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Comunicación y negacionismo climático

David Sánchez Ramos y Jesús Martínez Linares

Cualquiera que publique contenido en redes sociales relacionado con el cambio climático o con la pérdida de biodiversidad, las dos mayores amenazas ambientales de nuestro tiempo, sabe que está expuesto a recibir comentarios despectivos e insultos, mezclados con argumentos sin base científica. El objetivo es siempre desprestigiar tanto a la persona que escribe como a la institución que representa. Poco importa que el contenido publicado tenga un fundamento científico sólido o que sea completamente neutral desde el punto de vista ideológico. La comunicación climática y ambiental está en el punto de mira, cada vez con mayor nivel de agresividad. En un mundo fuertemente polarizado, la violencia verbal y, a veces lamentablemente hasta la física, ganan terreno frente a la reflexión, el razonamiento científico o la propuesta de soluciones innovadoras.

Por otro lado, la rotundidad con que la ciencia del clima advierte de la amenaza existencial de la emergencia climática no tiene parangón. António Guterres, secretario general de la ONU, se expresa con claridad cuando advierte que “el clima está colapsando” o que la humanidad se encuentra en “código rojo”. Una reciente encuesta publicada por The Guardian, realizada a 380 científicos importantes del clima, retrata una situación de auténtico contraste entre la gravedad crítica de la situación frente a la irresponsabilidad de los negacionistas y la inacción. Y es que una mera variación de una décima de grado de subida global de temperatura implica 140 millones de personas más sufriendo de olas de calor extremas. Una perplejlidad que recuerda por tanto a la reflejada por la película ¡No mires arriba! El sueño de la razón produce monstruos.

El ruido mediático y las noticias falsas acerca del cambio climático suelen ser fáciles de identificar: suelen mezclar conceptos científicos de forma incoherente al tiempo que hablan de supuestas conspiraciones, siempre sin demostrar, en las que unos pocos interesados que mueven los hilos salen beneficiados. Es habitual que recurran al sarcasmo, al chiste fácil y que apelen a instintos fundamentales mediante mensajes simples y consignas de pertenencia a un grupo ideológico. Y, ante todo, buscan perpetuar el status quo actual, dominado por una economía lineal, extractiva y profundamente dependiente del uso intensivo de combustibles fósiles.

La posible alteración de los equilibrios actuales en el nuevo parlamento que se forme tras las elecciones podría poner en peligro la continuidad de muchos de los avances conseguidos en los últimos años

Pero, ¿por qué existe tanto interés en deslegitimar la ciencia del clima y negar lo evidente? El motivo es el éxito con el que gobiernos, empresas y la propia ciudadanía estamos poniendo en marcha las transformaciones necesarias para frenar drásticamente las emisiones. La Unión Europea marca el rumbo a nivel global, como puso de manifiesto la COP28, y está demostrando con hechos que es posible la transición a un modelo energético 100% renovable, libre de combustibles fósiles. Las instituciones europeas proponen un nivel mayor de ambición hacia la movilidad compartida, eléctrica y basada en una red sólida de transporte público. La economía circular, que minimiza los residuos y reduce la necesidad de extraer nuevas materias primas, la restauración de la biodiversidad en ecosistemas degradados, la reducción del uso de agentes químicos en el sector primario o el impulso del hidrógeno verde para una industria pesada libre de emisiones directas de CO2 están presentes en la agenda europea actual, con mayor o menor ambición. Por primera vez en la historia, estamos mirando a los ojos a la amenaza del cambio climático y actuando con decisión, lo cual está activando importantes cambios sistémicos.

La continuidad de las políticas encaminadas a la descarbonización no está garantizada en la Unión Europea. El negacionismo agresivo no da tregua y va ganando adeptos, impulsado por las corrientes populistas y ultranacionalistas que se nutren del desconcierto que genera la situación geopolítica actual. El próximo 9 de junio se celebran elecciones al Parlamento Europeo, y las instituciones comunitarias son conscientes de que hay mucho en juego. Actualmente existen grandes consensos en Europa entre los principales partidos políticos, a diferencia de lo que suele ocurrir en la política nacional; uno de los acuerdos que empieza a mostrar grietas es el de la hoja de ruta de descarbonización. La posible alteración de los equilibrios actuales en el nuevo parlamento que se forme tras las elecciones podría poner en peligro la continuidad de muchos de los avances conseguidos en los últimos años: la propia existencia del Pacto Europeo por el Clima podría estar en entredicho. Y la receta para evitarlo está clara, una participación electoral masiva de los ciudadanos y ciudadanas que nos sentimos orgullosos de formar parte de la Unión Europea y comprendemos que la seguridad climática y ambiental es un elemento fundamental para garantizar el futuro de la paz, la justicia y el desarrollo económico y social de los que disfrutamos actualmente en Europa.

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David Sánchez Ramos y Jesús Martínez Linares son embajadores del Pacto Europeo por el Clima.

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