Suele pasar que enmascarados tras los grandes problemas se nos pasen aquellos que puede que no parezcan grandes pero que en realidad lo son. A menudo dejamos que las mareas vayan corroyendo los pilares fundamentales de la democracia, mientras miramos entre indignadas y estupefactas las matanzas por la televisión. Protestamos por las matanzas y nos movilizamos con dificultad contra ellas. Pero las matanzas son producto, entre otras cosas, de una degeneración democrática que viene de muy lejos y que continúa royendo a esta como una termita.
Israel aprueba una pena de muerte selectiva por motivos étnicos. Brutal. Pero el racismo cotidiano, el de nuestra escalera, es sin embargo algo que miramos de lejos y sin excesiva preocupación. Las redadas racistas existen en España, eso es un hecho indiscutible, aunque muchos medios no lo consideren ni preocupante y muchos políticos sigan empeñados en negarlo. Que el delegado del gobierno en Madrid, del PSOE, haya dicho que no existen, que Marlaska esté, como siempre, desaparecido, es insultante para quienes creemos que tiene que haber una reacción democrática contra la plaga del racismo sistémico. Las redadas racistas existen y muchas las hemos visto con nuestros ojos. En Lavapiés, en la estación de Atocha, cuando hay una operación “de comprobación” (¿de qué?) sólo detienen a negros. Pero desde que conozco a Serigne Mbayé, soy más consciente. Cada año le detienen unas cuantas veces, pero, además, como es un activista antirracista y algunos policías son nazis (no presuntos, que llevan la esvástica tatuada, que también lo he visto con mis ojos) ya no hace falta que se lo encuentren. Van a buscarle a su casa para detenerle, para asustarle, para humillarle, para sentirse ellos bien en sus comportamientos nazis. Esto es así, y al PSOE le da igual porque no es un partido que tenga voluntad de enfrentarse a los nazis que hay en la policía, que se lo digan a Marlaska. Esos que si ganan alguna vez irán a por Marlaska olvidando lo complaciente que fue con ellos.
Llegará el día en que estar contra el capitalismo sea perseguido
Que hubo una operación policial para acabar con Podemos no lo puede dudar nadie ya, pero a muchos les gusta olvidarlo porque total… ese peligro ya pasó. Se acabó con Podemos de la misma manera que ahora se está ya tratando de acabar con La Francia Insumisa. Rima Hassan, diputada del Parlamento Europeo por LFI, fue detenida el jueves 2 de abril por llevar una pequeña cantidad de droga encima y por “apología del terrorismo” en un tuit en el que expresaba una opinión política sobre la resistencia palestina; una opinión que compartimos mucha gente de izquierdas por aquí. Algunas de las cosas que yo misma he escrito sobre Israel (y millones de personas más) serían consideradas apología del terrorismo en Alemania, en Francia o en algunos otros países, cada vez más. Hassan ha sido denunciada por organizaciones que hacen ellas mismas apología del terrorismo de Estado que practica Israel y apología del genocidio contra el pueblo palestino. (Ya está, ya he hecho apología del terrorismo yo también). Según leyes existentes en algunos países de la UE, decir que Israel es un Estado terrorista y genocida y que la resistencia palestina es legítima, incluso con armas, es un delito. España es un país mayoritariamente propalestino pero en varios países de la UE se está persiguiendo y criminalizando a periodistas por atreverse a disentir del relato oficial sobre Palestina.
En Francia han detenido a una parlamentaria por un delito de opinión. La opinión de una representante del pueblo en una democracia debería ser sagrada y por eso existe la inmunidad parlamentaria, pero ya vemos que si es de LFI no aplica. El delito de opinión introducido en Francia en 2014 no requiere siquiera un llamamiento explícito a la violencia, basta que un juez interprete que dicha opinión puede considerarse que defiende o alienta la violencia. La violencia de los que el poder determina que no tienen derecho a usarla, claro. No olvidemos que en España también hay gente en la cárcel por una opinión. Lo mismo que en el caso de la violencia, no todas las opiniones son igual de perseguibles porque esas que dicen “moros de mierda os vamos a colgar”, esas, escuchadas en los estadios o en disturbios racistas… esas nada. O las que conminan a colgar, fusilar, empalar o torturar a políticos de izquierdas… tampoco. A esa extrema derecha el Estado no la va a combatir, quitémonos esa idea de la cabeza, porque el Estado profundo siempre tiene un ramalazo por ese lado y porque los dueños del mundo tienen interés en combatir una y en fomentar a la otra. De seguir por este camino, llegará el día en que estar contra el capitalismo sea perseguido. Por cierto, soy muy consciente de que si las cosas no mejoran mundialmente, si algún día llega a gobernar la extrema derecha, todo esto que escribo, todo lo que he escrito a lo largo de mi vida, me puede pasar factura, nos pasará factura a muchos.
Tengo multitud de artículos denunciando esto porque la cuestión de la degeneración paulatina de las democracias me preocupaba muchísimo. Las democracias degeneran porque comienzan a asumir postulados antidemócratas ante la aquiescencia general, y para eso no es siquiera necesaria la existencia de una pujante extrema derecha. Poco a poco me di cuenta de que es complicado que la opinión pública se mantenga firme en la defensa del derecho a la libertad de expresión porque no todo el mundo lo entiende ni lo practica. Cada vez veo a más gente, demócrata, de izquierdas, que se comporta –sin saberlo, y sin que tenga el mismo efecto– como el Estado cuando cercena la libertad de expresión de algunas activistas o políticas.
Tengo amigas y compañeras que se pasan la vida dándose de baja de determinados medios porque se encuentran con un artículo que les indigna y entonces, según ellas, el articulista debería ser despedido. Incluso en ocasiones les ocurre que se encuentran con que un articulista con el que siempre están de acuerdo escribe algo que les indigna sobremanera. Inmediatamente, llega la desilusión y dicho señor o señora pasa a la lista de “enemigos” de los que ya no se puede creer nada, ni leer nada. Y eso impregna al medio y también a quienes defendemos el derecho de ese articulista a escribir lo que quiera o, peor aún, a quienes defendemos que no es tan importante estar de acuerdo siempre con un opinador para que leerlo pueda seguir valiendo la pena.
Lo único grande ahora son las fortunas de unos pocos, los egos de muchos/as y el dolor de los desposeídos de todo
Los medios tienen su línea editorial, eso es así de siempre, pero hay que decir que esta idea del enemigo en la opinión es cada vez más común, de manera que los medios son cada vez más uniformes en lo que publican porque, al final, si una opinión se sale un poco de la que se le supone oficial, el medio en cuestión recibe tantos mensajes de indignación y de rabia, se producen tantas bajas de socios, que no siempre les compensa defender al opinador. Además, no nos engañemos, este clima social nos permea a todos. Es una manera de entender la convivencia, una manera perversa y antidemocrática, pero es lo que hay.
Al final, no es que los partidos no nos representen, que cada vez lo hacen menos. Es que nadie representa a nadie. El individualismo extremo está permeando toda la vida social de manera que si no encontramos una coincidencia total con quien se supone que nos tiene que representar en la política, en la opinión, en la organización, en la cultura, en el ocio, en cualquier ámbito… no somos capaces de aceptar esa diferencia en pro de un bien común que cada vez menos gente es capaz de imaginar; el bien común va siendo cada vez más pequeñito. Nadie puede representar a millones de individuos que están permanentemente llamando la atención sobre las diferencias y convirtiendo estas en abismos infranqueables. En fin. Es un asunto que primero me indignaba, luego me preocupaba mucho, después pasé a verlo desde lejos con cierto dolor y ahora ni eso. Me aburre. Me aburre la eterna queja de quienes no son capaces de aceptar la existencia de la diferencia con normalidad e incluso con curiosidad intelectual, de quienes no son capaces de verse reflejados en una humanidad común, en un bienestar mayoritario. Me aburren quienes se dejan llevar por sus odios particulares, tan mezquinos, tan pequeños, tan inútiles, y dejan que estos llenen lo que debería ser el campo de una voluntad y de una ilusión comunes. Hace poco leí el poema de Walt Whitman que contiene el verso “Soy grande, contengo multitudes” y pensé que ahora nadie contiene multitudes, sino cada uno/a a una personita pequeña que no se habla con el de al lado. Lo único grande ahora son las fortunas de unos pocos, los egos de muchos/as y el dolor de los desposeídos de todo.
Bueno, perdón por el desahogo, será la edad, estoy ya de vuelta. Será eso.
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Beatriz Gimeno es exdirectora del Instituto de las Mujeres.
Suele pasar que enmascarados tras los grandes problemas se nos pasen aquellos que puede que no parezcan grandes pero que en realidad lo son. A menudo dejamos que las mareas vayan corroyendo los pilares fundamentales de la democracia, mientras miramos entre indignadas y estupefactas las matanzas por la televisión. Protestamos por las matanzas y nos movilizamos con dificultad contra ellas. Pero las matanzas son producto, entre otras cosas, de una degeneración democrática que viene de muy lejos y que continúa royendo a esta como una termita.