Internacional

Feijóo convierte un foro internacional de los populares europeos en otra trinchera contra Sánchez

El presidente del PPE, Manfred Weber (i), y el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo (d), a su llegada a la sesión de apertura del Foro internacional EPP Libertas

Alberto Núñez Feijóo eligió este miércoles un foro internacional organizado por el Partido Popular Europeo (PPE) en Madrid para presentar al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, como un gobernante autoritario. En la inauguración de Libertas, el líder de la oposición describió, sin citar a Sánchez, el retrato de quien “recela de los jueces”, “desprecia las mayorías parlamentarias cuando no le favorecen”, cuestiona la “independencia institucional” y “teme a las urnas si no le aseguran el poder”. “No busquen más, eso es un presidente autoritario”, proclamó. Lo hizo delante del presidente del PPE, Manfred Weber, del vicepresidente italiano Antonio Tajani, del primer ministro portugués, Luís Montenegro y de dirigentes latinoamericanos como María Corina Machado y Keiko Fujimori, que intervinieron telemáticamente. 

Feijóo aseguró también que España atraviesa una etapa de “democracia debilitada” y prometió revertir las políticas que, en su opinión, la han aproximado al populismo y a las dictaduras. Una alocución que la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso incrementó todavía más. “Hoy nos gobierna en España un movimiento de destrucción del Estado de derecho”, aseguró. “Desde hace años hay un frente puesto en marcha por el Gobierno y sus socios para eternizarse en el poder”, prosiguió. “La deriva autoritaria que está sufriendo España va a tener consecuencias catastróficas”, advirtió Ayuso, que aseguró que “si lo ilegítimo es votado, es válido”.  

La intervención resume la posición en política exterior que Feijóo ha ido construyendo desde que llegó a Génova: la conversión de casi cualquier crisis internacional, cumbre europea o encuentro diplomático en una prolongación del combate contra Sánchez. Más que una doctrina sobre el lugar de España en el mundo, el presidente del PP ha desplegado una oposición exterior al Gobierno de PSOE y Sumar. Su posición suele definirse no tanto por lo que hacen Washington, Israel, Bruselas o las potencias regionales, sino por la necesidad de impugnar lo que decida La Moncloa.

La estrategia no es nueva. Feijóo ha utilizado las reuniones del PPE en Bruselas para sembrar dudas sobre los fondos europeos, la reforma de las pensiones, la independencia judicial y el viaje de Sánchez a China, entre otras cuestiones. También ha pedido “perdón” ante sus colegas europeos “en nombre de los españoles” por la actuación del Gobierno. Y a comienzos de este año intentó que el PPE condenara expresamente la regularización extraordinaria de migrantes aprobada por el Ejecutivo. Regresó de Zagreb únicamente con una declaración genérica contra las regularizaciones masivas, pero sin una mención a España ni a Sánchez.

La lógica de trasladar cualquier acontecimiento al terreno de la confrontación política interna trasciende incluso a lo deportivo. Este miércoles, después de que la selección española de fútbol se clasificara para la final del Mundial, el vicesecretario del PP, Elías Bendodo, aseguró que la victoria le había venido "maravillosamente" a Sánchez porque había permitido que la condena al hermano del presidente pasara a un segundo plano. Otros dirigentes de la formación como la portavoz parlamentaria, Ester Muñoz, y el diputado Rafael Hernando, pidieron a Sánchez que no viaje a Nueva York, donde se celebrará la final, porque “es gafe”.

Una competencia asumida personalmente

La influencia de Feijóo es relevante dentro de la familia del Partido Popular Europeo — la del PP español es la segunda delegación más numerosa en el Parlamento Europeo, por detrás de la alemana—, pero bastante menor en el ámbito institucional de la Unión Europea y todavía limitada fuera del espacio conservador de la UE. Desde que llegó al cargo hace cuatro años, sus posiciones rara vez alteran las decisiones europeas y su proyección exterior sigue dependiendo de la política española. 

Un área que Feijóo asumió personalmente. En septiembre de 2024 nombró secretario de Política Internacional al diplomático Ildefonso Castro, antiguo secretario de Estado de Asuntos Exteriores con Mariano Rajoy y exembajador en Irlanda. Pero en el congreso nacional de julio de del pasado año, el dirigente conservador anunció que las relaciones internacionales dependerían directamente de él. Castro quedó como coordinador de Acción Exterior, aunque incluso dentro del partido existen dudas sobre el alcance efectivo de su influencia.

Pero la centralización de competencias no ha alumbrado, hasta ahora, una doctrina reconocible. Tampoco ha corregido una carencia que condiciona la creación de vínculos personales con mandatarios extranjeros: su escaso dominio del inglés. En la campaña de 2023 aseguró que estudiarlo era una “obligación” para alguien que aspiraba a presidir el Gobierno. Pero recientemente ha reconocido que no tenía previsto hacerlo. “No lo toco, ahora con el móvil ya me lo traduce directamente. Voy con el traductor”, explicó en el programa El Hormiguero. Fuentes del PP justificaron la renuncia señalando que los avances de la inteligencia artificial permiten suplirla. 

La cuestión del idioma es secundaria frente a otra limitación más relevante: la ausencia de una posición autónoma cuando los intereses estratégicos de España chocan con los de gobiernos conservadores aliados del PP o con la nueva derecha estadounidense. El patrón se ha repetido con Israel, Donald Trump, Groenlandia, Venezuela y la guerra de Irán, entre otras cuestiones.

Israel y EEUU, entre críticas calculadas y sin ruptura 

Tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, Feijóo respaldó el derecho de Israel a defenderse. Conforme aumentaron las víctimas civiles y la destrucción de Gaza, el conservador moduló paulatinamente su lenguaje, pero siempre varios pasos por detrás del Gobierno. Cuando España anunció en mayo de 2024 el reconocimiento del Estado palestino, acusó a Sánchez de apoyar “la desaparición de Israel” y evitó comprometerse con un calendario propio para ese reconocimiento. Su margen estaba condicionado además por el apoyo explícito de Ayuso y el expresidente José María Aznar al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

En julio de 2025, después de haber guardado silencio ante la hambruna en la Franja durante una intervención ante la dirección del PP, terminó considerando “inadmisibles” determinadas acciones israelíes y habló de “incumplimientos”. No utilizó, sin embargo, el término genocidio y mantuvo como punto de partida la legitimidad de la respuesta israelí. Frente al Gobierno español el PP ha empleado calificativos como aislamiento, irresponsabilidad, radicalidad o autoritarismo que sin embargo raramente aplica a los aliados internacionales de la derecha.

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca agravó esa contradicción. El PP admitía internamente su preocupación por el efecto del trumpismo sobre las derechas europeas y por el espacio internacional que proporcionaba a Vox, cuyo líder sí había cultivado relaciones directas con el movimiento MAGA. Pero Génova evitó una confrontación política con el presidente estadounidense. Incluso desautorizó a González Pons cuando lo llamó “ogro naranja”, mientras la FAES de Aznar describía a Trump como un populista proteccionista, aislacionista e impredecible.

Cuando Trump amenazó con hacerse con Groenlandia, el PP restó importancia a sus palabras alegando que no estaba claro si existía un riesgo real o se trataba de una escalada verbal. Feijóo evitó censurarloy se refugió en la necesidad de preservar la alianza transatlántica. También eludió enfrentarse a Washington cuando Trump recriminó a España que no destinase el 5% del PIB a defensa. El PP trasladó la presión sobre Sánchez y calificó su resistencia de irresponsable, aunque tampoco se comprometió a alcanzar ese porcentaje tras haber firmado con el PPE un objetivo del 3%. Ante los aranceles estadounidenses, el líder del PP fue más crítico: los calificó de error, como un ataque comercial, pero siguió evitando personalizar la responsabilidad en Trump.

De la guerra de Irán al caso venezolano

La ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán volvió a mostrar la dificultad del PP para responder a una actuación de Trump sin que Sánchez determinase su posición. Génova respaldó inicialmente los bombardeos, concentró su condena en el régimen iraní y evitó reproches a Washington y al Gobierno de Netanyahu. Tampoco aclaró si apoyaba el uso de las bases de Rota y Morón para los ataques.

Cuando Trump amenazó con cortar el comercio con España por la oposición de Sánchez a la ofensiva, Feijóo no respaldó al Gobierno frente al magnate estadounidense. Afirmó que la relación bilateral debía preservarse “tengamos o no discrepancias con el presidente” y acusó a Sánchez de utilizar sus necesidades políticas contra la seguridad de España. Paralelamente, había prometido al secretario de Estado, Marco Rubio, que un Gobierno del PP sería un “aliado fiable”, tras una llamada telefónica.

La evolución posterior fue significativa. Tras varias semanas sin sumarse al lema utilizado por el Gobierno, Feijóo terminó proclamando en el Congreso: “No a la guerra y no a usted”. Incluso cuando adoptó la posición pacifista, la formuló como una censura personal a Sánchez, a quien llamó el “traidor de Europa”. El PP también ha censurado en varias ocasiones el “abandono” del socialista a la causa saharaui, aunque tampoco ha logrado explicar su posición en caso de llegar a la Moncloa.

En el caso de Venezuela, donde el PP ha apoyado sin matices a la oposición, su contundencia encontró un límite cuando Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro en una operación cuestionada por su encaje en el derecho internacional y Trump optó por mantener a Delcy Rodríguez al frente del país durante una transición tutelada. El PP celebró la caída de Maduro y criticó a Rodríguez, pero evitó censurar directamente la operación estadounidense y trasladó de nuevo el grueso de sus ataques al Gobierno de Sánchez. Feijóo se opuso al resultado político diseñado por Trump —“el futuro no es Delcy”, dijo— sin romper con el presidente que lo había hecho posible.

El nuevo escaparate latinoamericano de la extrema derecha

La búsqueda de aliados ha llevado al PP a estrechar relaciones con una derecha latinoamericana cada vez más radicalizada. El caso más claro es el de María Corina Machado, a quien Feijóo ha presentado como “símbolo de la democracia” y ejemplo de “coherencia y determinación”, aunque su programa económico ultraliberal y sus alianzas internacionales la sitúan en el ala dura de la derecha

Más revelador es el acercamiento a Keiko Fujimori, heredera política de un movimiento marcado por el autogolpe y las violaciones de derechos humanos cometidas durante la presidencia de su padre. Feijóo ha celebrado su llegada al poder como parte del avance de la derecha en América Latina y la ha incorporado al escaparate internacional del foro de Madrid. En una intervención posterior a la de Feijóo, la presidenta madrileña trasladó “su más sincera felicitación” a Fujimori. “Ojalá este triunfo se haga extensible a todas las naciones de Hispanoamérica, naciones hermanas sumidas en el nacionalismo, el socialismo bolivariano, el narcotráfico… que tanto daño están haciendo a la convivencia y a la libertad de sus pueblos”, señaló Ayuso.

El presidente del PP también felicitó al ultraderechista colombiano Abelardo de la Espriella tras su victoria electoral en las elecciones del pasado 21 de junio. Calificó el resultado de “buena noticia para Colombia y para toda Hispanoamérica”, la misma elección celebrada por Trump, el presidente argentino Javier Milei y Vox. De la Espriella había construido su campaña sobre un discurso de mano dura, rechazo al acuerdo de paz y confrontación frontal con la izquierda.

 Una doctrina definida por el adversario

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Con todo, Feijóo sí mantiene posiciones claras en algunos asuntos. Ha reiterado su apoyo a Ucrania frente a la invasión rusa, reclama una paz justa y duradera para Kiev, defiende el vínculo atlántico y se alinea generalmente con los planteamientos del PPE en materia de defensa. Pero esos elementos no han terminado de articular una política internacional propia. En las grandes crisis, Feijóo ha alternado el silencio, la equidistancia y los cambios de posición para evitar dos riesgos: enfrentarse a Trump y Netanyahu o dejar a Sánchez ocupar en solitario el espacio de oposición a ambos

Desde que se reservó personalmente las competencias internacionales, su principal aportación no ha sido definir qué alianzas necesita España, cómo debería responder Europa a la ruptura del orden multilateral o qué límites deben imponerse a los socios occidentales. Ha consistido en exportar el argumentario de Génova contra el presidente del Gobierno. La política exterior de Feijóo parece subordinada a que ninguna crisis internacional termine fortaleciendo a Pedro Sánchez.

Es más, la propia Ayuso advirtió sobre esta cuestión en el foro. “Los populares debemos tener agenda propia, no podemos aceptar el marco ajeno sobre el que marcar distancias, parecernos o disculparnos. No jugamos en campo contrario ni con el lenguaje del adversario siempre cargado de trampas, tenemos ideas propias, somos el grupo político que más prosperidad ha dado a Europa. Defendemos llevar la delantera con propuestas realistas y sanas. ¿Cuánto negocio absurdo hemos dejado crecer sin plantarle cara? ¿Cuántas oportunidades hemos perdido permitiendo que se creara un mundo paralelo ideológico y tirano?”. Sin citarlo directamente, pareció una forma de pedir a Feijóo que de la batalla cultural en sus propios términos y no en los del ‘sanchismo’.

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