Las rojas que no fueron (I): Ana Carmona, 'Nita', futbolista malagueña Ángela Rodríguez Pam
LAS ROJAS QUE NO FUERON
La vida que llevaron las mujeres de las que esta serie va a hablar no fue una cuestión de suerte, sino más bien todo lo contrario. Con la segunda República, en nuestro país se había empezado a reconocer a las mujeres como ciudadanas, con voto, divorcio y escuela mixta, pero la dictadura hizo de devolverlas al hogar un programa de Estado. Esta serie de verano cuenta las vidas que esa marcha atrás dejó sin cumplir. La primera jugaba al fútbol.
Estamos en los días del aniversario del golpe, y este domingo España ganó el Mundial de fútbol masculino. Un tal Ferran Torres marcó en la prórroga y se lo agradeció a dios, que había querido escribir así la historia, dándole las cosas a quien más se las merece. Y claro, aunque resulta que desde el domingo España tiene a la vez los dos mundiales, porque el de las mujeres se ganó en 2023, de aquella final muchas no recordamos el gol de Olga Carmona sino al presidente de la Federación besando en la boca a Jenni Hermoso sin su permiso, por lo que un tribunal lo condenó después por agresión sexual. No es que las mujeres no nos merezcamos ganar, no tiene nada que ver con la suerte. Hay un orden de las cosas que hace que Ferran no haya sido el primer hombre español en marcar el gol que nos dio un mundial y, sin embargo, de Carmona, la primera mujer, no se acuerde ni dios.
De todo esto me acuerdo estos días por otra Carmona que jugó al fútbol mucho antes y a la que no dejaron llegar a ninguna final. Se llamaba Ana, la llamaban Nita y la apodaron Veleta, vete tú a saber si por la rapidez con la que podía ser hombre o mujer, una pionera de lo queer si me preguntan. Nació en el barrio malagueño de Capuchinos en 1908, hija de un estibador del puerto y un ama de casa, y aprendió a jugar mirando a los marineros ingleses en las explanadas. Como a las niñas no se les permitía, se vendaba el pecho y se recogía el pelo bajo la gorra para colarse en el Sporting de Málaga como un hombre más. Cuando la descubrieron le raparon la cabeza y la tuvieron en arresto por alterar el orden, que se ve que era aquello contra lo que atentaba entonces una mujer que corriera detrás de un balón por pura diversión. Se marchó a Vélez a seguir jugando. Murió en 1940, a los treinta y dos años, de tifus, y la enterraron, como había pedido, con la camiseta del Sporting.
Todo eso ocurrió. Lo que voy a contar a partir de aquí, no, y lo cuento igual, que para eso el archivo dejó su vida a oscuras y algún hueco habrá que llenar, aunque sea a mano.
En la vida verdadera, la selección española femenina no jugó su primer partido hasta 31 años después de la muerte de Nita. (...) a las jugadoras no se les permitió llevar el escudo de España en la camiseta
En la Nita que pudo ser, el tifus de 1940 no llega. Aquella epidemia se alimentaba de guerra, de hambre y de gente hacinada en la derrota, y en la España que gana la guerra que perdió no hay bastante de eso para criarla. Así que Nita cumple los treinta y tres, y los cuarenta, y sigue jugando cuando llega el tiempo, que en esa España sí llega, en que las mujeres pueden hacerlo sin esconderse. El fútbol femenino, que apenas asomaba en los años de la República, crece en vez de morir de un tiro. Finalmente termina habiendo una gran liga de mujeres en la que Ana Carmona puede jugar, con su pelazo y sin vendaje ninguno.
Una tarde de primavera de 1943, en un Metropolitano lleno, la selección española de mujeres juega su primer partido contra Portugal con el escudo cosido en la camiseta, vaya orgullo patrio la selección de chavalas. La capitana es una malagueña de treinta y cinco años a la que de joven le raparon la cabeza justamente por jugar. Marca ella el primer gol de aquel equipo, de cabeza, con su pelazo, en un córner. En la grada está su padre, el estibador que años atrás la sacaba a rastras de los descampados, absolutamente emocionado, nunca pensó él que en los años cuarenta fuera su hija la que le iba a dar semejante alegría en una portería. Después Nita juega unos años más, entrena a niñas, ve pasar por sus manos a tres generaciones de crías de Capuchinos y de Vélez. Muere mayor, en su cama, en 1996, a los ochenta y ocho años, con la camiseta del Sporting doblada esperando en el cajón, con su nombre bordado, que es el mismo que lleva el campo donde hasta hace bien poco seguía entrenando a todas las malagueñas que se apasionaron por el balón como ella, La veleta, un templo en el que cualquier persona que se dedique al fútbol profesional querría jugar.
Nada de eso pasó. En la vida verdadera, la selección española femenina no jugó su primer partido hasta el 21 de febrero de 1971, treinta y un años después de la muerte de Nita. Fue en Murcia, contra Portugal, ante tres mil quinientas personas, y a las jugadoras no se les permitió llevar el escudo de España en la camiseta. Al árbitro lo obligaron a dirigir en chándal porque no le dejaron vestir de árbitro. Durante esos mismos años, el fútbol de los hombres fue escaparate del régimen, que llenaba de banderas los estadios y celebraba sus victorias como si fueran las suyas. Las mujeres no ganaron un Mundial hasta 2023, y ya se ha visto cómo se lo agradecieron.
A Nita la enterraron a los treinta y dos años con una camiseta que solo había podido llevar a escondidas. No marcó ningún gol para España porque no la dejaron intentarlo, y el que le he dado yo, el de cabeza en el Metropolitano lleno, con su padre en la grada, es de mentira. Lo sabe cualquiera que haya leído hasta aquí. Pero es el único que va a marcar, así que lo dejo escrito, para que al menos viva en la memoria de todas esa vida que no fue.
________________
Ángela Rodríguez 'Pam' es ex secretaria de Estado de Igualdad.
Lo más...
Lo más...
LeídoTu cita diaria con el periodismo que importa. Un avance exclusivo de las informaciones y opiniones que marcarán la agenda del día, seleccionado por la dirección de infoLibre.
Quiero recibirlaPasos de vida
El placer de matar a una madre: la novela que ilumina la violencia psiquiátrica y el robo de bebés
Del Bienquerer
¡Hola, !
Gracias por sumarte. Ahora formas parte de la comunidad de infoLibre que hace posible un periodismo de investigación riguroso y honesto.
En tu perfil puedes elegir qué boletines recibir, modificar tus datos personales y tu cuota.