El placer de matar a una madre: la novela que ilumina la violencia psiquiátrica y el robo de bebés

Rodrigo Pérez Alonso

El placer de matar a una madre - Marta López Luaces

Ediciones B, Penguin Random House. 2019.

La novela El placer de matar a una madre (Ediciones B, 2019) recupera el papel central del psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera, jefe de los servicios psiquiátricos militares y uno de los ideólogos más influyentes del Régimen para controlar sectores de la población española. Vallejo-Nájera defendió públicamente que la “degeneración moral” y la “inferioridad mental” eran rasgos propios de los opositores políticos, en especial de las mujeres republicanas. Sus teorías, inspiradas en el eugenismo alemán, sirvieron para justificar internamientos masivos en hospitales psiquiátricos.

En estos centros, miles de mujeres fueron sometidas a electrochoques, aislamiento y diagnósticos inventados. No se trataba de medicina, sino de disciplina social. La novela convierte este trasfondo histórico en materia narrativa: Isabel, una de las protagonistas, encarna a esas mujeres declaradas “enfermas” sin estarlo, víctimas de un sistema que patologizaba la libertad femenina y borraba su voz mediante el lenguaje clínico.

Esta novela vuelve a colocar en el centro del debate público uno de los capítulos más oscuros del franquismo: la utilización de la psiquiatría como herramienta de control social y la trama institucional que permitió el robo sistemático de bebés durante décadas. A través de la historia de Isabel, Ignacio y Ana, la obra reconstruye el clima de sospecha y silenciamiento que marcó la vida de miles de mujeres consideradas “inadecuadas” por el régimen.

La autora se adentra en un territorio donde la ficción dialoga directamente con la memoria histórica. Su relato se sostiene sobre una premisa contundente: bajo Franco, la ciencia pudo convertirse en un instrumento de represión. Y lo hizo, especialmente, contra las mujeres que no encajaban en el modelo de madre y esposa promovido por el Estado.

Robos de bebés: de la ideología a la estructura estatal

El libro aborda también uno de los fenómenos más estremecedores del franquismo: el robo sistemático de bebés. Bajo la influencia de Vallejo-Nájera y otros psiquiatras afines, se difundió la idea de que los hijos de mujeres “rojas”, “inmorales” o “desequilibradas” debían ser separados de sus madres para “salvarlos” y garantizar su educación en familias “sanas”, es decir, afectas al régimen.

Lo que comenzó como una práctica ideológica en los años cuarenta se transformó en una red estructurada que involucró médicos, monjas, funcionarios y clínicas privadas. Miles de niños fueron arrancados de sus madres biológicas y entregados a otras familias, muchas veces con documentación falsificada. La novela no reproduce casos concretos, pero sí recrea el clima emocional y político que permitió que esta práctica se normalizara.

En El placer de matar a una madre, el silencio que rodea a Isabel y a otras mujeres internadas funciona como metáfora de ese despojo. La maternidad aparece como un territorio vigilado, intervenido y, en ocasiones, arrebatado. La autora muestra cómo la violencia institucional penetraba en lo íntimo y cómo el Estado se arrogaba el derecho de decidir quién era “apta” para criar a un hijo.

Literatura como reparación simbólica

Más allá de la denuncia histórica, la novela destaca por su capacidad de transformar el archivo en experiencia emocional. Ignacio e Isabel escriben juntos su historia, y ese gesto funciona como un acto de resistencia: una forma de recuperar la voz que les fue arrebatada por diagnósticos y expedientes.

Uno de los momentos más intensos del libro es la conversación nocturna entre Isabel y Ana, donde la culpa, el miedo y la memoria se entrelazan. La confesión de Isabel no es solo un recurso narrativo: es una forma de devolver humanidad a quienes fueron reducidas a categorías clínicas.

La obra se convierte así en un espacio de reparación simbólica. Recupera la memoria de las mujeres internadas, denuncia la complicidad de la psiquiatría franquista y recuerda que el robo de bebés no fue un fenómeno aislado, sino una política de Estado cuyas consecuencias aún resuenan en la sociedad española.

Una novela para pensar el presente

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El placer de matar a una madre dialoga con la historia desde la literatura, iluminando zonas de sombra que todavía exigen verdad y justicia. Su lectura permite comprender cómo la violencia institucional se infiltró en la vida cotidiana, cómo la ciencia fue utilizada para justificar el autoritarismo y cómo miles de mujeres fueron despojadas de su libertad, su voz y, en muchos casos, de sus hijos.

La novela invita a pensar, a recordar y a escuchar. Y, sobre todo, a reconocer que la memoria literaria puede ser una forma de resistencia frente al olvido.

*Marta López Luaces es novelista, poeta y traductora.

Rodrigo Pérez Alonso

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