

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