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Dale a Casado una bandera y meterá el palo en la rueda del país

Si sumas a uno que miente y otro que se deja engañar, el resultado son dos mentirosos

Nada lo detiene, y menos que nada la verdad: Pablo Casado sigue su cruzada, buscando votos donde la razón pierde su nombre, seguro de que extender bulos que él sabe que lo son le da beneficios y, por lo tanto, una buena táctica: el fin justifica los medios y hay medios de comunicación que lo justificarán a él, porque están en el mismo barco y su plan de viaje es llevarlo a hombros a la Moncloa. No sé cual de las dos cosas es más triste, ni cuál debería de preocuparnos más.

El asunto de las macrogranjas, las diferencias entre la ganadería extensiva y la intensiva y lo que dijo o no dijo el ministro de Consumo a The Guardian son asuntos que han quedado claros para toda aquella persona que no prefiera repetir lo que le dicen a creer lo que leen sus ojos, y que no quiera tergiversar lo que dijo Garzón. Para Casado seguro que también es todo blanco y en botella, pero le da lo mismo y es capaz de seguir su campaña rural sin inmutarse, diciendo cada vez disparates de mayor calibre y ajeno al modo en que su figura se erosiona un poco más cada vez que abre la boca: va a tanta velocidad, que en los primeros veinte días de 2022 ha hecho que se quedara muy corta la predicción que hizo sobre él a finales de 2021 el periódico Le Monde, donde llegaban a la conclusión de que “es imposible hacerlo peor.” Es evidente que se precipitaron.

Ahora, su última campanada es darle otra vuelca de tuerca a su versión distorsionada de los hechos y asegurar que Garzón dijo que “los ganaderos españoles son maltratadores de animales y que exportan carne tóxica.” No es así, es una falsedad en toda regla, él también sabe eso, pero le sigue importando poco, quizá porque confía en que la gente se deje manipular sin hacer preguntas o vote al muñeco, sea quien sea, sin atender a lo que dice o hace. Menospreciar así a las y los ciudadanos debería tener un precio. Eso sí, hay algo en lo que resulta imbatible, y es en su tarea de promotor de la ultraderecha, que será a donde vaya todo lo que él dilapida: ya saben, la derechita cobarde y demás eslóganes de éxito. Como remate de su discurso, dice Casado que “en cualquier Gobierno serio del mundo habría supuesto su cese inmediato”. Se le podría rebatir que en un Partido Popular serio él no sería el jefe. Incluso se puede añadir que la mitad de su propia formación piensa exactamente lo mismo.

La política, gracias a líderes como Pablo Casado y tantos otros, ha caído en el más profundo de los descréditos porque el nivel de cinismo de algunos de quienes la ejercen es aterrador

Sus últimas trapisondas consisten en desacreditar el uso de las ayudas de la UE, que tanto necesita nuestro país para colocar la primera piedra de la recuperación económica, poniendo todos los palos de bandera posibles en la rueda, y si primero anduvo de gira por las instituciones continentales, intentando dificultar la entrega de ese dinero, ahora vuelve a tirar los dados, a ver si hay suerte de que caigamos en desgracia, y pregona por tierra, mar y aire que el presidente Sánchez quiere los fondos europeos “para dárselos a Bildu.” A la hora de asustar, le vale cualquier fantasma, incluido el del terrorismo. No respetan ni lo más sagrado.

Y hay otro problema: que los partidarios del bulo son un mal ejemplo, han hecho creer a algunas y algunos que engañar es fácil, que las huellas se borran y que la policía es tonta. Pero no lo es. Tenemos el caso de una ex diputada de Ciudadanos, es decir, de la tercera pata del grupo de la plaza de Colón, llamada Melisa Rodríguez, que afirmó en sus redes y a toda plana en un diario nacional que “las ayudas del Gobierno a los damnificados del volcán de La Palma eran de vergüenza” y que ella misma era vecina de uno de los lugares afectados por la erupción y había sido desalojada dos veces y durante “más de cuatro meses.” Ahora, sin embargo, la policía ha certificado que ni tiene residencia allí, ni ha perdido propiedad alguna, ni fue nunca desalojada, ni, en consecuencia, tiene derecho a las indemnizaciones que reclama. Lo que dice el escrito de los agentes del cuerpo de seguridad local que tramitan su expediente es que tiene una casa y otros dos pisos en El Remo, en la zona costera de Los Llanos de Aridane, pero que no consta que tenga su residencia habitual allí y no procede certificar su condición de "vulnerabilidad por desalojo”, requisito imprescindible para acceder a las prestaciones estipuladas. El tiempo dirá, o los jueces, si es que la antigua portavoz del partido naranja se cree con opciones de pleitear y llevarse el gato al agua, que es un derecho a su alcance y que ejercerá si está convencida de su condición de perjudicada por la lava y por la administración; pero, de entrada, la cosa no parece que resulte muy edificante.

La política, gracias a líderes como Pablo Casado y tantos otros, ha caído en el más profundo de los descréditos porque el nivel de cinismo de algunos de quienes la ejercen es aterrador. Son aspirantes a todo que no tienen principios sino sólo metas: las que haya que cruzar para hacerse con el poder, a cualquier precio. Y su influencia en la sociedad es un drama, porque hay palabras tan venenosas como el azufre de un volcán.

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