Lo malo, lo feo, lo cutre

Seguramente no tenía que hablar de esto, con la que está cayendo… Pero no me resisto. Y no me resisto porque, a veces, lo menor desnuda a lo mayor. A veces, lo pequeño nos lleva a pensar en lo grande. Y eso me ha pasado a mí con el espectáculo que Madrid ofreció al papa en el Santiago Bernabéu… y su contraparte en Barcelona. Más allá de la broma fácil, esos dos espectáculos explican mucho de en qué se ha convertido Madrid en estos años. Y no, no es caer en la competición burda entre las dos ciudades. Es que lo de Madrid desvela la realidad de una ciudad/comunidad gobernada desde hace muchos años por la peor derecha. El acto con el papa en el Bernabéu, desgraciadamente, nos muestra un Madrid que conocemos bien quienes vivimos aquí; porque ha sido construido/destruido por un neoliberalismo que es también un movimiento cultural que lo impregna todo. Esta es la ciudad que consiguió hacer un tema de que Carmena osara vestir a un Rey Mago con un traje de fantasía. 

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Hay un dicho en Madrid que dice que esta ciudad nunca ha dejado de ser un poblachón manchego. Yo entiendo que con eso quiere decirse que es una población que se encuentra, física y simbólicamente, en un páramo; aislada de cualquier foco cultural relevante. Esto es así pero, además, podríamos añadir aquí que, debido a su capitalidad, Madrid tiene un evidente complejo de superioridad que le lleva a suponer que, con eso, es suficiente; por ello ha terminado siendo paleta y localista. En Madrid se pretende hacer todo a lo grande, pero “grande” no es bueno, ni bello, ni interesante, ni mejor. “Grande”, en el caso de la cultura, de un espectáculo, de una fiesta, no significa nada. 

El acto que la Iglesia de Madrid montó en el Bernabéu, supongo que con mucho apoyo institucional, nos ha mostrado al mundo como el epítome de lo cutre, casposo, desfasado, hortera. Y no será por falta de recursos. El espectáculo que tuvimos la desgracia de contemplar sólo puede atribuirse a esa tradición por la que cualquier cosa que se haga en Madrid con dinero, con mucho dinero, está bien hecha. En Madrid hace mucho que se da un trumpismo avant la lettre que entiende que hay que dar la batalla contra la izquierda también en la cultura y esa idea, con el tiempo (y con muchas resistencias, naturalmente) ha ido impregnando mucho de lo relacionado con la cultura, las celebraciones populares, los espectáculos. 

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En Madrid se pretende hacer todo a lo grande, pero “grande” no es bueno, ni bello, ni interesante, ni mejor. “Grande”, en el caso de la cultura, de un espectáculo, de una fiesta, no significa nada

Hace mucho que el PP de Madrid presume de ignorancia y mediocridad, hace mucho que se ponen impedimentos a las fiestas populares, salidas de los barrios y de la gente; hace mucho que decidieron subvencionar los toros o espectáculos caducos y cutres antes que esforzarse por convertir esta ciudad en un foco cultural de vanguardia. No voy a decir que la cultura es de izquierdas porque, aunque en gran medida sí lo es, ha habido y hay grandes creadores de derechas, incluso dictadores terribles, que amaban la cultura y que eran cultos. Esa es otra discusión que no se da en la derecha neoliberal trumpista, donde una de sus características principales es hacer ostentación de ignorancia, de incultura, incluso de estupidez. Y no es sólo hacer ostentación de todo ello, sino que hay también una intención consciente por insensibilizar a la gente ante la belleza o la cultura. Supongo que piensan que cuanto más brutos sean los votantes más se sentirán representados por políticos ignorantes que se ríen de cualquier muestra de sensibilidad artística. La cultura es woke, la belleza es woke, la inteligencia es woke, ETA y comunismo. Incluso la bondad es woke. Es en ese sentido en el que la ceremonia de inauguración del Mundial de futbol que se celebró en EEUU, con todos los recursos posibles a su alcance, fue absolutamente cutre, pobre y aburrida. 

Los espectáculos, tanto el del Bernabéu como el del Mundial, tienen ambos que ver con la mirada que esta derecha que padecemos proyecta sobre el mundo. Si Trump forra la Casa Blanca de oro porque un día vio el palacio de Versalles y le pareció de buen gusto, los organizadores del acto del Bernabéu han sido capaces de hacer un acto casi inexplicable. Dos locutores deportivos gritaban "GOOOOL" sin ton ni son mientras un cuerpo de baile sacado de un instituto daba patadas (flojitas) a un balón al tiempo que otros cuantos ¿bailarines? ¿voluntarios? ¿La juventud del papa? daban saltos desacompasados y absurdos celebrando esos falsos goles papales. No sé cuánto costó la broma, pero la cosa era muy parecida a la fiesta de fin de curso de un colegio y el guionista del engendro merece padecer los males del infierno. 

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Las fiestas y los espectáculos de Madrid son en demasiadas ocasiones así: cutres, casposos

En Barcelona no sólo hicieron un espectáculo lleno de belleza, sino que tuvieron el buenísimo gusto de que pareciera que todo iba dedicado a Gaudí, con lo que no sólo los católicos podían sentirse incluidos. Hicieron coincidir la bienvenida al papa con la presentación de una de las últimas torres que faltaban por concluir de la Sagrada Familia y los drones proyectaron en el cielo la imagen del arquitecto. Si eso se llega a hacer en Madrid, allí hubiéramos visto la cara iluminada del papa, o de Ayuso, quien sabe, o puede que de Nacho Cano. 

Las fiestas y los espectáculos de Madrid son en demasiadas ocasiones así: cutres, casposos, baratos (aunque cuesten muchísimo dinero), grises, deprimentes y carentes de cualquier rasgo imaginativo o de modernidad; y dan un poco de vergüenza. Dijo Ayuso que el papa hablaba al mundo desde Madrid o Madrid se hablaba con el papa, o el papa hablaba para Madrid, porque todos somos uno… o varios. No se la entendió nada de lo que dijo en una de sus características entrevistas en las que le da por improvisar. Lo que sí se entendió es que Madrid es incapaz de montar un espectáculo digno porque hace mucho que los políticos que la gobiernan son como la cultura que imaginan y los espectáculos con los que se presentan al mundo: grises, tristes, casposos, cutres, desfasados, ignorantes. Para librarnos haría falta un fuerte y valiente impulso, sostenido en el tiempo, en la dirección contraria a aquella en la que vamos. 

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Beatriz Gimeno es exdirectora del Instituto de las Mujeres.

Seguramente no tenía que hablar de esto, con la que está cayendo… Pero no me resisto. Y no me resisto porque, a veces, lo menor desnuda a lo mayor. A veces, lo pequeño nos lleva a pensar en lo grande. Y eso me ha pasado a mí con el espectáculo que Madrid ofreció al papa en el Santiago Bernabéu… y su contraparte en Barcelona. Más allá de la broma fácil, esos dos espectáculos explican mucho de en qué se ha convertido Madrid en estos años. Y no, no es caer en la competición burda entre las dos ciudades. Es que lo de Madrid desvela la realidad de una ciudad/comunidad gobernada desde hace muchos años por la peor derecha. El acto con el papa en el Bernabéu, desgraciadamente, nos muestra un Madrid que conocemos bien quienes vivimos aquí; porque ha sido construido/destruido por un neoliberalismo que es también un movimiento cultural que lo impregna todo. Esta es la ciudad que consiguió hacer un tema de que Carmena osara vestir a un Rey Mago con un traje de fantasía. 

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