No hace falta irse a la genealogía de María Guardiola. Ahora el volantazo es más profundo y más rápido. Aun sin ser necesario, repasemos. Su primer viraje político la catapultó a la presidencia extremeña. El PP cargaba contra Pedro Sánchez por no ser la lista más votada y Guardiola se conjuraba para no meter en el gobierno a quienes “cuestionan la violencia de género, deshumanizan a inmigrantes y tiran a la papelera la bandera LGTBI”. Gobernó con menos votos que Guillermo Fernández Vara y estaban dentro en cuestión de días. Ahora solo pasan unas horas entre negarse a “travestirse de Vox” y decir que les separa “lo mínimo”. A ese primer Vox le concedió la consejería de Igualdad (se la cargó), derogó la Ley de Memoria Histórica (una de las pioneras) y las ayudas a la cooperación, entre otras. Hoy no sabemos hasta dónde puede llegar porque Guardiola oculta qué le piden. Solo así sabríamos qué les dará.
En Extremadura pueden estar pasando varias cosas. Unas exigencias inasumibles de la ultraderecha que tienen paralizado al PP. Un PP temeroso de que Extremadura sea el Valencia de Carlos Mazón, aquel aldabonazo PP-Vox antes del 23J que hundió a Alberto Núñez Feijóo. También puede que Vox pretenda acabar con María Guardiola, forzar su caída (una humillación para el PP), debilitarla al máximo como candidata o futura presidenta pato-cojo. Todo con un machismo de fondo que no sufre Jorge Azcón. Qué se esperaba, es Vox. Es posible que Abascal haya decidido convertir Extremadura en la primera cabeza de caballo. Y puede que Guardiola termine por adelantar elecciones. De momento, la estrategia del PP pasa por aguantar y rogar por la coalición. De negarse en el Congreso Nacional de julio a estas simbiosis, a pedirlas. Del somos “realidades distintas” en palabras de Feijóo, al somos “hermanos”, según la portavoz Ester Muñoz.
Todo lo que sucede con Vox hoy lo ha desencadenado el PP. Eligió el carrusel electoral de diciembre al próximo julio para debilitar al PSOE y ahora tiene una ultraderecha hiperdopada que escenifica su poder sobre Feijóo
María Guardiola tiene su presidencia en el buzón de spam. No por la ironía de Vox, ahí es donde supuestamente llegó el correo con la propuesta del PP. Ella misma se ha puesto en una posición de debilidad porque no sabe decir con claridad con qué carta quedarse. Luego está el debate interesado de la derecha intentando arrinconar al PSOE con la supuesta abstención. Guardiola no ha puesto las condiciones para pedirla. “La única verdad es que no negocio con este PSOE ni con el sanchismo”, dijo en X. “Pero sí te llamé y te pedí, por responsabilidad, que el PSOE debía abstenerse”, replicó al presidente de la gestora, José Luis Quintana. Sic. Guardiola ya está en apuntalar su relato ante la posible derrota de la repetición electoral.
Todo lo que sucede con Vox hoy lo ha desencadenado el PP. Eligió el carrusel electoral de diciembre al próximo julio para debilitar al PSOE y ahora tiene una ultraderecha hiperdopada que escenifica su poder sobre Feijóo. Obsesionados con Sánchez, empiezan a reaccionar ante un Abascal que quiere la sustitución. El horizonte 2031 sin Feijóo. Aragón y Extremadura eran las dos citas anticipadas con la excusa de los presupuestos. Ahora Extremadura no tiene presupuestos ni presidenta. No hay fecha para esas cuentas que supuestamente no podían esperar. Tampoco hay estabilidad de gobierno a la vista. Se convocó a tres días de Nochebuena por la urgencia y ahora han perdido el control, los tiempos, las políticas, la agenda. "Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… “, decía el manido Churchill. Ahora María Guardiola tiene el deshonor y la guerra. Le quedan muy pocos días para remontar una jugada que le ha salido mal. Su cabeza puede acabar en Génova. Y Génova, ganando gobiernos, puede perder la fuerza de gobernar.
No hace falta irse a la genealogía de María Guardiola. Ahora el volantazo es más profundo y más rápido. Aun sin ser necesario, repasemos. Su primer viraje político la catapultó a la presidencia extremeña. El PP cargaba contra Pedro Sánchez por no ser la lista más votada y Guardiola se conjuraba para no meter en el gobierno a quienes “cuestionan la violencia de género, deshumanizan a inmigrantes y tiran a la papelera la bandera LGTBI”. Gobernó con menos votos que Guillermo Fernández Vara y estaban dentro en cuestión de días. Ahora solo pasan unas horas entre negarse a “travestirse de Vox” y decir que les separa “lo mínimo”. A ese primer Vox le concedió la consejería de Igualdad (se la cargó), derogó la Ley de Memoria Histórica (una de las pioneras) y las ayudas a la cooperación, entre otras. Hoy no sabemos hasta dónde puede llegar porque Guardiola oculta qué le piden. Solo así sabríamos qué les dará.
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