Una condena sin "hermanísimo" Pilar Velasco
Parece que es época de vuelta al cristianismo. De la iconografía religiosa. De Jaime Llorente promocionando aplicaciones para rezar.
Y la Iglesia católica está aprovechando este pequeño pero muy mediatizado boom de su visibilidad. ¿Para pedir el reparto de la riqueza? ¿Para pronunciarse sobre la vivienda? No. Para quejarse de los maricones.
Entre otras cosas, probablemente hayas visto ya estos días las declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal sobre la comunidad LGTBIQ+, sobre las personas trans y sobre el Orgullo, en sus palabras, el pecado de Satán. Tremendamente punk rock, si me preguntan.
Diciendo también que se condena llamando terapia de conversión al acompañamiento que ellos hacen a personas con dudas sobre su corporalidad, su orientación sexual y su género. La verdad es que nunca había oído hablar de acompañamientos que provocasen ideación suicida a los acompañados. Y que, por cierto, se siguen llevando a cabo en varios puntos del país, a pesar de que el año pasado se denunciase e investigase a siete diócesis por realizar torturas de conversión.
La Iglesia vuelve al ataque abierto contra las personas queer no por casualidad, sino porque también lo hacen medios de comunicación conservadores y la derecha política de nuestro país, en una alianza a varias bandas que tiene como intención señalar a un colectivo asociado a otro flanco ideológico para avivar odio y que ese odio solidifique el apoyo a quienes se oponen a formas de vida disidentes.
Y esto no tiene que ver con dios ni con Satán. Es hacer lo que la Iglesia nació para hacer: política.
Y quizá con esta nueva moda de ser las más religiosas, impulsada y financiada por lobbies políticos y ultracatólicos, a mucha gente se le haya olvidado. Pero, por si acaso, quizá merezca la pena recordar que, por muy creyentes que seáis —que eso lo podemos respetar todos—, vuestras creencias, en su origen, ni siquiera incluyen la consideración de la disidencia sexual como algo negativo.
No, la Biblia no condena la homosexualidad. No la menciona, de hecho, en ninguna parte.
Cuando en el medievo la Iglesia y algunos gobiernos empiezan a prohibir las relaciones entre personas del mismo sexo, lo hacen como medida para fomentar la procreación, por lo que era considerado igual ser marica que tener sexo oral o que masturbarse.
Y si eres católico y creyente y rechazas lo 'queer', es porque te están engañando y te están usando para hacer política. Y del peor tipo posible
Y la frase que tanto se atribuye a las Sagradas Escrituras, el famoso «No te acostarás con varón como con mujer, es abominación» —Levítico 18:22, que aquí casi todas hemos hecho la catequesis—, no se introduciría en el texto hasta una traducción de 1946. Sobre la cual, por cierto, existe incluso un documental donde los expertos narran cómo se tergiversaron los pasajes que condenaban la pederastia y se cambiaron para que la gente pensara que lo que se condenaba era la homosexualidad.
De hecho, en 1993, algunos de los traductores de esa versión admitieron el «error» y se disculparon públicamente por el daño causado durante décadas a colectivos ya de por sí perseguidos. Sin embargo, los representantes de las instituciones religiosas se negaron a disculparse y la mayoría continuaron redoblando su apuesta en su batalla de odio y persecución a una comunidad completa, sin motivo ni razón alguna salvo el puro marketing. Y es que no es fácil renunciar a uno de los pilares con los que han construido tu identidad de empresa.
La Biblia nunca condenó ni animó a perseguir la homosexualidad, pero eso no evitó que se dieran millones de muertes y torturas que se producían «en nombre de Dios», o que aún hoy se instigue vergüenza y culpabilidad a personas que son diferentes, hasta el punto de inducirlas al suicidio mediante sus torturas de conversión.
Muertes y torturas por las que todavía hoy nadie ha pedido perdón, y de las que ahora sus bandos aliados se aprovechan para hacer política sin importarles las vidas de quienes nos han precedido ni de quienes ahora ponen en riesgo.
Pero no, la LGTBIfobia no tiene un origen natural, ni divino, ni tan antiguo como nos quieren hacer creer.
Y, si eres católico y creyente y rechazas lo queer, es porque te están engañando y te están usando para hacer política. Y del peor tipo posible.
Yo, mientras tanto, me despido animándoos a que hagáis caso a las Escrituras y que cumpláis con mi versículo favorito, Mateo 7:12: «Todo cuanto queráis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos».
Adiós.
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