La derecha tiene un problema con España
La derecha política está estos días como el meme ese de la cara amargada y llorando con la careta sonriente. Celebra la victoria de la selección, llegando incluso a tratar de apropiarse, por boca de Feijóo, a España, pero por debajo se ha sentido realmente incómoda. Vale recordar el tuit de Vito Quiles renegando de la selección porque había dos no blancos; el impresentable artículo de Rajoy, que hablaba de Francia, pero se dirigía a España; las respuestas iracundas en redes por cómo celebró Lamine Yamal un gol; algunas respuestas ante el empate contra Cabo Verde, donde algunas voces decían que eso no era España, sino el Barça; o cómo, antes de la semifinal contra Francia, varios medios decidieron que era el mejor momento para cuestionar a la selección. A esto tenemos que sumarle la asociación que se ha hecho con Palestina contra Israel, el momento geopolítico en el que Trump echa pestes de España y sus sucursales locales le aplauden o que, simplemente, deseaban que perdiese para poder llamar gafe a Pedro Sánchez.
La derecha tiene un problema con España: no le gusta, no la soporta. No soporta a los jubilados, a los que llama privilegiados; no soporta a la juventud, a la que llama generación de cristal; no soporta a las mujeres, a las que considera unas histéricas; no soporta a los homosexuales, a los que llama pedófilos; no soporta a los trabajadores, a los que llama vagos; y, por supuesto, no soporta a los trabajadores inmigrantes, a los que llama parásitos. Y es que, por no gustar, no le gusta ni la selección española porque hay un moro, un negro, mucho vasco y catalán. La caverna tiene un problema con España porque le molesta la España real, concreta y diversa, y necesita imponer a la realidad su idea estrecha de lo que tiene que ser España.
Pero, ¿cómo puede tener apoyo si desprecia a la inmensa mayoría? Porque la política tiene mucho de articulación, de activar unas pasiones en contra de otras y, en este caso, se busca generar un resentimiento y rechazo cruzado entre las distintas partes de la sociedad: enfrentar a jóvenes contra mayores, a mujeres contra hombres, a trabajadores de aquí con trabajadores de allá, y una idea de familia opuesta a otras ideas de familia. Se da a entender que la libertad de unos va en detrimento de la libertad de otros, que el reconocimiento de unos va en detrimento del de otros, que la diversidad nacional, lingüística, social y cultural es una amenaza.
La caverna tiene un problema con España porque le molesta la España real, concreta y diversa, y necesita imponer a la realidad su idea estrecha de lo que tiene que ser España
Los jubilados le chupan la sangre a la juventud; la juventud, en palabras de la CEOE, son unos “memos” que desconocen el valor del esfuerzo; los inmigrantes, que como casi no curran, vienen a colapsar la sanidad y a quitarle la vivienda a la juventud española. Los trabajadores españoles, en cuanto pueden, cometen fraude y perjudican a sus compañeros; los funcionarios viven demasiado bien y habría que igualarlos a la baja. Esto último, igualar a la baja, es el veneno del resentimiento que inocula la derecha en la sociedad: la envidia, empeorar a los demás, culpar al otro, no buscar la propia mejora ni afirmarse uno mismo.
Se ha visto perfectamente en la polémica de las bajas por enfermedad por boca de Lorenzo Amor o Díaz Ayuso, que comparaban la disparidad del índice de bajas entre los asalariados y los autónomos. Y es cierto: a mayor seguridad y menor exposición a la necesidad, mayor libertad para rechazar ir a trabajar enfermo. Eso es algo bueno. Por eso, quien tiene un contrato indefinido tiene más margen para decidir no trabajar enfermo que quien tiene un trabajo temporal; por eso, un asalariado suele tener más margen que un autónomo.
¿Qué proponen? Igualar a la baja. En ningún momento se les ocurre que sea un problema que España, después de Grecia, tuviera el mayor crecimiento de autónomos tras la crisis de 2008; que los países con un tejido productivo más desarrollado tengan menos peso de autónomos sobre el total; o que el porcentaje de autónomos por obligación en España sea de los más elevados de Europa. El razonamiento de Ayuso, Amor y la derecha pasa por acabar con los contratos indefinidos y con la seguridad laboral, en lugar de incrementarla, e igualar a la baja, tomando como medida a quienes peor lo pasan. En lugar de igualar hacia arriba y mejorar la vida de unos, buscan empeorar la vida de otros. Ese es su proyecto para España: enfrentar, generar resentimiento, adular a los ricos, servir.
Todos son criticables y puestos en duda. ¿Todos? No. Hay una minoría que solo recibe halagos y piropos: rentistas y explotadores son siempre ahorradores y generadores de riqueza. Son españoles de bien, presentados como víctimas, trabajadores, emprendedores y aventureros que, para sacar adelante una familia y un país, se enfrentan a vagos, morosos, rojos, feministas, inmigrantes y a Hacienda.
Ahora toca celebrar el Mundial y también celebrar una España nueva: real y concreta.
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Jorge Moruno es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.
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