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Muros sin Fronteras

Mickey Mouse contra Corea del Norte

Soldados montando guardia en la frontera entre Corea del Sur y del Norte

 

Corea del Norte no debe ser un buen sitio para vivir. No es que tenga muchas noticias de primera mano para sostener esta afirmación, sin duda temeraria, pero los síntomas no son nada alentadores. Se trata de un país en el que todo el mundo piensa igual para evitar la cárcel o la muerte, o seguramente ni siquiera piensa, que las ideas las carga el diablo. Un gigantesco gulag con armas nucleares en manos de una persona impredecible.

La noticia esta semana es que el pequeño Jong-un, de apenas 30 años, ha destituido a su tío, el poderoso Jang Song-Thaek, de 67 años, mano derecha de su padre, número dos del régimen y el hombre que le ayudó en 2011 a asumir el poder pese a la aparente resistencia de algunos sectores del Ejército. Destituido y en paradero desconocido, una combinación que no suele deparar nada bueno en las dictaduras. La noticia procede de los servicios de espionaje de Corea del Sur, habitualmente bien informados sobre el Norte.

  Hace unos meses ya corrió el rumor de desavenencias en la cúpula. La crisis de los misiles de primavera, cuando el joven dictador amenazó con atacar EEUU y a Seúl con armas nucleares, pudo labrarse en estas disputas internas, debido a su necesidad de mostrarse capaz, desafiante como su padre y su abuelo. La noticia incluye otro dato: dos de los colaboradores de su tío fueron ejecutados. Se les acusó de corrupción.

Parece que Kim III se consolida en el poder de Pyongyang. No hay nada sólido que permita confirmar esta impresión, solo síntomas, suposiciones. Así son la mayoría de los gulags, se interpretan por las ausencias en la foto oficial.

Hay dos libros que explican bien este mecanismo del terror, creo que ya citados en esta columna: La hija de Agamenón/El sucesor, de Ismaíl Kadare (Alianza) y Una tumba para Boris Davidovich (Acantilado), de Danilo Kis. Se trata de dos escritores mayúsculos.

Corea del Norte es una dictadura estalinista hereditaria, un país anclado en los años 30. No hay Internet ni móviles ni televisión por satélite. Nada de contacto con el exterior. Es un mundo amurallado, sin grietas que acepta un turismo de cuenta gotas, siempre vigilado. Solo se ve lo que se desea enseñar, no hay relación posible con la población. Sin contaminación extranjera, el régimen somete a su población a un lavado de cerebro colectivo y permanente que deja la novela 1984 de George Orwell en un juego de principiantes. Aparentemente no hay fisuras ni disidencias. Si las ha habido están en los campos de concentración y en los cementerios. Los desfiles y ejercicios realizados por enormes masas de obedientes muestran una sincronización aterradora, una prueba de que detrás hay un régimen paranoico.

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Al fundador de la saga, Kim Il-sung, que sobrevivió a la guerra de Corea en los años 50, le sucedió su hijo Kim Jong-il, el paradigma del dictador caprichoso e imprevisible. A su muerte subió al trono su hijo menor y nieto del primer Kim, Kim Jong-un. Cada Kim se empeña en demostrar que puede estar peor de la cabeza que el anterior.

Corea del Norte tiene armas nucleares y una actitud militarizada. Fue uno de los países que componían el eje del mal de George Bush: Irak, Irán y Corea del Norte, una ocurrencia de la Casa Blanca para justificar el derrocamiento de Sadam Husein. Irak ya cambió, por las armas. Ahora se enfrenta a una partición por el norte Kurdistán y a las bombas de grupos suníes, posiblemente relacionados con la guerra en la vecina Siria. Irán hace esfuerzos por salir del atolladero de las sanciones con un pacto nuclear que aún necesita asentarse.

De los tres enemigos declarados solo queda Corea, el único que tiene tratamiento VIP. No por la cordura de sus nuevos dirigentes, ni por las posibilidades negociadoras, ni por la influencia de China, su patrocinador último, sino porque Corea del Norte es el único de los tres malos oficiales que de verdad tiene armas nucleares. Ellos tienen las bombas atómicas, es cierto, pero nosotros tenemos Disney. Es una batalla ganada por Mickey Mouse y compañía.

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