Montoro y la doctrina Oxfam

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Nuestro ministro de Hacienda ha dado una recomendación a Oxfam: "Debería cuidar más su casa antes de hablar de las casas ajenas”. No ha ocultado a qué se refería, pues a renglón seguido ha identificado a Oxfam como “una de las más beligerantes a la hora de criticar políticas económicas que son las que están trayendo desarrollo económico”. Oxfam, en efecto, es una fuente muy autorizada en la denuncia de la desigualdad, la pobreza y la exclusión social. Las críticas que ha formulado Oxfam a las políticas económicas conservadoras han generado para la organización una abundante cosecha de enemigos en la derecha política y económica. No sólo en España sino también en Reino Unido y en otros países. De manera que cuando se ha sabido de las orgías con prostitutas organizadas en Haití hace siete años, a esos enemigos les ha faltado tiempo para acentuar el escándalo y humillar a la ONG.

Ya quisiéramos nosotros que los gobiernos del mundo y las grandes empresas y las organizaciones aplicaran los estándares éticos que sí aplican ONG como Oxfam. Además de dedicar su tiempo a un trabajo ya por definición meritorio, o precisamente por eso, los trabajadores de Oxfam firman un código ético estricto que les obliga a un comportamiento irreprochable. Sus salarios, sus gastos y sus incentivos laborables son generalmente austeros y han de rendir cuentas de sus actos con una transparencia mucho mayor que la que se exige en otras muchas profesiones.

Oxfam dice que el exdirector de la ONG en Haití admitió haber contratado los servicios de prostitutas

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De los sucesos de Haití derivaron dimisiones y ceses. Cuando se han conocido, la organización se ha mostrado avergonzada y ha pedido perdón. Ha revisado protocolos y antecedentes y ha dado nueva información sobre ellos en ruedas de prensa de urgencia. En su web están sus explicaciones con bastante minucia. No sólo no se ha escondido. Al contrario: ha dado la cara desde el primer día. Ahora la organización intenta recuperar la credibilidad y los donantes que ha perdido estas últimas semanas.

Sé que nada tiene que ver el escándalo que afecta a Oxfam con el cenagal de corrupción en que ha estado metido el Partido Popular. Pero imaginemos que, como recomienda Montoro, el PP hubiera mirado primero dentro de su propia casa antes de dar instrucciones a los demás. Supongamos que Rajoy hubiera pedido perdón. Que hubiera limpiado sus cloacas antes de que los fiscales hubieran empezado a trabajar. Imaginemos que en lugar de escapar por la puerta de atrás hubiera dado la cara con humildad.

Claro que para que tales cosas fueran posibles, el PP tendría que ser como Oxfam. Y como no lo es, Oxfam, estoy seguro, se recompondrá y superará, no sin algún dolor, las tropelías de algunos de sus miembros. Y el PP pasará a la historia como el partido corrupto que ya nadie duda que fue.

Nuestro ministro de Hacienda ha dado una recomendación a Oxfam: "Debería cuidar más su casa antes de hablar de las casas ajenas”. No ha ocultado a qué se refería, pues a renglón seguido ha identificado a Oxfam como “una de las más beligerantes a la hora de criticar políticas económicas que son las que están trayendo desarrollo económico”. Oxfam, en efecto, es una fuente muy autorizada en la denuncia de la desigualdad, la pobreza y la exclusión social. Las críticas que ha formulado Oxfam a las políticas económicas conservadoras han generado para la organización una abundante cosecha de enemigos en la derecha política y económica. No sólo en España sino también en Reino Unido y en otros países. De manera que cuando se ha sabido de las orgías con prostitutas organizadas en Haití hace siete años, a esos enemigos les ha faltado tiempo para acentuar el escándalo y humillar a la ONG.

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