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Diario de a bordo

El pingüino adelaida o adelia ('Pygoscelis adeliae') se empareja de por vida

El actor Javier Bardem mirando a los pingüinos a su llegada a la isla Rey Jorge en la Antártida para unirse al barco de Greenpeace 'Arctic Sunrise'.

Carlos Bardem | Javier Bardem

Por fin mejoran las condiciones de vuelo entre Punta Arenas y la isla King George. Tenemos que tomar un AVRO RJ85, un cuatrimotor no muy grande y con limitaciones de pasaje y carga. La pista de aterrizaje no es de concreto, nos explica una tripulante, por eso no podemos ir llenos nunca, por el peso. Primera sorpresa: no para de subir gente, pequeños y coloridos grupos. Nos extrañamos. Nuestra incursión en lo salvaje, nuestro into the wilderness, empieza a parecerse a un viaje organizado cualquiera. De gente muy abrigada, eso sí. La misma tripulante nos explica. Ustedes van al barco de Greenpeace, esos chinos son el relevo de otros de una base científica. Ese grupito va a un yate y esos otros a un crucero, uno muy grande. ¿Cómo? La verdad es que el vuelo solo llega hasta la isla más exterior de la península antártica y desde allí los chinos y nosotros nos internaremos en latitudes más vírgenes y los otros harán turismo desde los bordes más exteriores de este ecosistema tan frágil. Todo lo que dejas en la Antártida queda allí fijado por el frio extremo, por el hielo. A nosotros ya en Madrid nos dieron mucha documentación sobre qué traer, cómo comportarnos en cada momento, sobre el peligro de ser portadores de riesgos biológicos para este entorno. No podemos evitar preguntarnos qué y cómo harán con los residuos de un enorme crucero turístico al cruzar estas aguas. Cuál será su impacto. Una vez más la reflexión de siempre, por qué el hombre es siempre el principal riesgo biológico para cualquier entorno. Los peligros son más de los esperados, a la pesca industrial de krill —base de la pirámide alimenticia de 9.000 especies en este océano y “capturador” de carbono de la atmósfera— para fines ¡cosméticos!, a la minería de fondo y prospecciones marinas, ahora hay que añadir los cruceros turísticos. Da que pensar, ¿no?

Ayer os contaba de Shackleton y su famosa y catastrófica expedición. Su barco, el Endurance, quedó primero atrapado y luego aplastado por los hielos en el mar de Weddell, el que ahora y de manera mucho más segura recorreremos junto con biólogos marinos, oceanógrafos y voluntarios de Greenpeace. En la expedición hay incluso dos minisubmarinos que descenderán a documentar fondos nunca vistos antes por el ojo humano. Una de las ilusiones del viaje del Arctic Sunrise es encontrar una especie marina nueva. Una más que añadir a las 9.000 ya clasificadas en esta zona. Es mucha vida, ¿verdad? Triste pensar que lo único que la amenaza es la actividad humana.

 

El 'Arctic Sunrise' de Greenpeace junto a dos submarinos. Greenpeace

En Punta Arenas hay un curioso y pequeño museo junto al mar del Estrecho de Magallanes. En él se pueden visitar replicas a tamaño real de la nao Victoria, la capitana con la que Magallanes intentó circunvalar el mundo a comienzos del siglo XVI. Murió en el intento y fue Elcano quien completó el dramático viaje. El otro barco es el HMS Beagle, la fragata inglesa en la que Charles Darwin viajó y empezó a elaborar su teoría sobre el origen de las especies. ¡Pobre Darwin, tal mal interpretado a veces, tan usado para justificar teorías abominables, racistas o supremacistas! Viendo este chárter hacia los hielos pienso si ese no será en gran medida el problema. La asunción durante siglos, fomentada desde el antropocentrismo de la ciencia, religión y filosofía occidental principalmente, de que el hombre es la culminación de la evolución, el ser creado a imagen y semejanza de un supuesto creador y ser supremo, el culmen de la vida en el planeta y por tanto amo y señor de todo lo que en él hay y lo habita. Con derecho a explotarlo, agotarlo, contaminarlo, aniquilarlo y destruirlo. Es necesaria una nueva conciencia, una nueva relación con el planeta, con el medio ambiente y con las demás especies. Tenemos la capacidad de arrasar con todo, incluso con nosotros mismos y nuestro futuro como especie. Y ya lo sabemos, un gran poder debería implicar una gran responsabilidad. Deberíamos entender que no somos dueños de nada ni nadie, del resto de las especies, sino solo depositarios temporales de una gran responsabilidad, de un deber que nos trasciende como individuos, el de conservar la diversidad de la vida en el planeta, en sus bosques, junglas, desiertos y océanos. Proteger algo que nunca será nuestro pero que será nuestro legado a los que vengan. Una misión que no podremos cumplir si no empezamos a ponernos mentalmente en condición de igualdad con el resto de los habitantes del planeta y entender que solo nosotros somos una amenaza mortal para ellos. Y que sin ellos ni hay nosotros ni hay futuro. El pingüino Adelia se empareja de por vida. Cuándo entenderemos que estamos emparejados de por vida con el resto de las especies del planeta.

El 'Arctic Sunrise' en la isla King George de la Antártida. Greenpeace

El lema que tenía el tenaz Shackleton en la cabeza, y que le permitió resistir junto a sus hombres más de un año atrapados en los hielos antárticos, era el de su familia: Fortitudine Vincimus. Se puede traducir como “por la resistencia ganamos”. Cada vez somos más en el mundo, si resistimos, si no nos desanimamos, si nos hacemos presentes, si actuamos, podremos vencer. Podremos hacer inviables la sordera política y las codicias cortoplacistas. Podremos tener futuro como especie. Podremos legar futuro y vida.

En algún lugar sobre el océano Antártico te das cuenta de que hay más tonos de azul y blanco de los que puedes nombrar. Y de que esto no puede perderse. ¡Fortitudine Vincimus!

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#SantuarioAntártico: ¿Por qué el océano Antártico? ¿Qué nos estamos jugando aquí?

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