Los rescates del PP que pagamos todos

No estaría mal que los españoles reclamásemos por vía judicial que nos devuelvan la parte de nuestros impuestos que se está empleando en pagar la factura millonaria por los rescates a la banca y a las autopistas que el anterior gobierno del PP dejó en herencia a pesar de prometer que serían gratis para los contribuyentes. 1.000 euros de media acabará apoquinando cada español por salvar a la banca. Un coste que supera los 65.000 millones de euros. Hay que tener en cuenta también los activos tóxicos que los bancos endosaron a la Sareb o banco malo para sanear sus cuentas y que acabó asumiendo también el Estado, es decir nosotros.

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A pesar del enorme esfuerzo colectivo para que su lucrativo negocio siguiera funcionando, los bancos se dedicaron a ejecutar desahucios sin piedad, cerca de medio millón fueron consecuencia del riesgo que habían asumido las entidades y nadie les hizo pagar. Al contrario, el gobierno de Rajoy abandonó a quienes iban a sufragar la milmillonaria deuda contraída para que se repartieran beneficios con desahogo sus ejecutores.

Cada año los bancos pulverizan sus récords del año anterior, mientras los españoles continuamos pagando su deuda. Sus presidentes y altos ejecutivos nos hacen figurar ejercicio tras ejercicio como el país europeo con mayores sueldos millonarios del sector. Un 17% se subieron el sueldo los directivos en 2025. Seguro que piensan que se lo han ganado a pulso, pero sin la pasta que hemos apoquinado algunos ni estarían cobrando.

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Sorprende que los rescates millonarios de Rajoy a la Banca y a las Autopistas, que iban a ser gratis pero estamos pagando entre todos, no estén bajo la lupa, ahora que es tendencia judicializar las ayudas

Otro de los costes no contabilizados del rescate fueron las preferentes con las que los bancos timaron a sus clientes menos informados. Como estaban en la cuerda floja por invertir en ladrillo a lo loco un dinero que no era suyo, cuando estalló la burbuja inmobiliaria y la confianza de los mercados se quebró, decidieron financiarse con los ahorros de toda la vida de gente a la que tanto esfuerzo le había costado ganarlo. Resultado, les desplumaron ante la impasividad de un gobierno que estaba de parte de los poderosos. 

Las autopistas, el gran ideón de Aznar y Álvarez Cascos, también las estamos sufragando los mismos lerdos. Para animar a las constructoras a invertir sin riesgos, incluyeron una cláusula de responsabilidad de la administración pública para que si las concesionarias quebraban, fuera el Estado quien asumiera la inversión realizada. Así cualquiera se lanza de cabeza, solo ganancias sin pérdidas. ¿Qué obtuvieron a cambio los ideólogos para cerrar un trato tan suicida para los intereses del Estado? Nadie les ha pedido explicaciones. Aznar de hecho se dedica a pontificar, a pesar de haber actuado contra los intereses de aquellos a los que gobernaba. Un rescate de cerca de 1.700 millones de euros por ahora, y subiendo

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“Hay un antes y un después de estas autopistas” dijo profético Aznar mucho antes de que Rajoy tuviera que rescatarlas por contrato, asegurando que no les costaría nada a los españoles, el mismo argumento que el del rescate bancario. Los 53 millones de rescate a Plus Ultra en 2021, que el juez considera tráfico de influencias, suenan a pecata minuta comparado con las que los gobiernos populares comprometieron sin responsabilidad. Y que merecen echarse las manos a la cabeza. Pero de lo que se trata es de que el PP vuelva a Moncloa para que siga la fiesta que monta cuando gobierna y acabamos pagando los demás.

No estaría mal que los españoles reclamásemos por vía judicial que nos devuelvan la parte de nuestros impuestos que se está empleando en pagar la factura millonaria por los rescates a la banca y a las autopistas que el anterior gobierno del PP dejó en herencia a pesar de prometer que serían gratis para los contribuyentes. 1.000 euros de media acabará apoquinando cada español por salvar a la banca. Un coste que supera los 65.000 millones de euros. Hay que tener en cuenta también los activos tóxicos que los bancos endosaron a la Sareb o banco malo para sanear sus cuentas y que acabó asumiendo también el Estado, es decir nosotros.

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