No es habitual para una columna de Inteligencia Artificial usar como fuente de inspiración una encíclica papal. Pero hay que reconocer que el actual jefe del Estado Vaticano se ha mojado, y mucho, con su Magnifica Humanitas, que, entre otras cosas, toca el tema de la nueva tecnología y se posiciona del lado de los humanos contra las grandes tecnológicas y el tecnofeudalismo.
No es que nos haya salido un papa negro y el fin del mundo se acerque como decía Nostradamus, sino que al igual que en su homónimo León XIII, que en plena revolución industrial promulgó su encíclica Rerum Novarum en un momento en que la Iglesia se debatía si debía meterse en las condiciones de los trabajadores o preocuparse solo de lo divino, desarrolló la doctrina social y vino a decir que la Iglesia no estaba solo para lo espiritual, y que no debía quedarse al margen. Ahora, León XIV repite la jugada con la IA, 135 años después y pisando callos.
Bien es cierto que no es la primera vez que el papa tiene que hablar sobre IA, y que en el mes de febrero hizo una comunicación interna pidiendo a los sacerdotes que “resistieran la tentación de usarla”, porque había detectado que numerosos curas le pedían el sermón a ChatGPT, y afirmaba que “si no se usaba el cerebro, se atrofiaba”. Curioso, lo mismo que dicen en las universidades sobre los alumnos y los trabajos hechos por IA, porque ahora los párrocos están haciendo e-sermones. Si es que en el fondo todos somos iguales, llevemos cuello azul, blanco o alzacuellos, somos unos comodones.
León XIV dedica el capítulo tercero de su encíclica, titulado Técnica y Dominio. La grandeza de las personas humanas frente a la IA, diciendo dice cosas como que “la tecnología no es una fuerza antagónica respecto a la persona”, pero indica que “no es neutra porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”, y en su estilo retórico nos llama a “construir el bien” y a “permanecer humanos”, diciendo que “la persona no es un recurso que se usa y se explota” y que “la tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocos”.
Hay que reconocer que en esta encíclica se pisan muchos callos. Incluso defiende la inmigración. Menos mal que en el resto del texto, el Pontífice vuelve por sus fueros y mete de cazo la condena al aborto y a la eutanasia, llamándolas “decisiones gravemente ilícitas”. En fin, la cabra tira al monte y este plumilla respira algo más aliviado y no tiene que desempolvar el Nuevo Testamento.
Pero bueno, dejemos a la Iglesia con sus contradicciones y vamos a desgranar algunos de estos puntos.
El ‘tecnofeudalismo’ tiene nombre y apellidos
La Iglesia católica sabe mucho de feudalismo porque básicamente convivió y creció a su sombra durante siglos. Pese a ello, advierte sobre el peligro de que unos pocos magnates de Internet controlen la tecnología y los derechos. El Papa señala directamente que “los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos”. Y remata con una bofetada: que algunas corrientes post humanistas llegan a plantear la existencia de seres humanos “de segunda clase, al servicio de los intereses de élites que se perciben a sí mismas como superiores”. En romance paladino: Peter Thiel, Elon Musk, Sam Altman y familia.
Con la afirmación que la “tecnología no es neutra y toma los sesgos de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”, el obispo de Roma aclara que la IA actual tiene la dirección de tres fondos de inversión de riesgo de California y la ética de un consejo de administración que quiere reventar el mercado laboral. Que el Pontífice lo diga con esa claridad es un ataque a la superioridad moral de Silicon Valley. En el subapartado La dignidad del trabajo en la transición digitalÇ, León XIV afirma: “Cuando cada gesto deja huellas —desplazamientos, compras, relaciones, preferencias— se crea un poder nuevo: el de perfilar, prever y orientar los comportamientos, a menudo sin que las personas tengan plena conciencia de ello”. El papa está describiendo el modelo de negocio de Meta y Google con una precisión que duele.
León XIV no nos está pidiendo que vayamos a las sedes de Google a quemar servidores con antorchas. Lo que hace la 'Magnifica Humanitas' es avisar de que, si no queremos que la historia se repita en forma de conflicto social, la solución (...) es la gobernanza de la IA
Desempleo: el elefante en la habitación
El inquilino del Vaticano se va creciendo en su encíclica, y en el capítulo cuarto, Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad, dice que “los trabajadores se ven obligados a adaptarse a la velocidad y a las exigencias de las máquinas, en lugar de que estas últimas estén diseñadas para ayudar a quienes trabajan”. Y va más allá: advierte que “en algunos contextos es realista temer una reducción significativa y rápida de los puestos de trabajo disponibles, con un efecto en cadena que afecta profundamente a las familias, a los jóvenes y a las economías locales”.
León XIV cita a Juan Pablo II, diciendo que “el desempleo es un mal grave que puede convertirse en una verdadera calamidad social”, y señala que la innovación se acoge “únicamente con el fin de reducir costes y aumentar los beneficios”. Que esto lo diga el Vaticano, que no es precisamente una ONG de izquierdas, y en palabras de Juan Pablo —que no Francisco— tiene su miga.
En el siglo XIX, un obrero inglés llamado Ned Ludlam que había perdido su trabajo, destrozó a martillazos el telar mecánico que le había sustituido y fue ajusticiado. Esto creó un movimiento que se oponía a la Revolución Industrial, destrozando máquinas y firmando sus acciones como capitán Ludd. La Iglesia tardó casi un siglo en reaccionar y proteger al trabajador, pero cuando lo hizo con la Rerum Novarum, entendió que el camino no era destruir la máquina, sino pastorear al capitalismo. Hoy, León XIV no nos está pidiendo que vayamos a las sedes de Google a quemar servidores con antorchas. Lo que hace la Magnifica Humanitas es avisar de que, si no queremos que la historia se repita en forma de conflicto social, la solución no es el sabotaje, sino la gobernanza de la inteligencia artificial. Hay que preparar el terreno legal antes de que el feudo digital no deje ni las migajas
Nos encaminamos a un conflicto social que puede dejar en rabieta al que se produjo en la Revolución Industrial, pero esta vez tenemos un competidor que no se cansa, no pide vacaciones y no tiene conciencia de clase. Así que la próxima vez que te digan que temer la IA es cosa de flojos que no quieren adaptarse, y que regular la IA va contra el mercado y la libertad, puedes responderle con los datos en la mano que solo estás citando al Papa. Y si encima tu interlocutor se declara cristiano conservador, o gente de bien de misa diaria, el cortocircuito será glorioso.
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Isaac Pozo es director de Proyectos de la Fundación Alternativas
No es habitual para una columna de Inteligencia Artificial usar como fuente de inspiración una encíclica papal. Pero hay que reconocer que el actual jefe del Estado Vaticano se ha mojado, y mucho, con su Magnifica Humanitas, que, entre otras cosas, toca el tema de la nueva tecnología y se posiciona del lado de los humanos contra las grandes tecnológicas y el tecnofeudalismo.