Reformas y limpiezas Feijóo S.L José Antonio Martín Pallín
No hay terreno más resbaladizo para el PP que la corrupción. Un arma arrojadiza con una regla sencilla: solo existe cuando la protagoniza el PSOE. La memoria se activa o se desactiva según convenga, en un ejercicio de amnesia selectiva que ha vuelto a marcar el discurso de cierre del curso político de Alberto Núñez Feijóo. Con todo lo que ha sucedido en España este año y con las turbulencias geopolíticas por venir, el líder del PP ha dedicado su balance previo al último Pleno del Congreso, una vez más, a la corrupción. El principal eje de su oposición. El asunto al que lleva meses —en realidad, años— reduciendo casi toda su estrategia política.
Feijóo ha recriminado al PSOE que no rompa amarras con Zapatero mientras se aclaran sus negocios y el millón de euros en joyas. Al expresidente socialista aún le quedan todas las explicaciones por dar, y tanto el PSOE como el Gobierno deben gestionar la respuesta a ese silencio. Pero a Feijóo no le preocupa lo más mínimo la corrupción, sino abatir a Sánchez. Eso o habría aplicado el mismo rasero a los suyos. No en vano, ha reivindicado sin matices: "Yo no puedo tener una sintonía mayor que con el señor Aznar y con el señor Rajoy".
Si la justicia hubiera funcionado antes como ahora, Aznar no se habría ido de rositas por aceptar que Francisco Correa pagara parte de la boda de su hija. Si Víctor de Aldama hubiera pagado parte de los estudios de la hija de Sánchez, el presidente estaría sobradamente imputado. Eran otros tiempos, otros presidentes.
Sostiene Feijóo que “la corrupción de Sánchez lo impregna todo”. De nuevo, no será por el ejemplo que ha dado el gallego. Los casos de ese Rajoy con el que no habrá fisuras dejan los de hoy en una corrupción de Cash Converters, unas cloacas de AliExpress frente al calado de la trama Kitchen, de la que nadie en el PP ha pedido perdón. En la corrupción “sistémica”, en palabras de Feijóo, de la que nadie se hizo cargo, el Ministerio de Hacienda fue un chiringuito de consultoría previo pago; los fondos reservados —es decir, fondos públicos— engrasaron la operación dirigida por el ministro del Interior, el secretario de Estado y la cúpula policial para obstruir y sabotear la investigación judicial del caso Gürtel.
El “el nexo político corruptor” que ve Feijóo en Pedro Sánchez no lo ve en Mariano Rajoy. El PP ha colocado la corrupción, el asunto del que puede salir peor parado por comparación, como plato fuerte del balance de año.
Feijóo admite el volantazo del congreso que le ratificó hace un año, cuando se comprometió a no gobernar con Vox para después convocar un ciclo electoral de cuatro paradas autonómicas donde ha pintado el mapa de azul y verde
Así que, a falta de atreverse con la moción de censura en el supuesto “peor momento de la democracia”, el balance tampoco ha servido para conocer el programa con el que quiere llegar a La Moncloa. Feijóo admite el volantazo del congreso que le ratificó hace un año, cuando se comprometió a no gobernar con Vox para después convocar un ciclo electoral de cuatro paradas autonómicas donde ha pintado el mapa de azul y verde para, después, anunciar que los españoles piden ese pacto con la ultraderecha que negó tantas veces. “Con Vox en el Gobierno no”, sentenció Miguel Tellado en el micrófono de Carlos Alsina este curso. Ahora hay Vox y hay Junts, de quien pidió la ilegalización hace dos años en las enmiendas de la ley de amnistía. Con el "pragmatismo parlamentario" que ahora reivindica Feijóo, el mismo que tanto demonizó en Sánchez, abrirá la puerta del Gobierno central a Santiago Abascal.
De las políticas conocidas hasta ahora, y obviadas en el discurso de cierre de curso, queda llamar fraude electoral a la llamada ley de nietos, que llevó en su programa del 23J. En la agenda laboral del PP, sabemos que el "absentismo laboral es un cáncer”, y que impulsará una ley nacional para considerar al concebido no nacido como miembro de la unidad familiar, en línea con los postulados antiabortistas que el PP ya había desterrado. De momento, el programa es ese. Ha sido Feijóo quien ha elegido cerrar el curso hablando de Sánchez, no de hacia dónde va en ese rumbo a La Moncloa que da por hecho. Como ahora le gusta ironizar con la frase de su investidura fallida —«No voy a la Selección porque no quiero»—, igual no tiene programa porque no quiere.
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