Meten en la maleta un sórdido equipaje. Cargan un bagaje de odio y enfrentamiento para que salgan sapos y culebras al aterrizar en el país elegido con los que dañar al otro en lo más profundo. Esta semana, dos personajes que son un engranaje más del organizado movimiento internacional de extrema derecha han viajado de un continente a otro, aleteando sin ser conscientes del efecto mariposa que pueden provocar sus estrategias de confrontación. Ayuso se ha ido a México a tratar de reventar las relaciones que tanto el Gobierno como el rey han estado trabajando por recuperar, mientras que Marcos Rubio se ha presentado con un par a visitar al papa León XIV, quien además de soportar las invectivas de Trump ha tenido que recibir a su valido. ¿Por qué no se quedarán en su país?
La presidenta de la Comunidad de Madrid fue a mostrar esa ignorancia de la que tanto le gusta alardear y que tan encandilados tiene a sus seguidores. A mandar, lo que le pida el movimiento MAGA y sus poderosos acólitos repartidos por el mundo. Como el magnate mexicano Salinas Pliego, que fue a llorarle a Trump a principios de año, porque no soporta que la presidenta Claudia Sheinbaum no se pliegue a sus deseos. El rico empresario le debe casi 3.000 millones de dólares a su país en impuestos, así que hizo lo que mejor se les da a los patriotas, poner a parir a su patria en el extranjero. Ahí coincide con su invitada, a la que junto con el derechista partido Acción Nacional (PAN) había pagado el viaje para participar en un homenaje a Hernán Cortés.
Ay, qué ridículo ha hecho, consideran algunos. Qué mujer tan valiente, opinan quienes ven en ella a una líder rotunda. Las excursiones de la presidenta de la Comunidad de Madrid van más allá de querer aparentar ser la líder internacional que no es. En el tablero global puede parecer una broma. Pero el viaje de Ayuso a México forma parte de una alianza de las fuerzas más reaccionarias en la que peones de diversa índole buscan provocar incendios a la espera de que el viento ultra propague las llamas alimentando un discurso de confrontación con el que ir ganando terreno.
El viaje de Ayuso a México forma parte de una alianza de las fuerzas reaccionarias en la que sus peones buscan provocar incendios a la espera de que el viento ultra propague las llamas
Es la inspiradora voz de Trump en boca de todos esos pequeños líderes, como Ayuso, a los que les nutre la sensación de formar parte de un proyecto más imbricado que la agenda de Epstein. Es la prepotencia que hemos visto esta semana, también en el secretario de Estado para todo de EEUU, que ha ido a visitar al papa más con intención de parar los pies que de apaciguar las relaciones con el Vaticano. No hay cordialidad en las imágenes del encuentro con León XIV. El primer pontífice norteamericano trata de esbozar una sonrisa sin éxito, mientras el mandado de Trump ni tan siquiera se esfuerza. Parece más bien que ha ido a advertir al Vaticano como el matón del colegio y recordar que su país es el mayor benefactor de la Iglesia católica.
El voto católico fue importante en las elecciones de 2024, pero la defensa de la paz del nuevo papa puede erosionar el apoyo al presidente. Además, a Trump no le gusta que le contradigan. Los evangélicos le resultan más fiables, son socios entregados que apoyan a los MAGA sin reservas. El auge de los evangélicos en España no es casualidad, cuentan con la capacidad económica y la influencia necesaria para lograr una mayor capilaridad entre los inmigrantes con derecho a voto. El PP de Ayuso ya hizo campaña en templos de esta religión, que tiene un claro pacto con la ultraderecha. Los numerosos vídeos que corren por las redes de evangélicos adoctrinando en los vagones de metro de Madrid cuentan con la complicidad de la Comunidad de Madrid, que se lo permite a cambio de su apoyo. Fuerza así a los poderes de la iglesia católica a posicionarse más abiertamente a su favor. No le hace falta amenazar con cortar las ayudas, como ha hecho Abascal con su Prioridad Nacional contra Caritas. Con impulsar y allanar el camino a los rivales, es suficiente. Mensaje recibido. Maletas cargadas siempre de amenazas, así se mueve por el mundo la extrema derecha.
Meten en la maleta un sórdido equipaje. Cargan un bagaje de odio y enfrentamiento para que salgan sapos y culebras al aterrizar en el país elegido con los que dañar al otro en lo más profundo. Esta semana, dos personajes que son un engranaje más del organizado movimiento internacional de extrema derecha han viajado de un continente a otro, aleteando sin ser conscientes del efecto mariposa que pueden provocar sus estrategias de confrontación. Ayuso se ha ido a México a tratar de reventar las relaciones que tanto el Gobierno como el rey han estado trabajando por recuperar, mientras que Marcos Rubio se ha presentado con un par a visitar al papa León XIV, quien además de soportar las invectivas de Trump ha tenido que recibir a su valido. ¿Por qué no se quedarán en su país?