Hay que mirar detrás de los documentos: La contribución nazi al origen de la campaña del norte (1/2)

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Por esas casualidades que ocurren a veces, mis últimas tres contribuciones a este periódico sobre la campaña de Cataluña coincidieron con la publicación de un artículo en una revista académica. Los autores discreparon de mi tesis de que Franco quiso prolongar la guerra en tal ocasión. No es este el lugar para enzarzarme en una disputa. Quisiera, simplemente, ilustrar una tesis complementaria. La necesidad de estudiar el proceso de elaboración de las órdenes de operaciones en sus diferentes versiones hasta que las aprobase el Alto Mando es un ejercicio útil y con frecuencia imprescindible. 

A veces, la evidencia primaria relevante de época (EPRE) permite hacerlo (en otras ocasiones, no). Sigue siéndolo en el caso catalán, con una EPRE ampliada (que tales autores ignoraron). Ahora voy a romper una lanza en lo que se refiere al origen de la campaña del Norte. Sé bien que me meto en camisa de once varas, porque la literatura sobre el tema es abundante y cuenta incluso con las aportaciones de insignes historiadores militares españoles, en general favorables a las consagradas tesis franquistas. 

Como en este mes tiene lugar un aniversario más de aquella campaña (incluidos el bombardeo y la destrucción de Gernika) me parece conveniente dar a conocer al público las conclusiones a las que llegué sobre tal origen, en apariencia claro y meridiano. Sigo, como siempre, la recomendación del añorado Herbert R. Southworth a la hora de escribir sobre historia. Estribo en mirar siempre que sea posible en lo que hubiera detrás de los documentos. 

En el caso del Norte, ¿qué es lo que se silenció? La crucial aportación nazi, que por razones obvias se ha querido minimizar. 

No es un azar que los grandes historiadores militares franquistas que abordaron el tema dejaran de lado el origen de tal aportación. Pienso, por ejemplo, en el coronel de Artillería José Manuel Martínez Bande. O en el general de división en el Ejército del Aire Jesús Salas Larrazábal. O en el general de División Rafael Dávila, nieto del general que sucedió a Mola —tras estrellarse el avión de este a principios de junio de 1937— a la cabeza del Ejército del Norte. No me detendré en el ilustre coronel de Aviación Jaime de Montoto y de Simón que presenta (en una publicación conjunta de la Real Academia de la Historia y del Ministerio de Defensa) las cosas al revés: el impoluto mando franquista convenció a los nazis para que desplegaran en el frente Norte a casi toda la Legión Cóndor. 

Tales y tan esforzados autores (hay más) se abstienen cuidadosamente de introducirse en vericuetos foráneos. Uno, en particular, utilizó otro recurso para dar el pego. Atribuyó a Kindelán y al coronel Juan Vigón haber convencido al Generalísimo, aunque “sin ningún entusiasmo”. Que tal carencia apareció ya en fecha temprana lo demuestra el propio Salas al reproducir los pertinentes documentos y concluir que “Mola había preparado un proyecto de orden el 26 de enero y antes del 9 de febrero de 1937 el general jefe de la 6ª División había precisado un boceto de plan de operaciones para el Norte”. Origen, pues, español y muy español.

El general Rafael Dávila ha tratado recientemente de sortear el tema en la p. 248 de su magna obra. Mola, afirma, estaba a finales de año muy dolido por la atención prestada al frente de Madrid que tan mal salió. Sus subordinados le plantearon que la operación en el Norte debía continuar hacia Bilbao. Sin embargo, Mola les comentó que Franco no cesaría en mantener su atención fijada en Madrid. Es difícil que Franco ignorase que la caída de la capital tendría importantísimas repercusiones internacionales favorables a su causa (y como hoy sabemos hasta el propio Stalin advirtió de ello simultáneamente al embajador republicano Marcelino Pascua), pero en febrero de 1937 ya se había revelado difícil. 

En el mes de octubre Hitler había decidido formar la Legión Condor e informado a Franco de las condiciones a que se atendría

Tampoco hay que desdeñar la posibilidad de que, tras el renovado achuchón de Mola en enero, algunos militares continuasen en la brecha que él había querido abrir. O no. Las razones pueden diferir en ambos casos, pero no es en ello en lo que deseo detenerme. Lo que quiero subrayar es que tan esforzados historiadores militares españoles "dejaron cuidadosamente de lado las cada vez más intensas presiones del general Hugo Sperrle, mando supremo en España de la Legión Condor". 

No hay que olvidar que tampoco este actuaba en el vacío. A principios de enero por parte alemana ya se había pensado en dicha campaña. Indicios de ello los aporta la profesora Stefanie Schüler-Springorum en un libro publicado en alemán en 2010 y poco después traducido, aunque no completamente, al castellano. Ya entonces un visitante de la España de Franco pensó que habría que recurrir a bombardeos de terror.

Ahora bien, existe un borrador —muy conocido de los especialistas— de la historia oficial de la participación alemana en dicha campaña y en otras de la guerra civil. En lo que aquí nos interesa (Die Kämpfe im Norden: Los combates en el Norte) se evocan los antecedentes. Empieza con el siguiente análisis:

“El fracaso de los ataques de los nacionales contra Madrid y la ofensiva de Guadalajara en febrero y marzo de 1937 obligaron a adoptar nuevas decisiones operativas. Había que intentar compensar los indeseados efectos políticos de tales tortazos mediante actuaciones en otros frentes y evitar que la iniciativa pasara al enemigo. En este sentido el comandante en jefe de la Legión, general Sperrle, insistió cerca del Generalísimo a que se tomara alguna decisión”.

He procurado atenerme lo más estrictamente posible al original y no hacer florituras en castellano. Me importa más destacar que en modo alguno podría acusarse a Sperrle de extralimitarse en sus cometidos. En el mes de octubre Hitler había decidido formar la Legión Condor e informado a Franco de las condiciones a que se atendría. (No es el momento de enumerarlas, aunque lo haré si a mis amables lectores les interesa, porque también han sido objeto de manipulación en la historiografía patria).

Entre ellas figuraba la definición del papel de Sperrle. Debía ser el de consejero y asesor de Franco en relación con el empleo de la Condor, es decir, el aspecto más importante y significativo que debería servir de guía para su labor (o sea órdenes del Führer, ya en su periodo de empezar a pasar por el mayor genio militar de todos los tiempos, en alemán abreviado Grössfaz).  

Los militares nazis describieron la situación española desde el punto de vista militar de la manera siguiente:

“No existían reservas operativas en formación cerrada. La capacidad combativa de las fuerzas en el frente de Madrid estaba quebrada por el momento. No cabía contar con las brigadas italianas entonces. El Ejército del Sur estaba cansado. El ataque contra el frente Córdoba-Don Benito-Toledo, que el general Sperrle había aconsejado repetidamente, no podía realizarse en aquellas circunstancias. En el extenso frente de Aragón se mantenía la calma, con independencia de algunos avances locales. La fuerza y la condición de las tropas no permitían llevar a cabo ataques de grandes dimensiones”. 

Dejo al cuidado de los eminentes historiadores militares franquistas, parafranquistas o metafranquistas la disección de tales afirmaciones, que he procurado verter del alemán pegándome lo más posible al texto original. Se trata de las formulaciones a las que los redactores de la historia de su intervención en España llegaron después de consultar la enorme masa de documentación disponible entonces en Berlín. Hoy, por desgracia, desaparecida en gran medida a consecuencia de uno de los bombardeos aliados sobre la capital del ya casi noqueado Tercer Reich en los primeros meses de 1945.

(Continuará)

Ángel Viñas es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra, recién publicada, es La forja de un historiador' (Crítica, Barcelona, 2024).

Anterior serie del mismo autor en infoLibre: 'Franco alargó conscientemente la guerra civil'.

Por esas casualidades que ocurren a veces, mis últimas tres contribuciones a este periódico sobre la campaña de Cataluña coincidieron con la publicación de un artículo en una revista académica. Los autores discreparon de mi tesis de que Franco quiso prolongar la guerra en tal ocasión. No es este el lugar para enzarzarme en una disputa. Quisiera, simplemente, ilustrar una tesis complementaria. La necesidad de estudiar el proceso de elaboración de las órdenes de operaciones en sus diferentes versiones hasta que las aprobase el Alto Mando es un ejercicio útil y con frecuencia imprescindible. 

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