El movimiento MAGA se rompe a los pies de Trump

Make America Great Again. Así es como se presentó el magnate republicano Donald Trump a las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Pero en su mismo eslogan ya se apuntaba a una declaración de intenciones que implicaba una serie de posicionamientos nacionales e internacionales.

La crisis del movimiento es, sencillamente, fruto de los cambios que su liderazgo ha propiciado de manera más que errática. El segundo mandato de Trump poco tiene que ver con el primero a pesar de que profundiza dinámicas importantes que inauguró en 2016 con perspectivas de futuro.

Pero lo más significativo es que el gobierno de Trump en 2026 también dista mucho del tono que tenía a principios de 2025. He ahí el golpe de timón.

Morir de éxito

La victoria tan fulgurante que se granjeó Donald Trump en las elecciones del año 2024 lo cambiaron todo. Quizá ganó demasiado fuertemente. ¿Pero es acaso posible eso?

La personalidad del empresario neoyorquino es propicia al envalentonamiento y a la potenciación del ego, como él mismo ha llegado a reconocer. Demasiados resortes del poder bajo su mando podían ser peligrosos para un proyecto que perdía contrapesos.

La idea de extralimitar sus medidas no parecía tan descabellada tras un mandato popular que podía ser interpretado como un cheque en blanco en Mar-a-Lago. La obtención de los compromisarios de todos los Estados clave, la primera victoria en voto popular de las tres elecciones donde se había presentado, el control de las dos cámaras, la mayoría republicana en la Corte Suprema y el auge entre electorado tradicionalmente demócrata. Todas estas claves supusieron el principio de la aventura desbocada.

Sin planes en la Casa Blanca

Desde el principio el equipo más cercano de Trump creyó que el movimiento MAGA debía ser interpretado en estrictos términos aislacionistas o priorizadores, pero en ningún caso como un mandato republicano tradicional que buscase compartir valores y bienes globales a cambio de una hegemonía multilateral.

Había que centrarse en la situación interna. Reindustrializar Estados Unidos, limpiar étnicamente todo lo que se pueda el país, poner el foco en América ampliando la doctrina Monroe y luchar contra el narcotráfico y la migración. Todo ello implicaba profundizar las medidas que, como pasaba con la guerra comercial, se habían delineado durante el primer mandato y que Joe Biden no había revertido por completo.

Para ello Elon Musk se había ganado el oído de Donald Trump. Perfiles que querían romper con los compromisos tradicionales en Europa, el mundo liberal e incluso Oriente Medio emergían de manera rupturista. Segundas filas del Pentágono como Elbridge Colby o de la guerra arancelaria como Peter Navarro aparecerían discreta pero implacablemente.

La personalidad del empresario neoyorquino es propicia al envalentonamiento y a la potenciación del ego, como él mismo ha llegado a reconocer

JD Vance era el gran baluarte de esa corriente contraria a empantanar a Estados Unidos en aventuras militares por el mundo, partidaria de hacer la guerra contra los demócratas y limpiar el Estado profundo. El oligarca Elon Musk, el ex presentador de la Fox, Tucker Carlson, y su propio hijo, Donald Trump Jr, sirvieron como camarilla en Florida para evitar por todos los medios que figuras neoconservadoras pudieran llegar a la Administración Trump 2.0.

Entre los cordones sanitarios que aplicaron destacó la operación para excluir a Mike Pompeo, antiguo secretario de Estado de Trump. Perfiles como John Bolton, ex asesor de Seguridad Nacional, se sumaron al espectro tradicional republicano y los halcones intervencionistas en su campaña de derribo contra Trump. Esta administración iba a cambiarlo todo a lomos de este MAGA reforzado.

Y así empezó ocurriendo. La historia de la Administración Trump en 2025 es conocida por todos. Hasta que Trump comenzó a retrasar la aplicación definitiva de los aranceles. Las expectativas y las capacidades eran tan altas gracias a la victoria completa de 2024 que aplicarlo todo implicaba riesgos muy serios en los mercados. La camarilla no veía con buenos ojos que Trump no se atreviese a romper con el corsé de la deuda, la balanza comercial desfavorable y el dominio del dólar como moneda de reserva global.

Trump prefirió usar sus amenazas arancelarias y bélicas como un órdago que pudiera retirar a cambio de concesiones por parte de socios y rivales. Y así fue hasta la subida de la apuesta por parte de China, que le aguantó el órdago económico y forzó a Trump a una negociación que no está pudiendo ganar de la forma abrumadora que esperaba.

La vuelta de los halcones y del America First

Del mismo modo ocurrió con el ejército. Los recortes masivos que organizó Musk buscaban romper con gran parte del tejido supraestatal y la sobreextensión exterior, militar y humanitaria estadounidense. Cuando Trump aprobó su “ley bonita” en 2025 e incrementó notablemente el gasto en Defensa, MAGA comenzó a estallar por los aires.

Las aventuras bélicas volvían a exigir recursos. Venezuela e Irán fueron dos trampas mortales. Trump murió de éxito en Caracas y esto le envalentonó a confiar en las promesas israelíes sobre la República Islámica de Irán. Nada más lejos de la realidad. Estados Unidos comprometió millones en otro pozo sin fondo en Oriente Medio, justo lo que Trump quería evitar.

Ahora alabado por los halcones que le criticaban, el presidente se enrocó en su nueva posición. Y esto propició que Marco Rubio, un conservador intervencionista tradicional, elevase la suya. El perfil de Rubio, que parecía haberse trumpizado para encajar en el gobierno MAGA y pasar el corte de la camarilla de Musk, volvió a representar los anhelos de los halcones.

Rubio es en estos momentos el futuro de este sector. Y el objetivo está claro tras la caída de Carlson y Musk, la defensa del dólar y la intervención en Oriente Medio: minar la posición del último gran no alineado, JD Vance.

En la línea de ruptura con el orden liberal, Steve Witkoff se había granjeado en 2025 el ascenso a la posición principal de enviado exterior gracias a su sintonía con Rusia. En el nuevo trumpismo, Jared Kushner, el yerno de Trump, se le unió para restaurar entre los dos la primacía que Israel tenía en la Casa Blanca en el primer mandato. Y este es el motivo por el que Irán exigió que JD Vance fuera el negociador en Pakistán. Este nombre no es baladí.

Mientras Trump rompía con la base más radicalizada del movimiento MAGA, como la congresista Marjorie Taylor Greene, ha ido surgiendo toda una corriente neo-trumpista. Los expulsados de la coalición están buscando capitalizar el descontento de la base MAGA con el Trump más centrado en los intereses israelíes que en las promesas de volver a hacer Estados Unidos 'grande'. Una especie de America First vs MAGA 2.0.

_________________________________________

Alejandro López Canorea dirige el medio Descifrando la Guerra. Antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.

Más sobre este tema
stats