El efecto devastador del algoritmo Marchena

Han sido tres años trepidantes, que han servido para cerrar una herida, tres años para asentar las bases de un nuevo ciclo político, cuando Carles Puigdemont aterrice en el aeropuerto Josep Tarradellas, el algoritmo judicial haya corregido sus defectos y España, país transversal, plural y periférico, haya dado un portazo definitivo a las mayorías absolutas y acoplado definitivamente su sistema democrático a la plurinacionalidad, con el respaldo de Europa y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

Somos un país estable, un país de países que funciona coordinado cuando se ponen a prueba las estructuras del Estado. Por eso las sentencias judiciales no moldean la voluntad de los votantes, en otras coordenadas que invitan a pensar que el equilibro político se alcanzará cuando los partidos de la derecha se decidan a ser aquello que realmente quieren ser: derecha autoritaria o derecha plural. Si sus líderes no encuentran la respuesta, lo hará en las urnas la ciudadanía.

Disonancias cognitivas 

El Madrid D.F. emite señales de catástrofe. Su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, dispara una nueva alarma a los principales líderes del Partido Popular Europeo: “Hoy nos gobierna un movimiento de destrucción del Estado de derecho, que utiliza medios de comunicación y herramientas del Estado para dañar nuestra salud democrática”. Lo dice ante Alberto Núñez Feijóo. El Madrid D.F. provoca sistemáticamente disonancias cognitivas que no se compadecen con el nombramiento de Pedro Sánchez como copresidente de los Defensores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible esta semana en la ONU, ni tampoco con el aval de la Comisión Europea a las reformas judiciales españolas. El informe sobre el Estado de derecho de la UE de 2026 considera un “progreso significativo” que el proyecto de Ley de enjuiciamiento criminal entregue la instrucción a los fiscales y desvincule del Gobierno el mandato del fiscal general. Todo en orden. El algoritmo judicial, sin embargo, no funciona.

El electorado español es muy estable. Lo demuestra la reestimación de Opina 360 sobre el barómetro del CIS que, más allá del resultado, verifica esa enorme disonancia. El PSOE se sitúa a sólo dos puntos por debajo de un PP que supera el 30%, mientras se acentúa la tendencia declinante de Vox hasta el 16%. Los datos confirman que el Gobierno debe presentar unas cuentas públicas este año. Los Presupuestos Generales son la herramienta indispensable para conectar con su electorado, un millón de indecisos y otros 700.000 dispuestos a retirar su voto a Alberto Núñez Feijóo.

Mientras tanto, el consorcio se debilita. Quién lidera qué es la pregunta después de ver al líder del PP junto a Keiko Fujimori. Esta semana hemos comprobado que algunos prebostes de la industria de la actualidad se apartan del gallego. Los barones, atentos a sus votantes; algunos diputados del PP también se apartan, e incluso José María Aznar López observa la evolución electoral al margen de todo y de todos. Apartarse es el verbo/tendencia de este verano que se conjuga en la derecha española. ¿Todos se apartan? Todos no. Isabel Díaz Ayuso se ha acercado esta semana a Feijóo. 

Hace falta, pues, algo que ordene el caos, que controle el desorden y la dispersión de este país. Y ese algo estabilizador tiene su fuente en la plurinacionalidad y el europeísmo

Entre el miedo y la esperanza: comienza un nuevo ciclo político 

España tiende a la entropía desde que el algoritmo judicial, algoritmo defectuoso, dicta sentencias que generan demasiada desconfianza en el Poder Judicial. Hace falta, pues, algo que ordene el caos, que controle el desorden y la dispersión de este país. Y ese algo estabilizador tiene su fuente en la plurinacionalidad y el europeísmo. Desde la plurinacionalidad, a través de unos presupuestos sociales, y desde fuera, a través del TJUE, aunque para Oriol Junqueras aún no sea suficiente.

El otro viernes, en el Ritz, Junqueras se lo dijo a Gabriel Rufián y al resto de diputados de ERC que no viven su momento más afectivo: “El crecimiento de la extrema derecha no es una respuesta a la inmigración. Es posible que responda a fallos en la seguridad pero esa sería también una respuesta incompleta. ¿Por qué crece entonces? Porque hay una batalla campal entre el miedo y la esperanza y porque el mundo es tan complejo que las instituciones no siempre pueden resolver los problemas planteados”. Tiene razón el jesuita en su homilía: cuando los gobiernos no resuelven el cambio climático, la crisis energética, las deudas públicas desbordadas o las devaluaciones monetarias encubiertas, se genera una frustración en buena parte de la sociedad. En esta batalla entre el miedo y la esperanza, la esperanza, que puede ser abstracta, etérea o simpática pero necesita ser concreta.

Y la sentencia del TJUE, efectivamente, no es suficiente pero suma. Conviene detenerse en ella: no cierra completamente la herida del procés pero apuntala la convivencia constitucional en el sistema España. El Alto Tribunal ha resuelto las cuestiones prejudiciales que plantearon la Audiencia Nacional y el Tribunal de Cuentas. La sentencia no afirma explícitamente que Puigdemont sea un hombre libre (continúa sobre él una orden de detención desde hace nueve años firmada por el juez Llarena), pero sí refuerza el sentido histórico, jurídico y político de la amnistía, aprobada hace dos años, consolidando la plurinacionalidad como condición de posibilidad de nuestra democracia parlamentaria, afianzando la interpretación que haga el Tribunal Constitucional en su fallo previsto para el otoño (plena validez de la Ley) y acentuando el dilema sobre lo que quiere ser España y también sobre lo que quiere ser Junts: o un partido cautivo y asimilado a Aliança Catalana o el verdadero partido democristiano en Catalunya. 

Las locales: primera vuelta técnica de las generales

Es importante no perder de vista un hecho importante para el soberanismo catalán. El partido ultra e independentista, liderado por Sílvia Orriols, ha sumado varios concejales llegados desde Junts per Catalunya en diferentes municipios de Cataluña durante los últimos meses. En Cambrils, en Vic o Santpedor no sólo se produce el trasvase de votos, también comienza la sangría de concejales. Llegados a este punto, Miriam Nogueras, Jordi Turull y Carles Puigdemont deben elegir si quieren seguir la senda de Trump o, por el contrario, el camino marcado por León XIV.

El PSOE también ha decidido lo que quiere ser en las últimas primarias locales de Madrid. Las municipales son primera vuelta técnica de las generales y también son presente y futuro para un territorio que quiere ser capital plural. Enma López ha enseñado el camino. La victoria formal de Reyes Maroto nos sirve para hacer un diagnóstico: el socialismo madrileño debe resolver su propio dilema: apostar por los líderes cautivos del aparato o por aquellas que tienen la valentía de conectar con la ciudadanía. Deténganse a ver qué han votado los socialistas en los diferentes distritos y comprobarán que no fue a las urnas el socialismo madrileño, tan solo fue el Madrid D.F. progresista.  

La copa mundial

Mundiales femenino y masculino de fútbol, Eurocopa y Nations League, mundial masculino de basket, Wimbledon, Roland Garros y US Open, Cannes, Berlinale y Venecia, una pila de Grammys y hasta un Kavli (y parece que se avecina Oscar). El peso de España crece y se expande, a partir del reconocimiento del otro, la Nueva Diplomacia Española desplegada por Albares, el entusiasmo de sabernos una comunidad abierta convertida en el estandarte de la democracia liberal. En el deporte, en la literatura, en el cine y la música, en la defensa de los derechos humanos y el ordenamiento internacional, España siempre está ahí, a pesar del efecto devastador del algoritmo Marchena: somos la coda definitiva a una manera de estar en el mundo. Bien! 

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