Hay dos Feijóo, uno antisistema

El Partido Popular ha pasado de hacer oposición a Pedro Sánchez a hacérsela al sistema. En modo juez Peinado, con los policías imaginarios que ayudan a Begoña Gómez a huir del país, Alberto Núñez Feijóo ha imaginado ahora un pucherazo electoral a cuenta de la nacionalización de los nietos de exiliados. El guion de cuestionar el sistema electoral y extender sospechas sobre el voto no es nuevo en el PP. Lo novedoso es hacerlo a propósito de una iniciativa que él mismo prometió.

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Desde que Feijóo preside el PP, la dirección nacional ha recurrido con insistencia al lenguaje del fraude, el pucherazo o la corrupción electoral para embarrar campañas o deslegitimar al Gobierno. Lanzada la insidia, matiza o rectifica. El “todo a Sánchez” —el sátrapa, el dictador, el presidente “capaz de todo”— socava la confianza institucional y el propio sistema. Lo hizo en la recta final de las municipales y autonómicas de 2023 con la "corrupción electoral" y las denuncias de “ganar con trampas y engaños” a raíz de la compra de votos en Melilla y Mojácar; lo repitió en la campaña de las generales con el voto por correo y las insinuaciones sobre Correos; María Guardiola alimentó una polémica similar por un robo común en una oficina postal; y vuelve ahora con la ley de nietos, bajo la idea de que la ampliación del censo es “ingeniería electoral”, según Feijóo, para “fabricar socialistas”, según Ayuso.

El guion de cuestionar el sistema electoral y extender sospechas sobre el voto no es nuevo en el PP. Lo novedoso es hacerlo a propósito de una iniciativa que él mismo prometió

Hay una pulsión de fondo. Asumir que si vota una minoría de nuevos nacionalizados por huir de la dictadura no pasa nada; si lo hace una mayoría —más de un millón de potenciales electores— es un problema. La “prioridad nacional”, los “españoles primero”, en versión del derecho al voto. Se preguntan además qué pasaría si unas elecciones se decidieran por el voto CERA en una circunscripción. El pronóstico es fácil. La derecha hablaría de golpe de Estado… salvo que le favoreciera.

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No es un desliz. Feijóo maneja dos lenguajes. Uno es sistémico, otro antisistémico. Con el primero actúa como un presidente en potencia; el segundo compite en el terreno más duro y lo despliega en las poltronas ultras donde no le replican, o crecido en los mítines. Alimenta la sospecha y luego la matiza. Empuja el marco al límite y, cuando llega la crítica, se refugia en una interpretación más moderada de sus propias palabras. No es consciente de que ambos discursos se escuchan en la misma habitación y, al final de cada rectificación, unos y otros le han visto entrar y salir.  

En la competición de arrastre entre el PP y Vox sabemos a quién arrastran. La ultraderecha no tiene nada que perder; los populares se juegan el espacio liberal-conservador. La “amplia mayoría” que Aznar reivindica para no hablar con Junts cuando de donde les aleja es de su mayoría natural. El PP sabe que ha tocado techo —cuatro citas electorales, cuatro gobiernos de azul y verde—. Vox tampoco llega al 20% de voto. Solo pueden restarse entre ellos. Disputar el mismo electorado. Si eso significa llevarse por delante la credibilidad del sistema… ¡A por ello!

El Partido Popular ha pasado de hacer oposición a Pedro Sánchez a hacérsela al sistema. En modo juez Peinado, con los policías imaginarios que ayudan a Begoña Gómez a huir del país, Alberto Núñez Feijóo ha imaginado ahora un pucherazo electoral a cuenta de la nacionalización de los nietos de exiliados. El guion de cuestionar el sistema electoral y extender sospechas sobre el voto no es nuevo en el PP. Lo novedoso es hacerlo a propósito de una iniciativa que él mismo prometió.

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