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Para que Moncloa no sea otra 'Zona de Interés'

El ataque de Irán contra Israel el pasado fin de semana supone un salto muy preocupante en la escalada de tensión a la que llevamos asistiendo los últimos meses en la región de Oriente Medio. Si bien es cierto que no ha supuesto grandes daños –gracias a la protección que EEUU, Jordania, Francia y Reino Unido han blindado a Israel; a la antelación con la que fue prevenido Israel del ataque así como a la dirección del mismo sobre bases militares y no sobre objetivos civiles–; ha hecho saltar, sin duda, todas las alarmas sobre la posible extensión del conflicto bélico con las terribles consecuencias que esto podría suponer. Decía sobre estos hechos Josep Borrell que estamos al borde de un precipicio: “A veces nadie quiere la guerra, pero entre todos la organizan”. O lo que es lo mismo, que aunque el relato es de paz, las políticas son de guerra. Y nuestro Gobierno, ¿dice la paz y hace la guerra?

Leo todo ello volviendo de pasar unos días fuera de España, en un avión en el que comparto fila de asientos con una familia judía. Sobre las piernas de un hombre de mediana edad, duermen un niño y una niña, ninguno tendrá más de 10 años. Él viste kipá y revisa compulsivamente, como yo, X antes de despegar. No puedo evitar pensar en el alivio que tiene que suponer para ese padre que sus hijos estén a salvo. Me pregunto qué sentirá sobre los 14.000 niños y niñas asesinadas en Gaza. Me pregunto si no somos todos ya habitantes de la cotidianidad del escalofriante filme La Zona de Interés; si existe una cantidad determinada de kilómetros de distancia con la guerra que nos permitan disfrutar de nuestras vidas como si el horror no existiera tal y como les sucede al Comandante Höss y a su familia en el estupendo chalet en el que viven muro con muro con el Campo de Concentración nazi de Auschwitz. Gaza está lejos y en Madrid hay corruptos, no genocidas. Pero lo cierto es que el ataque de Irán sobre Israel ha hecho que los 5.000 kilómetros que nos separan del genocidio nos supieran a poco a todos los europeos, tercera guerra mundial se hace TT en X y, de pronto, somos una zona interesada en el conflicto. Modérense, no vaya a estallar la guerra.

¿Y qué pensará nuestro presidente? La verdad que no lleva un buen mes. Se lo gritan en la calle, se lo dicen las encuestas, se lo dice la derecha, se lo dicen sus socios. Él mismo lo dice en sus redes sociales: máxima preocupación, responsabilidad, moderación. Aprender de la historia. A pesar de todo, las fuentes de Moncloa insisten en que la situación no cambia y, a pesar de la condena firme al ataque sin precedentes perpetrado por Irán a Israel, la hoja de ruta del Gobierno no varía. En este contexto, esto es una gran noticia, pero sin duda insuficiente.

Nuestro Gobierno debe, de una vez por todas, ponerse a organizar la paz y no la guerra. Puede que nos juguemos nuestra seguridad pero desde luego que este gobierno ya se ha jugado su prestigio. Nunca es demasiado tarde para la paz

La previsión es que España reconozca a Palestina como Estado, o al menos parece que va a suceder de manera inminente (a ver si al final va a ser como lo de la vivienda y tal). Para ello y antes de llevar esta iniciativa a Consejo de Ministros, el ministro de Exteriores defenderá el reconocimiento de Palestina esta misma semana en Naciones Unidas, iniciativa que no prosperará pese a que muchos son los países que podrían votar favorablemente, ya que el veto de EEUU impediría cualquier resultado favorable para la iniciativa que nuestro Gobierno defiende como clave para la paz.

En las últimas horas el Gobierno se ha esforzado intensamente en trasladar que no quiere la guerra y quiere la paz. Que lo que ha hecho Irán no cambia las cosas y que Palestina es un Estado y así se reconocerá. Pero, y a pesar de que el reconocimiento de Palestina como Estado es una medida importante, ¿de verdad nuestro Gobierno no puede hacer más? ¿Dónde ha quedado la España de la retirada de las tropas en Irak? ¿Dónde ha quedado ese espíritu socialista que acogió al buque Aquarius con cientos de migrantes ante la negativa del resto de Europa? Si nuestro Gobierno quiere la paz, las preguntas son sencillas: ¿Por qué el Gobierno de Sánchez sigue vendiendo armas a Israel a pesar de haber anunciado el cese temporal de dichas exportaciones? ¿Por qué el Gobierno de Sánchez no llevó a Netanyahu a la Corte Penal Internacional para que fuese juzgado por crímenes de Guerra como proponía Ione Belarra y finalmente lo hizo el Gobierno de Sudáfrica? ¿Por qué no se rompen las relaciones diplomáticas con Israel y, lejos de hacerlo, amanecemos hoy con una entrevista a su embajadora en RTVE?

No esperamos nada diferente de Estados Unidos, de Reino Unido o de Francia. Pero de España, cuyo Gobierno, a las puertas de unas elecciones europeas, es una excepción a la izquierda, en Europa y en el mundo, sí. Si España quiere paz, al Gobierno debería interesarle la paz y no la guerra. Nuestro Gobierno debe, de una vez por todas, ponerse a organizar la paz y no la guerra. Puede que nos juguemos nuestra seguridad, pero desde luego que este gobierno ya se ha jugado su prestigio. Nunca es demasiado tarde para la paz. 

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Ángela Rodríguez es secretaria de feminismos de Podemos y exsecretaria de Estado de Igualdad.

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