Son los hechos, y no las palabras, los que crean (y destruyen) la confianza

La confianza es la materia prima de las sociedades, y más aún de las sociedades democráticas. En la actualidad ese preciado elemento está en horas bajas. Se mire donde se mire se comprueban mínimos históricos de confianza en las instituciones, en los agentes de intermediación e incluso en nosotros mismos como sociedad.

Quienes se dedican a cuestiones públicas, y en especial a la política, saben que construir confianza es la única manera de que las cosas vayan bien. Y saben también que es un material muy sensible; puede tardar décadas en construirse y se dinamita en un segundo. Así las cosas, una de las formas más eficaces que se conocen de crear confianza es pasar de las palabras a los hechos.

Autos como el dictado por el juez Peinado en relación a las medidas cautelares impuestas a Begoña Gómez y su asistenta, Cristina Álvarez, dinamitan la confianza en una institución esencial, nada menos que la justicia. Si ya la ciudadanía la valoraba por debajo del cinco, en los últimos años se comprueba cómo la desconfianza crece más entre los progresistas que entre los conservadores (aquí pueden ver los datos que ofrece el profesor Coller y aquí un estudio de More in Common, con similares conclusiones).

Si hay hechos que destrozan la confianza, también hay otros que la crean, o ayudan a ello. De ahí que sea difícil de entender que el Partido Socialista no pase de las palabras a los hechos e inicie las acciones judiciales contra los entornos de Leire Diez y Cerdán por haber creado –supuestamente– una oscura red de chantajes, presiones y corrupción, que no por fallida deja de ser grave.

Ya no basta con decir que actuaban por su cuenta. Si así es, la querella criminal está tardando. Es más, al no hacerlo, puede levantar la sospecha de que, tal como la propia señora Díez declaró recientemente en una entrevista en El Diario Montañés, la cántabra vale más por lo que calla que por lo que dice. Querellarse contra ambos sería una forma de demostrar que no hay nada que ocultar y marcar distancias. Un buen argumento con el que los militantes socialistas podrían mantener, fortalecer o recuperar la confianza en sus líderes.

A veces es muy difícil atisbar dónde acaba la confianza y empieza la cuestión de fe

También el presidente Zapatero a su salida de la Audiencia Nacional pedía en un comunicado que confiemos en él. En este caso será su abogado quien tendrá que asesorarle sobre cómo se consigue tener o retener la confianza de los suyos y al mismo tiempo preservar su defensa ante el juez, que, según hemos oído en los audios filtrados, no parecía muy convencido de las respuestas que iba dando el presidente Zapatero. A veces es muy difícil atisbar dónde acaba la confianza y empieza la cuestión de fe.

Quien estos días, sin embargo, ha mostrado que los suyos pueden confiar en él ha sido Alberto Núñez Feijóo, aunque el proceder ha sido al contrario: no ha pasado de las palabras a los hechos, sino de los hechos a las palabras. ¡Al fin! Después de años negando que se planteara gobernar con Vox en caso de que llegue a la Moncloa, tras acuerdos en decenas de ayuntamientos y en no pocas comunidades autónomas, por fin la pasada semana, movido por la ansiedad y aprovechando algo tan institucional como el programa El Hormiguero de Pablo Motos, reconoció que, en efecto, si los números lo requieren —como indican todas las encuestas— llegará a un acuerdo con Abascal para gobernar España.

El líder de Vox ya tiene la sartén por el mango; podrá pedir lo que quiera, le acaban de dar un cheque en blanco. Resultado: los votantes de Feijóo ya pueden confiar en que, si suman —no adelantemos acontecimientos—, Abascal será vicepresidente y los suyos dirigirán unos cuantos ministerios. No es que antes se dudara de ello, a la vista de los hechos, pero ahora lo han dejado meridianamente claro, tras haber prometido lo contrario en el congreso del PP celebrado hace un año. “Solo hay dos opciones: o Sánchez o yo. Y yo quiero un Gobierno en solitario. El único Gobierno en coalición que ha habido hasta la fecha no ha funcionado y yo no quiero darle a mi país los mismos espectáculos que vemos cada martes en el Consejo de Ministros”. Pues bien, sus votantes ya pueden confiar en que, si sus principios no funcionan, tiene otros. Y sin ninguna duda, gobernará con VOX (salvo que Abascal no quiera, que todo puede suceder).

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