Lo que Feijóo no entiende
En las últimas semanas se está poniendo de manifiesto algo que, sin ser nuevo, asombra ver con tanta claridad. El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, tiene serias dificultades para entender la realidad del país que aspira a gobernar.
Se comprobó la pasada semana en la reunión del Cercle d’Economía, uno de los principales think tanks en Cataluña que reúne a personalidades del ámbito académico, económico, financiero y cultural. El día anterior a la intervención de Feijóo en las jornadas anuales de este foro, el Partido Popular había anunciado su intención de solicitar a PNV y Junts apoyo para presentar una moción de censura. Pues bien, ante la plana mayor del establishment catalán Feijóo tiró de soberbia para decir que no iba allí a pedir favores ni a hacerlos. ¡Toda una muestra de empatía, diplomacia y seducción política! Para ser justos, hay que decir que se manifestó así tras conocer la respuesta que Junts daba a su propuesta: si Feijóo tiene algo que plantear, nos vemos en Waterloo, dijo Turull ejerciendo de portavoz de los independentistas. ¿Quién lo iba a imaginar? No es la primera vez que el líder conservador hace algo así. El año pasado, en las mismas jornadas, y en pleno debate sobre la OPA del BBVA al Sabadell, se mostró partidario de la OPA delante del establishment económico catalán, que jugaba, por supuesto, en el equipo contrario.
En el fondo, lo que Feijóo y los suyos no entienden es que España es un país plural y diverso
Feijóo tampoco entiende al PNV ni a Euskadi. Tras insultarles permanentemente a lo largo de estos últimos años, ahora les pide su apoyo para esa moción de censura. Para facilitar las cosas, el portavoz Miguel Tellado intentó hacer amigos con estas declaraciones: “O se está con Sánchez y se sostiene a la mafia en el poder, o se apoya un cambio de gobierno en España”. La respuesta del PNV no se hizo esperar: “¿Tú crees que somos masoquistas?”
En el fondo, lo que Feijóo y los suyos no entienden –y cuesta creerlo, puesto que han gobernado este país y lo siguen haciendo en comunidades autónomas y ayuntamientos– es que España es un país plural y diverso, eso que ahora llamamos un país plurinacional –con las diferentes versiones y variantes que pueda adoptar– y que es muy difícil mantener una posición de poder en el conjunto de la geografía hispana sin tener o una presencia notable o alianzas firmes en todos los territorios. Y hoy el Partido Popular no las tiene. Si llegara a gobernar en estas condiciones, sufriría en aquellos territorios donde carece de tales lazos.
En este contexto, lo que el Partido Popular tampoco entiende –o parece no entender– es que su actual alianza con VOX impide que pueda tener mayores aliados. Cuando se dice que hoy el Parlamento tiene una mayoría negativa se está indicando que la mayoría parlamentaria hoy es contraria a la ultraderecha. Lo que une a las fuerzas de la investidura es su repulsa a la ultraderecha. La aparición de Vox en la ecuación de una posible moción de censura o mayoría parlamentaria repele a otros posibles socios. Salvo giros copernicanos que a priori no interesan a nadie, los populares no tienen opción de juntar los votos necesarios para acabar con este Gobierno.
Finalmente, el PP tampoco entiende que nuestro ordenamiento jurídico sólo prevé dos maneras de acabar una legislatura una vez que el Ejecutivo ha echado a andar: o con la convocatoria de elecciones generales por parte del presidente del Gobierno o con esa moción de censura que hoy resulta imposible. Si ninguna de las dos se da, no hay forma de que los socios del gobierno “le dejen caer”, como repiten obstinadamente los líderes conservadores. No hay, por tanto –de momento–, ninguna vía que les lleve a un inminente cambio de Gobierno.
Si todo lo anterior es grave, más lo es, a mi entender, que Feijóo y los suyos no entiendan, o parezcan hacer ver que no entienden, que la moción de censura instrumental no existe. Podrá ser una triquiñuela política, pero está claramente contra el espíritu que el legislador quiso darle a esta figura. Nuestra moción de censura tiene carácter constructivo, y por eso exige proponer un/a candidato/a a la presidencia del Gobierno, que deberá presentar un programa para poder ser votado. El objetivo es garantizar la estabilidad y evitar cualquier vacío de poder. Con la idea de “moción instrumental” todo esto queda en entredicho.
El Partido Popular tiene una extraña habilidad. Cuando su adversario está en sus peores momentos, es capaz de hacer girar los focos apuntando a sí mismo. Y deja ver, de esta manera, todo lo que no entiende. Ver para creer.
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