Las mujeres de Irán

Sorprende la repentina preocupación que le ha entrado a la derecha y a la ultraderecha por las mujeres, pero no por todas, solo por las de Irán. Y sorprende porque los mismos partidos que niegan la violencia de género en España, que dan recorrido al mito de las “denuncias falsas”, o que callan cuando personas de sus formaciones son denunciadas por agredir a una mujer, de repente emprenden una cruzada preocupados por la situación de las mujeres en Irán.

Su actitud es muy significativa por lo que revela, que, evidentemente, no es una preocupación por las mujeres de Irán, como no lo es por las mujeres en ningún lugar del planeta, de lo contrario deberían pedir que se bombardeara medio mundo para liberarlas de las imposiciones y agresiones machistas. Porque esa es la clave que hábilmente esconden, centrar el problema en las mujeres de Irán por sufrirlo, y ocultar que el problema son los hombres de Irán, como los de todo Oriente Medio y toda Asia, toda Europa, toda África, toda América y toda Oceanía. No es la conducta la que dibuja la realidad, sino los valores, ideas y creencias de la cultura que la hacen posible, y esa cultura es el machismo.

Una cultura levantada sobre la desigualdad entre hombres y mujeres que lleva a organizar la sociedad a partir de esas referencias, las cuales varían en su grado y forma de expresarse cómo varían las formas de entender la democracia y otras estructuras, pero siempre giran sobre los elementos comunes del androcentrismo. Una situación que debe llevar a entender que no porque haya sociedades que han avanzado más desde las posiciones machistas, y hayan dejado atrás muchos de sus mandatos originales, están fuera de la construcción androcéntrica y ajenas a sus consecuencias.

Una de las trampas del machismo es centrar su argumento en un criterio cuantitativo para ocultar su presencia bajo el camuflaje de la intensidad, haciendo creer que como hay situaciones más graves, las menos intensas no son problema. Es lo que lleva a muchas víctimas de la violencia de género a decir “mi marido me pega lo normal”, al comparar lo que ocurre habitualmente con otras ocasiones en que las agresiones son de mayor intensidad y, entonces, “no son normal”. Y no lo dicen como algo que piensen ellas de manera individual, sino porque la cultura lo ha impuesto como una referencia para mantener las relaciones de pareja. Por eso los jóvenes reproducen el mandato en la actualidad, como vemos cuando un 20% de los chicos de 15 a 29 años manifiesta que “si la violencia es de poca intensidad no es un problema para la relación de pareja” (Barómetro Centro Reina Sofía/FAD, 2025).

Desde la derecha se lanza el mensaje de que “las mujeres de Irán son buenas y los hombres de allí son malos”, mientras que “las mujeres de España son malas y los hombres de aquí son buenos”

De ese modo la cultura androcéntrica se garantiza el uso de la violencia contra las mujeres como parte de su estrategia de control, puesto que el problema no es la violencia en sí, sino la intensidad que se pueda utilizar en cada momento para que el resultado no sea “normal”. Y eso es lo que le permite decir a un líder de un partido político, como es Núñez Feijóo, respecto a otro líder de un partido que defiende ideas similares, como era el líder del Vox en Valencia, condenado por violencia de género, que se trató de un “divorcio duro”, obviando que la condena fue por violencia. Pero debió entender que como fue de “poca intensidad”, de hecho habló de “abuso verbal”, no era un problema.

La segunda parte de la trampa es que esa “violencia de poca intensidad” cada vez alcanza una intensidad mayor sin que se perciba ese incremento. Pues una vez que se normaliza un nivel de violencia, la comparación para ver si la violencia es mucha o poca no se hace con el nivel cero de violencia, sino con el nivel previamente normalizado, y así cada vez aumenta más, pero siempre es “normal” porque nunca es muy intensa frente a lo aceptado.

La estrategia para ocultar la violencia de género en España bajo el camuflaje de la violencia doméstica o la violencia familiar actúa bajo las mismas referencias: primero se le quita su significado al ocultar la construcción de género que hay en ella llamándola doméstica o familiar, y después se compara con la violencia en Irán para decir que como no se hace nada contra esa violencia se demuestra que las políticas españolas son chiringuitos para enriquecerse y quitarle los hijos, la casa y la paga a los hombres después de denunciarlos falsamente. De ese modo se produce un cambio de significado muy práctico para sus intereses, y se lanza el mensaje de que “las mujeres de Irán son buenas y los hombres de allí son malos”, mientras que “las mujeres de España son malas y los hombres de aquí son buenos”.

Todo es una manipulación inaceptable de las mujeres de allí y de aquí para justificar sus posiciones bajo el impacto que la situación tiene sobre los hombres: aquí los presentan como víctimas que hay que proteger del feminismo, y allí, en Irán, como malvados que hay que destruir.

La posición del PP y Vox está en el abandono y negación de la violencia de género en España, y en presentar una guerra que dañará más a las mujeres que a los hombres como una “liberación” de las primeras, como si acabar con un régimen político cambiara la cultura sobre la que se asienta. Podrá modificar la forma de expresar las ideas, valores y creencias, pero siempre se hará bajo las mismas referencias culturales a no ser que estas se transformen. Y para transformar la cultura no hacen falta bombas, sino democracia, educación en igualdad y Derechos Humanos.

Si no se apuesta por la igualdad y los Derechos Humanos, alguien podría plantear mandar la UME y tomar las Comunidades Autónomas donde sus gobiernos nieguen la violencia de género.

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Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.

Sorprende la repentina preocupación que le ha entrado a la derecha y a la ultraderecha por las mujeres, pero no por todas, solo por las de Irán. Y sorprende porque los mismos partidos que niegan la violencia de género en España, que dan recorrido al mito de las “denuncias falsas”, o que callan cuando personas de sus formaciones son denunciadas por agredir a una mujer, de repente emprenden una cruzada preocupados por la situación de las mujeres en Irán.

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