Con mis propios ojos Aroa Moreno Durán
España lleva 108.000 hectáreas calcinadas este verano. Cuatro veces más que en las mismas fechas de 2025. 1.900 incendios. Cinco focos "de especial relevancia" ardiendo a la vez entre Guadalajara, Toledo, Madrid, León y Ávila. Con ese paisaje detrás, Miguel Tellado ha decidido que el problema no es el fuego. Es que Pedro Sánchez pronuncie las palabras "cambio climático".
Hace unos días, el secretario general del PP acusó al presidente de sacar "el comodín" del "pacto climático" "cuando ve que hay incendios en España". Y remató con una frase que debería quedar en las hemerotecas por su cinismo: "Eso del pacto climático y no sé qué, forma parte de la propaganda del que no hizo los deberes a tiempo". "Y no sé qué." Así se refiere el número dos de Génova a la mayor amenaza medioambiental del siglo. Con un chasquido de dedos y una sonrisa de plató.
Tellado exigió además que el Gobierno "abandone" la "propaganda" y ponga "todos los medios necesarios del Estado para colaborar con las comunidades autónomas". Repásese la frase: colaborar. Como si Moncloa fuera la responsable principal y las autonomías un socio de refuerzo al que hay que echarle una mano. Es mentira, y Tellado lo sabe.
El artículo 148 de la Constitución y la Ley de Montes no dejan margen de interpretación: la prevención y extinción de incendios forestales es competencia autonómica. Diseño del dispositivo, contratación de bomberos forestales, presupuesto de prevención: todo depende de cada comunidad. El Estado refuerza con la UME y medios aéreos. No sustituye a quien tiene la obligación legal.
Y aquí está el dato que Tellado convenientemente omite: la mayoría de las comunidades autónomas de España las gobierna el PP. Y no cualquier PP: el de los territorios que hoy arden con más saña. Castropodame (León) y Borgohondo (Ávila), en Castilla y León. Villa del Prado, en la Comunidad de Madrid. Los grandes fuegos de Soria, Segovia y Huelva. Todos, feudos populares.
¿Y los deberes de esos gobiernos? Castilla y León ha recortado su presupuesto de prevención de incendios un 90% en trece años. A escala nacional, más de 4.000 bomberos forestales despedidos y operativos desmantelados, con Andalucía, Castilla y León, Cataluña, Galicia y Madrid entre las regiones más golpeadas. En Andalucía, bajo Moreno Bonilla, sube el presupuesto sobre el papel pero baja el número de efectivos sobre el terreno. Esos son los deberes que nadie hizo. Y no los firmó Sánchez: los firmaron sus propios presidentes autonómicos.
Mientras Tellado despachaba el cambio climático en un plató, Sánchez visitaba el incendio de La Mierla, en Guadalajara, ya el mayor de la historia de Castilla-La Mancha con más de 32.000 hectáreas arrasadas. Allí pidió "un pacto de Estado entre las distintas instituciones y en las Cortes Generales" para "concienciar a la ciudadanía" y no "acordarnos de los incendios solo cuando se producen".
España sigue ardiendo a un ritmo cuatro veces superior al del año pasado. Esa es la única cuenta pendiente y no la paga Sánchez, la deben Tellado y los suyos
Ninguna lectura honesta de esas palabras encuentra ahí un "comodín" partidista. Hay una propuesta de acuerdo transversal, abierta también al PP, frente a un fenómeno que la ciencia ya no discute. La respuesta del PP no ha sido sentarse a negociar: ha sido ridiculizarla como "propaganda" y "eso... y no sé qué", sin una palabra de autocrítica sobre sus propios recortes.
Exigir coordinación estatal, medios aéreos y anticipación al Gobierno es legítimo y necesario. Hacerlo mientras se oculta que el grueso del dispositivo, del presupuesto y de la responsabilidad política recae en comunidades gobernadas por el propio PP no es fiscalización: es una cortina de humo con nombre y apellidos.
Que quede claro, entonces, quién enciende qué. Tellado no fiscaliza al Gobierno, blanquea a sus propios barones. Cada hectárea calcinada en Castilla y León, en Madrid, en Ávila, en Soria, en Huelva, lleva la firma de trece años de recortes que el PP ejecutó, votó y defendió en sus autonomías, y que ahora pretende que nadie recuerde mientras señala con el dedo a Moncloa. Es la vieja coartada de quien prende la mecha y luego corre a denunciar el incendio. No hay comodín en pedir un pacto de Estado frente a la emergencia climática; el comodín, el único, es el de un partido que gobierna el país en llamas y solo sabe usar el fuego como arma electoral. Mientras Génova pule titulares para la próxima entrevista, España sigue ardiendo a un ritmo cuatro veces superior al del año pasado. Esa es la única cuenta pendiente, y no la paga Sánchez: la deben Tellado y los suyos.
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José González Arenas es secretario de Medio Ambiente del PSOE de Córdoba.
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