Negociar bajo las bombas en Irán Alejandro López Canorea
Donald Trump ha vuelto a las andadas. Sus amenazas contra Irán se están materializando en una disrupción total del recién firmado acuerdo marco para la paz. La diferencia de interpretaciones ha sido tal que no se ha llegado a completar ni la primera fase de lo firmado, dando por hecho que, como viene siendo habitual en Oriente Medio, nunca se llega a las segundas fases y a la paz definitiva.
Pero estas crisis no suceden en el vacío. Israel y Estados Unidos han negado cualquier posible arreglo político en Líbano, en Gaza y ahora en Irán. A pesar de lo que han declarado diferentes autoridades israelíes, ha sido finalmente el propio Donald Trump el que ha hecho estallar el acuerdo con Teherán.
Desde que se firmó el memorándum de entendimiento entre Estados Unidos y la República Islámica de forma telemática, Ormuz ha seguido en el punto de mira. Por un lado Washington levantó el bloqueo naval sobre las costas iraníes, contribuyendo a descongestionar, junto con las partidas económicas, la maltrecha situación interna iraní.
Para Estados Unidos todo esto sucedía a cambio de un pasaje libre y abierto por el estrecho de Ormuz. No se cobrarían peajes durante un mes y después se gestionaría el tránsito a través de la vía natural desde los países ribereños, con Irán a la cabeza y Omán de colaborador necesario.
Por su parte Irán asumía que todo ello implicaba la capitulación estadounidense ante la nueva soberanía que Teherán había logrado imponer sobre el cuello de botella del Golfo. Fue la propia Irán la que invitó a Omán a sumarse a su mecanismo para gestionar Ormuz.
Y aunque no se pudiera usar la palabra peaje, Irán pretendía que ambos países cobrasen por servicios que garantizasen la seguridad del tránsito, los seguros o incluso una tasa medioambiental. Estos términos son equivalentes a un peaje aunque se empezaba a anunciar que no todos los países pagarían lo mismo, en función de su relación con Irán.
Dadas estas interpretaciones, Irán había comenzado a desminar el estrecho pero seguía considerando únicamente válida la ruta que coordinaba desde su costa. Los intentos de Estados Unidos de establecer un corredor paralelo a través de Omán se toparon con ataques de Irán, que consideraba que se estaba violando lo acordado.
Y de este modo, Trump no dudó en retomar los ataques aéreos sobre Irán. Se solicitó un perfil bajo a Israel para no volver a un estadio de guerra regional descontrolado, así que el propio presidente estadounidense se volvió a meter en la trampa de la que tanto había penado para salir en estos meses.
Si bien Trump deseaba un acuerdo como agua de mayo, que le permitiera sobrevivir en su amplio control político en noviembre, meterse por segunda vez en la guerra de Irán podía suponer una trampa que él mismo se había tendido.
Los ataques cruzados de Irán sobre los buques que violaban sus términos y de Estados Unidos sobre Irán solo sirvieron para continuar como antes de la firma. Mientras Washington y Teherán decían que el proceso negociador seguiría a pesar de ocurrir bajo el fuego, por la cuenta que les traía a ambos, los países del Golfo Pérsico se sumaban al fuego.
Irán mantuvo la ecuación que estableció durante la fase más activa de la guerra. Es decir, Kuwait y Baréin primero, con Jordania después, se convertían en objetivo de los ataques iraníes. Al apuntar sobre estos países Irán estaba mandando varios y poderosos mensajes.
No habrá paz para nadie sin asumir las demandas iraníes. Porque no van a volver a tolerar marcos que sirvan para retrasar la agresión sobre Irán unos meses o años. Irán quiere apagar el fuego de manera definitiva, asentando su poder y evitando que Israel pueda imponer su hegemonía o que otros actores traten de derrocar su régimen político.
Irán quiere apagar el fuego de manera definitiva, asentando su poder y evitando que Israel pueda imponer su hegemonía
Otro mensaje importante es que Irán mantiene el arsenal y la voluntad para incendiar la región pero le dará una oportunidad, la enésima, a una diplomacia en la que consideran que no hay buena fe por parte de Estados Unidos. La prueba está en que Teherán no ha dudado en apuntar contra tres países clave en la arquitectura de defensa de Estados Unidos e Israel en la región y que albergan importantes bases norteamericanas.
Sin embargo, el foco sobre estos países sorprende al dejar fuera a Arabia Saudí, Emiratos Árabes o las sensibles infraestructuras energéticas de Catar. El mensaje, de nuevo, es claro. Si la escalada sigue, el precio de la energía volverá a elevarse hasta el cielo. Por lo tanto Irán responde con firmeza bajo su ecuación pero se guarda bazas para forzar a que Trump retorne a la mesa de negociación.
Pero la parte que más ha complicado toda pretensión de reforzar sus manos negociadoras bajo el fuego llegó en la cumbre de la OTAN de Ankara. Trump anunció allí los ataques en represalia por lo que consideraba violaciones iraníes de la libertad de navegación. Y dudó del propio memorándum de entendimiento.
Finalmente parece que Irán es el que lo ha dado por muerto. Sea quien sea el que lo certifique, sin ese marco el mundo retrocede un mes y se ve ante el precipicio de la escalada que se evitó. El recuerdo de Trump amenazando con borrar a toda una civilización de la faz de la tierra sigue presente.
En el terreno lo que se ve es una escalada progresiva que está quedando opacada mediáticamente por la repetición de dinámicas, pero que de seguir así deberá volver a la primera plana ante una audiencia confusa. Pero las señales están aquí. Trump ha amenazado con retomar dos de sus amenazas estrella: destruir infraestructura civil clave como centrales eléctricas y puentes e invadir la isla de Kharg.
De hecho Trump ya retomó el bloqueo naval e Irán volvió a reforzar el cierre de Ormuz y el minado de otras rutas. Si nadie lo evita, la escalada que promete Trump abre la puerta a que Irán apunte sobre lo que quizá ya se ha olvidado pero señaló de forma transparente en aquel momento. Irán destruiría las refinerías de petróleo y las plantas gasísticas del Golfo, incluyendo potenciales retornos de la guerra a Catar, Emiratos Árabes y Arabia Saudí.
El mundo no está tan lejos de este escenario. Si no se frena la escalada y se queda en órdagos para reforzar sus posiciones bajo el fuego, habrá nueva confrontación regional amplia. En Irán no se fían de las negociaciones y por eso puede ser mucho más difícil traerles de vuelta a la mesa sin concesiones aún más potentes o sin que decidan ir hasta el final en su defensa posicional.
De hecho, en ese camino hacia la negación de la diplomacia que Trump ha forzado, ya se está reabriendo el parlamento con voces duras con el memorándum y que desean no comprometerse en torno a la joya de la corona: el programa nuclear. Cuidado con dónde se puede meter Donald Trump por no entregar Ormuz.
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Alejandro López Canorea dirige el medio Descifrando la Guerra. Es antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.
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