BENEFICIOS CAÍDOS DEL CIELO
El estancamiento de la guerra de Irán riega de dinero a las grandes petroleras
El destino de la guerra de Irán cambia cada semana. El presidente estadounidense pasa de prometer bombardeos masivos sobre el país a asegurar, apenas un día después, que está a un paso de cerrar un pacto con Teherán. Este tira y afloja ha estabilizado el precio del barril de petróleo entre 20 y 40 dólares por encima de su precio a comienzos de año, sin que la demanda se haya resentido apenas, un panorama que ha disparado las ganancias de las grandes petroleras, entre ellas las españolas.
Los márgenes de refino –la diferencia entre lo que una compañía paga por el crudo y lo que saca por vender el producto en las gasolineras–, se sitúan en niveles récord o casi récord por el encarecimiento de la energía y los recortes de producción, lo que supone una lluvia de dinero para estas empresas.
Repsol ganó en la primera mitad del año 2.202 millones de euros, superando en beneficio a todo 2025 y todo 2024. Estos resultados astronómicos se han repetido a lo largo de todo el sector petrolero. La mayor petrolera del mundo, Saudi Aramco, ha ganado en solo seis meses 67.200 millones –si fuese un país, sería el 77.º del mundo con mayor PIB solo con esos beneficios–. La número uno de Estados Unidos, Exxon, multiplicó por dos sus ganancias; la británica Shell las duplicó; y la española Moeve incrementó sus beneficios un 41% respecto al año pasado. Todo ello mientras los hogares se empobrecen por la inflación y la crisis climática se intensifica.
Daniel Quigguin, investigador de T&E, una organización europea que promueve el transporte limpio, opina que estas crisis, que estrujan a la población, son siempre beneficiosas para las empresas. "Las petroleras salen ganando en cualquier crisis energética. Cuando un conflicto retira barriles del mercado, el precio al que los venden se dispara, pero el coste de extraer y refinar un barril no varía. Es una transferencia, directamente de los conductores, los transportistas y los hogares a un puñado de accionistas", señala a infoLibre.
La Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés) calcula que el margen de refino del petróleo, la principal herramienta para medir las ganancias de estos gigantes, se situó en julio en 18,90 dólares por barril de media para todos los tipos de crudo, y lleva rondando los 20 dólares desde marzo, justo después del inicio de la guerra de Irán y del cierre del Estrecho de Ormuz.
El margen de refino habitual está entre los cinco y 10 dólares por barril, y solo se registraron niveles ligeramente por encima de los actuales durante los peores meses de la crisis energética de 2022. Algunos tipos de crudo, como el ligero y dulce mediterráneo –uno de los que se procesa en España–, nunca antes habían sido tan rentables como en julio de 2026.
"La desconexión entre unos mercados de crudo aparentemente bien abastecidos y unos mercados de productos derivados ajustados impulsó un repunte de los márgenes de refino hasta máximos de cuatro años a principios de julio", se lee en el último informe petrolífero de la IEA.
El Banco Central Europeo confirmó la semana pasada que los márgenes de refino del sector petrolero están en niveles "casi récord" y espera que alcancen su pico este mes de agosto para luego comenzar a bajar suavemente durante los próximos meses, hasta llegar a la normalidad a finales de 2027.
Repsol multiplica su rentabilidad en plena crisis
El mayor exponente español de este beneficio es Repsol, con un margen de refino declarado de 14 dólares por barril durante la primera mitad del año, que llegó a superar los 30 dólares en julio, una anomalía que ha disparado sus beneficios. El propio consejero delegado de la compañía, Josu Jon Imaz, sacó pecho durante la presentación de resultados del primer semestre, que tuvo lugar el 26 de julio, de que este indicador creció "un 137%" respecto a 2025.
Uno de los motivos que dio para explicar su semestre dorado es que la demanda de combustible es "resistente y muy sólida" pese al encarecimiento de los carburantes. La principal razón, según explicó, es que gobiernos de todo el mundo, entre ellos el español, han apoyado el consumo de carburante mediante subvenciones.
Sin embargo, mantener este apoyo millonario con dinero público es extremadamente caro y España ya está en retirada de estas ayudas, que empezaron siendo de 20 céntimos por litro, bajaron a 15 céntimos en julio, se mantienen en 10 céntimos por litro en agosto y descenderán a cinco céntimos en septiembre. No obstante, sigue vigente una cláusula para recuperar el descuento original de 20 céntimos si el precio del carburante sube un 15% respecto al año pasado, según los cálculos del Instituto Nacional de Estadística.
Rusia, más que el Estrecho de Ormuz
Sobre el contexto internacional, Jon Imaz citó que el conflicto de Oriente Próximo ha mejorado los beneficios de sus refinerías, pero cree que la guerra de Ucrania es todavía más importante. "Creo que Rusia podría ser incluso más importante que el Estrecho de Ormuz hoy en día para el mercado europeo, ya que probablemente entre el 45% y el 50% de las refinerías rusas están actualmente fuera de servicio, alrededor de 900.000 o 1.000.000 de barriles diarios de destilados", afirmó.
A la pérdida de producción en Rusia se suma el vacío que ha dejado el Golfo Pérsico, donde ha dejado de fluir una parte del crudo por el cierre casi total del Estrecho de Ormuz, un punto por donde solía transcurrir el 20% del suministro mundial de petróleo. Este vacío de abastecimiento de crudo y productos refinados es el que ha permitido que las petroleras con capacidad para refinar la materia prima –Repsol opera cinco refinerías en España, más que ninguna otra empresa– ganen dinero en toda la cadena.
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Más impuestos a las petroleras
La organización T&E es una de las múltiples voces que exige, como ya hizo en 2022, que las compañías energéticas paguen impuestos adicionales para compensar el gasto público que se destina a fomentar la demanda de combustible. España ya ha gastado, entre los dos decretos anticrisis (el de marzo y el de junio), 6.572 millones de euros, entre ayudas al carburante, la electricidad y el gas natural, tanto para la población general como para los sectores profesionales más afectados.
"Los gobiernos están optando por absorber esta crisis por sí mismos en lugar de pedir a las empresas que se benefician de ella que contribuyan. Se trata de una decisión política, y es una decisión equivocada. Esta no será la última crisis del petróleo y el gas. Lo que se necesita es un impuesto permanente sobre los beneficios extraordinarios", opina Daniel Quigguin.