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Europa: la derecha mira al pasado y la izquierda no ve el futuro

¿Cuántas veces más perderá la derecha? Se equivocaron quienes pensaron, fruto de la emoción, que el 23J había sido una victoria de la izquierda. Se trató, más bien, de un fracaso de la derecha. Esa derecha que ya repartía ministerios y que de repente, calculadora en mano, comprobó que las cuentas no salían. Hoy ya apenas nadie duda de que, de no haberse producido los acuerdos con Vox en varios gobiernos autonómicos en el mes que medió entre las elecciones municipales y autonómicas del 28M y las generales del 23J, los populares, acompañados por los ultras, hubiesen podido ocupar sus asientos en el Consejo de Ministros. Sin embargo, la constatación en lo concreto de lo que esto podía suponer, con prohibición de obras de teatro de tono progresista, el boicot a los minutos de silencio en las concentraciones contra los asesinatos de mujeres por violencia machista o el anuncio de las derogaciones de las leyes de memoria democrática llevaron a una parte del electorado conservador a quedarse en casa y a otra de los progresistas a salir a votar. Sin entusiasmo alguno, pero con la determinación que da saber que puedes evitar un mal mayor.

Las elecciones europeas se están planteando con idéntico marco, esperando que la izquierda vuelva a movilizarse ante lo que podría suponer que la derecha institucional y la ultraderecha tuvieran la mayoría en el Parlamento. A su vez, los conservadores parecen no ser capaces de aprender de los errores. Si no, cuesta entender que Von der Leyen o Feijóo hayan hecho público sin recato alguno su intención de llegar a un acuerdo con Meloni, como si hubiera ultraderechas buenas y ultraderechas malas.

Encuestas en mano es posible que el marco vuelva a funcionar, o que si no lo hace sea por muy poco. Desde que disponemos de datos, en España se ha visto cómo la distancia entre PP y PSOE se iba achicando. Veremos cómo queda. Pero lo urgente no puede tapar lo importante. ¿Cuál es la propuesta de futuro de unos y otros? 

Las elecciones europeas se están planteando con idéntico marco, esperando que la izquierda vuelva a movilizarse ante lo que podría suponer que la derecha institucional y la ultraderecha tuvieran la mayoría en el Parlamento

La derecha institucional ha comprobado que el neoliberalismo hundió más a Europa en la crisis del 2008 y que el éxito europeo de la respuesta neokeynesiana a la pandemia ha terminado de echar por tierra esos postulados. Andan buscando uno nuevo, pero no es fácil. El propio Fukuyama lo expresó en El liberalismo y sus desencantados (Deusto), toda una enmienda a su pensamiento previo. Mientras, la ultraderecha nos propone una vuelta al pasado. Esa que tan bien describió Bauman en su obra póstuma Retrotopía (Paidós). Ante la incertidumbre, inseguridad y zozobra que traen los momentos de grandes cambios como los que vivimos, una vuelta al pasado, aunque sea un pasado idealizado que nunca existió, nos lleva a un espacio de confort en el que sabemos qué se espera de nosotros. Piensen en esos varones de entre 40 y 50 años que no entienden nada de lo que las mujeres de su alrededor dicen y piensan, y tapan su inseguridad a veces con silencio y otras a gritos e improperios. Qué más reconfortante para ellos que escuchar la expresión “familia tradicional”. Música celestial para sus oídos y un relajante más poderoso que cualquier ansiolítico.

Frente a esto, la izquierda, que ha visto cómo los postulados neokeynesianos y socialdemócratas volvían a adquirir vigencia en la forma de abordar la pandemia y la recuperación posterior, sigue en permanente construcción de un proyecto de futuro que no llega a concretar. ¿Cuál es su propuesta de valor? Más allá de hacer un collage con planteamientos verdes, violetas y rojos, las visiones progresistas necesitan diseñar un futuro en lo concreto que no se conforme con diagnosticar lo que no funciona, sino que sea capaz de ofrecer una oferta concreta de futuro. Que hay que abandonar los combustibles fósiles es obvio, pero, ¿cómo es el modelo energético que se quiere construir? ¿Se trata sólo de energías renovables o de energías renovables, democratización del mercado energético y replanteamiento de las políticas industriales o de movilidad –por ejemplo– de acuerdo a estos criterios? 

El profesor Innerarity en este artículo habla de una Europa que proteja. En efecto, ante las transiciones en marcha –la ecológica, la digital, la de los cuidados, la demográfica, etc.–, la ciudadanía se siente plena de incertidumbre, inseguridad, y, en muchos casos, miedo, como reflejan los estudios al respecto. ¿Cómo paliar ese miedo? La respuesta que ofrezcan progresistas y conservadores no será la misma. Quizá, de hecho, sea lo que les diferencie.

El próximo domingo Europa dará un voto de confianza a unos u otros, un voto que esta vez puede ser decisivo a la hora de afrontar el futuro, sobre todo si se articula, como habrá de ser inevitable, con las elecciones presidenciales de Estados Unidos que se celebrarán cinco meses después. Es mucho lo que hay en juego.

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