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El blog del Foro Milicia y Democracia quiere ser un blog colectivo donde se planteen los temas de seguridad y defensa desde distintas perspectivas y abrirlos así a la participación y debate de los lectores. Está coordinado por Miguel López.

La UME, una muestra de adónde lleva el pensamiento progresista

Joaquín Ramón López Bravo (FM)

Una de las diferencias fundamentales entre el pensamiento conservador y el pensamiento progresista es que el primero mira hacia atrás y el segundo siempre hacia adelante. Y como nada hay totalmente blanco ni totalmente negro, la rica gama de grises nos permite graduar esa afirmación.

En el mundo de la milicia es clarísima e importante la diferencia. El conservador busca, en pasados debidamente edulcorados y “tuneados”, un brillo que amerite un presente brillante basado en un pasado glorioso. Se mira en San Quintín antes que en Rocroy, en Lepanto antes que en Trafalgar o El Callao.

No tiene empacho en tratar de cambiar la historia si con ello consigue un fetiche. Por ejemplo, el 2 de mayo de 1808, en el que el ejército y los poderes establecidos abandonaron a la guarnición de Monteleón y al pueblo madrileño. Derrotado Napoleón, se ensalzó (y se ensalza hoy) la “gesta” no de los escasos militares que trataron de defender a la sociedad civil, sino “del ejército”, que había abandonado a sus paisanos.

Sobre el repudio de quienes hasta ayer eran aliados para “montarse” en el tren de los vencedores tenemos algunos ejemplos mucho más recientes. Por ejemplo, en las dos últimas guerras mundiales los conservadores renegaron de las alianzas directas o encubiertas con los perdedores de ambas guerras y ensalzaron a los vencedores. Y en el caso de la segunda guerra mundial, hasta el punto de regalar la autorización para el “uso conjunto” de parte del territorio al más fuerte de los vencedores, los Estados Unidos. Y de ahí el enfado del OranguTrump porque no se le deja “usar” ese territorio que él considera suyo. Como decía Javier Krahe, “gringo ser muy absorbente”

La mentalidad progresista investiga en lo más moderno para dotar, a la sociedad en general y a las fuerzas armadas en particular, de capacidades y sistemas de armas que las coloquen en lo más puntero de las áreas del conocimiento. Por más que no se lo reconozcan, como ha ocurrido con Narcis Monturiol, Isaac Peral, Torres Quevedo o Emilio Herrera, por poner ejemplos de ingenieros implicados en desarrollos militares, miran hacia adelante porque allí está la auténtica grandeza de un pueblo y de su patria. Es el futuro el que da respuestas y mirar hacia él permite avanzar, pese a que con frecuencia se ridiculice a quien piensa en ese futuro.

La reciente imputación de Rodríguez Zapatero me ha traído a la mente uno de esos momentos brillantes de visión de futuro, denostado en su origen por la mentalidad conservadora y ahora ensalzado por los mismos que lo ridiculizaron. Me refiero a la Unidad Militar de Emergencias, la UME.

Vaya por delante que ninguno de los avances sociales y personales del mandato de Rodríguez Zapatero sirven para tapar los tremendos errores del final de su mandato o cualquier incorrección que se desvele con motivo de la investigación prospectiva, posiblemente ilegal, de la que es objeto su actuación como consultor.

No obstante, considero de enorme importancia la creación de la UME el 7 de octubre de 2005 por Rodríguez Zapatero. No fue un paso adelante desde la nada. El ejército español intervenía en catástrofes de gran alcance. Son muy conocidas sus intervenciones hasta esa fecha, casi siempre apoyadas por otras fuerzas como bomberos, policía o guardia civil. Por ejemplo, en Valencia por las inundaciones ante la riada del Turia en 1957, en el aeropuerto de Los Rodeos en 1977, en el camping de Los Alfaques en 1978, en la riada del camping de Biescas en 1996 o en las nevadas en Castilla y León de 2001.

El diario conservador monárquico ABC, portavoz de los insultos más gruesos contra la creación de la UME, publicó, sin embargo, en octubre de 2020 un artículo sobre los antecedentes de la UME. Y se remonta hasta Godoy, valido del Borbón Carlos IV, quien creó en 1797 la “la Brigada de Artillería Volante del Real Cuerpo de Guardia de Corps”, pensada para movilizar y trasladar a gran velocidad dotaciones de artillería tras la derrota ante Francia de la Guerra del Rosellón. El responsable militar de la misma, el coronel Maturana, ya venía aplicando desde 1777, en el virreinato de Río de la Plata, una artillería volante para enfrentarse a los indios pampas, un año antes de que el mismo concepto lo utilizara Federico II de Prusia en Rostock. Maturana dotó a la brigada de la capacidad para actuar en incendios y catástrofes. “Acciones humanitarias” las llamaba.

Y como casi toda innovación en el ejército español, esa brigada tuvo una vida efímera en las labores “humanitarias”. Desapareció como tal en 1803.

El artículo del ABC destila una voluntad inequívoca de quitarle mérito a la creación de la UME. Porque esa fue la realidad de lo que suscitó la creación de la UME: rechazo entre los conservadores e indiferencia entre los muy progresistas, con ciertas suspicacias incluso en el propio partido socialista. Pero los calificativos en contra fueron fuertes, para variar. El propio ABC criticó que la UME dependiera de Presidencia del Gobierno. Años después tuvo que contar que su “antecedente” dependía única y exclusivamente de Godoy. Como la UME de Presidencia en su creación, dependencia que, en el ámbito civil, sigue manteniéndose.

Pero esta fue una descalificación “académica”. El PP tachó de “capricho faraónico” de Zapatero la creación de la UME. O de “instrumento inventado” como si inventar fuera algo perverso en sí mismos. O llamando a la unidad “cuerpo militar pero en la práctica casi de bomberos, dedicado a protección civil”, según el ABC del 21 de noviembre de 2008. Por señalar simplemente las descalificaciones que más se repitieron.

Este tipo de reacciones justifican lo que yo decía al inicio de estas letras: que lo nuevo casa mal con la visión conservadora de la sociedad en general y de las fuerzas armadas en particular.

Tal fue la batalla del PP contra la creación de la UME, que en su primera aparición en el desfile de las fuerzas armadas del 12 de octubre de 2006 recibió una sonora y desagradable pitada

“Que inventen ellos”, como rezaba el lema que el conservador Miguel de Unamuno pronunció y defendió, señalando que España no necesita estar a la vanguardia científica, como si dedicarse a la ciencia fuera una especie de desdoro ante la “profundidad” de la filosofía o la literatura. Es mejor lo especulativo que la investigación,

También, desde el campo del pensamiento conservador, acusaron al gobierno de Zapatero de “despilfarro” por las partidas destinadas a la nueva unidad, llegando a cuestionar la necesidad de comprar maquinaria, equipamientos o atraer a militares con gran preparación para esa nueva unidad. Una unidad sin pertrechos es directamente inútil.

Tal fue la batalla del PP contra la creación de la UME, que en su primera aparición en el desfile de las fuerzas armadas del 12 de octubre de 2006 recibió una sonora y desagradable pitada, como las que suelen recibir los presidentes que no sean conservadores en ese mismo desfile a lo largo de los años.

Esta persecución se trasladó, cómo no, a los tribunales. En 2008 el Tribunal Supremo anuló el protocolo de intervención de la UME porque consideraba que el Gobierno había invadido competencias de Protección Civil, que están trasferidas a las Comunidades Autónomas y que el Gobierno se saltó el preceptivo informe del Consejo de Estado y la consulta a la Comisión Nacional de Protección Civil”. Terribles males que se subsanarían mediante el Real Decreto 1097/2011.

Pero esta suspensión no impidió que la UME actuara en el incendio de Castellón de 2007 o las inundaciones en Sevilla ese mismo año, demostrando su gran valía y la necesidad que venía a cubrir.

Eso no detuvo las críticas del PP. En las nevadas de 2009 que colapsaron las carreteras españolas, Rajoy puso el grito en el cielo por una acción poco eficaz, a su juicio, y exigiendo la dimisión de Magdalena Álvarez, entonces ministra de Fomento. Claro que en 2011, ante un hecho similar, el señor Rajoy no dudó en culpar a los conductores por salir a la carretera. Y tampoco ha dudado ningún gobierno autonómico del PP en solicitar (y a veces hasta exigir) la actuación de la UME en catástrofes que afectaban a sus territorios.

En la creación de la UME (...) se adquiere o se toma conciencia de dos carencias básicas: la necesidad de una fuerza de actuación inmediata en todo el Estado que no dependa sólo de las comunidades autónomas

Como vemos, nihil novum sub solem, que dice el Eclesiastés. La inquina del PP (que entonces ya gestaba a Vox en sus entrañas) y el uso de prensa y judicatura no nace ahora, ni siquiera en esta última legislatura. Se hace más fuerte en este momento porque hay fondos de la UE a los que ven que no llegan.

Pero volviendo a lo que nos interesa. En la creación de la UME influye, entre otras cuestiones, el terrible incendio en Guadalajara de 2005, en el que fallecen 11 brigadistas. Se adquiere o se toma conciencia de dos carencias básicas: la necesidad de una fuerza de actuación inmediata en todo el Estado que no dependa sólo de las comunidades autónomas. Muchas catástrofes no “respetan” los límites geográficos de los que nos dotamos los seres humanos. Y en segundo lugar la insuficiencia de medios. Las FAS prestaban, en ese tiempo, apoyo secundario con intervenciones no siempre ágiles. Ante la catástrofe se necesita rapidez en el despliegue y especialización en muy diversas materias de los integrantes de la fuerza que actúa.

Y las Fuerzas Armadas eran el ámbito idóneo para esta iniciativa siempre que dispusiera de una unidad con especial capacidad de reacción. Las fuerzas armadas concentran medios, permiten y están acostumbradas al transporte masivo y pueden permanecer de forma indefinida sobre el terreno. La logística tiene pocos secretos para sus profesionales. Al mismo tiempo, las FAS forman especialistas en muy diferentes campos, capaces de afrontar situaciones de riesgo. Y no hay que olvidar que las FAS están especialmente bien consideradas entre la sociedad civil en el siglo XXI.

En efecto, esta es una unidad en la que convergen como en ninguna otra la mentalidad militar y las necesidades civiles. La sociedad mira a la UME con auténtico aprecio. Son en muchos casos el último bastión ante la catástrofe, y la sociedad respira cuando ve aparecer los uniformes de la UME. Lo vimos en la pandemia del covid-19 y lo hemos visto en la tragedia de la DANA de Valencia de 2024. Y, curiosamente, los que tanto denostaron su creación, son ahora los primeros que exigen su despliegue (lo hayan solicitado o no) y culpan al Gobierno cuando la UME se “retrasa”. Esta es una prueba más de que la visión de futuro en 2005 es algo absolutamente normalizado en 2026, hasta el extremo de que algunos de sus antiguos detractores intentan apropiarse de sus actuaciones.

La UME es una unidad muy reconocida también en el extranjero. De hecho es el primer equipo militar en todo el mundo que obtuvo, en 2011, la certificación como equipo de Búsqueda y Rescate Urbano de Naciones Unidas, y forma parte del Mecanismo Europeo de Protección Civil. Ya ha actuado en 27 misiones en el exterior, la más reciente en los terremotos de Venezuela. Y en tragedias en Haití, Nepal, Ecuador, México, Marruecos y Turquía. O en la colaboración en la lucha contra la ola de incendios en Portugal durante 2024, donde se desplazaron 116 vehículos y 364 militares.

Visto 20 años después, no parece que aquella “invención” fuera tan mala idea. Ha prestado a la sociedad civil servicios impagables, pese al desprecio inicial de la mentalidad conservadora. Se ha afianzado como una garantía de protección civil ante grandes catástrofes. Incluso en otros países, donde nos piden su concurso ante grandes catástrofes. Es, además, una de las muestras más evidentes de colaboración entre milicia y sociedad civil.

Así que, volviendo a la tesis que se enuncia al inicio de este artículo, a veces bastan veinte años para demostrar que el “invento” de la mentalidad progresista mejora la vida de la ciudadanía. Y que atornillarse al pasado no aporta más que esclerosis social, como la que España ha sufrido durante siglos. La nostalgia de lo que (aparentemente) fue no nos hace mejores. Nos hace más débiles ante los retos de cada día, siempre nuevos, siempre diferentres.

Invertir en futuro es siempre un gran negocio para esa patria que muchos dicen amar, aunque no pagan impuestos y tratan de echar abajo cualquier avance que beneficien a la mayoría de sus compatriotas. Y la mentalidad del ejército es clara: adelante, siempre adelante, como dijo, entre otros, Benito Pérez Galdós. Y lo que no sea eso, no es vida activa. Es vegetar.

Joaquín Ramón López Bravo (FM)

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15 de julio de 2026 - 06:01 h
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