De Instagram a las rejas del parlamento: el “partido de las cucarachas” se abre paso en la India

El líder del Partido Bharatiya Janata (BJP) y Primer Ministro indio, Narendra Modi mientras llega a la sede del partido para pronunciar un discurso de victoria, en Nueva Delhi, India, el 4 de junio de 2024.

Côme Bastin (Mediapart)

A pesar del monzón que azota Nueva Delhi, cientos de jóvenes indios e indias ocupan Jantar Mantar, lugar emblemático de las manifestaciones políticas de la capital, famoso por su observatorio astronómico del siglo XVIII. Esta sentada pacífica se prolonga sin interrupción desde el 20 de junio. “En total, cerca de 200.000 personas se han unido a nosotros aquí”, afirma a Mediapart Saurav Das, portavoz del Partido Popular de las Cucarachas. “¡Es una cifra enorme para un movimiento que nació hace solo dos meses!”

Bajo lonas de plástico, los jóvenes indios exigen en sus pancartas la dimisión de Dharmendra Pradhan, ministro de Educación, al que consideran responsable del fiasco de la filtración de los temas de examen y, posteriormente, de la anulación del examen de acceso a la carrera de Medicina de 2026, para el que se habían preparado más de dos millones de candidatos. A pesar de un crecimiento del 6 %, la India no crea suficientes puestos de trabajo para sus 600 millones de habitantes menores de 25 años.

Los repetidos escándalos de este tipo, relacionados con la corrupción, frustran las esperanzas de quienes buscan un empleo formal. Algunos llegan incluso al suicidio. El último movimiento estudiantil, contra una reforma de la ciudadanía criticada por su islamofobia, había llegado a su fin con el covid-19 y la detención de sus líderes, algunos de los cuales siguen pudriéndose en la cárcel. Aunque estamos lejos de las multitudes de 2020, salir a la calle requiere cada vez más valor en la India.

Hasta ahora, el Gobierno no ha reprimido brutalmente a las “cucarachas”, pero tampoco ha accedido a sus demandas. Se ha instalado una especie de guerra fría entre el movimiento contestatario y las autoridades, que los manifestantes esperan romper marchando hacia el Parlamento el lunes 20 de julio.

Invertir el estigma

El padre involuntario del Partido Popular de las Cucarachas es el máximo magistrado del país. Durante una vista celebrada el 15 de mayo, Surya Kant, presidente del Tribunal Supremo, arremetió contra “esos jóvenes que, como las cucarachas, no encuentran trabajo […] y atacan a todo el mundo”. Tres días después de la anulación de las pruebas de acceso a la carrera de Medicina, sus declaraciones causan impacto.

Con el objetivo de darle la vuelta al estigma, Abhijeet Dipke, un estudiante indio en Estados Unidos, fundó en la red social X el Partido Popular de las Cucarachas (Cockroach Janta Party, CJP), cuyo nombre es una burla al Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party, BJP) de Narendra Modi, el líder hindú de la derecha radical en el poder desde 2014.

La broma, que podría haberse quedado ahí, se vuelve viral. La cuenta de X es bloqueada brevemente por el Gobierno, pero la de Instagram sigue creciendo. Hoy cuenta con más de 21 millones de seguidores, más del doble que la cuenta del BJP, a pesar de que este cuenta con equipos digitales muy experimentados.

El Gobierno se encuentra paralizado, pues sabe que existe un profundo malestar en el país, especialmente entre los jóvenes

Saurav Das, periodista y activista

“¿Cuántos partidos bien financiados y con gran presencia mediática darían lo que fuera por tener la visibilidad que ha conseguido este grupo satírico?”, se pregunta Sudhanshu Kaushik, autor de The Future Is Ours: The Political Promise of India’s Youth (El futuro es nuestro: la promesa política de la juventud india, edit. Harper Collins, 2023).

De inmediato, el CJP ya no se conforma con exigir la dimisión del ministro de Educación y formula un manifiesto contra el amiguismo político-judicial, el fraude electoral, la concentración de los medios de comunicación y los tránsfugas políticos. “Llamamientos llegados de todos los ámbitos nos pedían que hiciéramos algo más que sátira, que pasáramos a la acción”, cuenta Saurav Das, periodista y activista, para quien el movimiento se ha convertido en “la plataforma para un cambio real”.

El 6 de junio, cuando Abhijeet Dipke, fundador del movimiento desde Estados Unidos, aterrizó en Nueva Delhi para la primera manifestación del CJP, la policía le dejo pasar. “El Gobierno está paralizado, porque sabe que existe un profundo malestar en el país, sobre todo entre los jóvenes”, afirma Saurav Das. “No puede expulsarnos, porque eso nos daría más credibilidad ante la opinión pública, y se limita a esperar. Pero nosotros, los jóvenes, nos quedaremos para cambiar este sistema corrupto”.

Indignación alimentada por la represión

Recientemente, una ola de revueltas impulsadas por la juventud ha derrocado a tres gobiernos en las fronteras de la India. En 2022, el presidente Gotabaya Rajapaksa fue derrocado en Sri Lanka, antes de que la ex primera ministra de Bangladés, Sheikh Hasina, corriera la misma suerte en 2024 (a costa de cientos de muertes de estudiantes) y de que la juventud de Nepal incendiara su Parlamento en 2025.

En estos tres países, la represión de los gobernantes no ha hecho más que avivar la indignación. Nueva Delhi ha seguido esos disturbios con inquietud y quiere evitar que se repitan en su territorio. Por su parte, el Partido Popular de las Cucarachas retoma los códigos de estas revueltas denominadas de la “Generación Z” —humor, organización en redes, público joven y lucha contra la corrupción—, aunque no reivindique ser parte de ellas.

“La India es el país que ha unido la palabra ‘pacífica’ a la palabra ‘manifestación’. No hay ninguna posibilidad de violencia, como se ha podido ver en otros países con regímenes opresivos”, asegura Saurav Das. “El CJP es más hábil que los movimientos juveniles anteriores porque se moviliza en torno a cuestiones cercanas a la vida de la gente”, añade el ensayista Sudhanshu Kaushik.

La unión entre las “cucarachas” y la sociedad civil o los partidos existentes forma parte de la ecuación de su futuro

El movimiento puede crecer o diluirse en función de acontecimientos imprevisibles, en un país que cuenta con 1.430 millones de habitantes, veintidós lenguas oficiales y numerosas comunidades con intereses divergentes. Aunque el CJP ha creado cuentas en las redes sociales para los veintiocho estados de este país federal, parecen poco activas. “Las manifestaciones se concentran por ahora en la capital, pero los participantes también proceden de ciudades medianas”, afirma Saurav Das, quien anuncia una futura “gira por la India”.

Algunos estudiantes, contactados por Mediapart, han oído hablar del CJP, pero no esperan que se produzca un gran cambio. “He visto sus reels en Instagram. Se necesitan reformas en la educación, pero sigue siendo un puñado de personas que no representan a la juventud”, afirma, por ejemplo, Abhinav Pandey, estudiante de la Universidad Hindú de Benarés, en Uttar Pradesh, el Estado más pobre y más poblado de la India, con 240 millones de habitantes. “Es demasiado pronto para saber si el movimiento puede ganar terreno aquí, pero considero que sus manifestaciones son legítimas”, opina Anjali Pandey, una joven trabajadora de Lucknow, capital de Uttar Pradesh.

La alianza entre las “cucarachas” y la sociedad civil o los partidos existentes forma parte de la ecuación de su futuro. Varias fuerzas de la oposición les han brindado apoyo con cautela. Algunos políticos acudieron a la concentración de Nueva Delhi, en particular los del AAP (Aam Aadmi Party, Partido del Hombre Corriente), un partido debilitado pero que se vio impulsado por una inmensa ola de manifestaciones contra la corrupción a partir de 2011. Pero muchos jóvenes indios muestran una gran desconfianza hacia los partidos.

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Las “cucarachas” han recibido el apoyo de Sonam Wangchuk, profesor y figura destacada de la lucha por los derechos humanos en el Himalaya, admirado por muchos jóvenes. Recién salido de prisión, el 28 de junio inició una huelga de hambre en el recinto de Jantar Mantar para exigir la dimisión del ministro. Su estado físico se está deteriorando. “Tengo la sensación de que el Gobierno quiere que Sonam y el resto de personas en huelga de hambre se mueran”, denuncia Abhijeet Dipke.

El sábado 18 de julio, Sonam Wangchuk fue sacado a la fuerza de la manifestación por la policía de Nueva Delhi y trasladado a un hospital. “Una detención forzosa”, considera su esposa, que ha recurrido, en vano, al Tribunal Superior de Delhi para que lo pongan en libertad. En respuesta, Abhijeet Dipke ha anunciado que él también iniciará una huelga de hambre, y el Partido de las Cucarachas exige ahora la dimisión de Narendra Modi. La marcha del 20 de julio se perfila como una prueba tanto para las “cucarachas” como para el Gobierno.

Traducción de Miguel López

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