Ferran es sin tilde Verónica López Sabater
Buenas. He dejado aparcado todo lo que estaba haciendo para escribir esta tribuna, que considero, llegados a este punto, urgente. Para el título me he inspirado en el título de una canción de Luis Brea (“Baso” es con “v”). La oportunidad me la ha brindado el magnífico logro de nuestra selección española de futbol masculino, que celebro y que me alegra mucho, por todo lo que significa y une. La urgencia la trae consigo el nombre del autor del gol determinante de la épica victoria de España: Ferran Torres.
Mi hijo se llama Ferran. Acabo de superar un tormento administrativo para conseguir quitarle la tilde en la "a" que se coló, siempre he querido pensar que por desconocimiento y despiste, en la emisión de su primer DNI.
“Hay que quitarle el acento al chiquillo” ha sido una larga cantinela en casa, pero como el día a día es como es, y durante muchos años ese error tenía bajo impacto, no había momento bueno para hacerlo. Aunque tampoco era inocuo su impacto: durante toda la etapa escolar del chaval, especialmente en primaria, lo de la tilde fue una faena porque sus profes, al ser una palabra aguda terminada en -an, añadían la tilde en el nombre que él escribía sin tilde porque yo le explicaba que su nombre, que es valenciano, no la lleva. Pero claro, en su DNI sí la llevaba. Pobret.
Cuando comenzó el curso escolar 2025-26 nos impusimos un plazo perentorio para tener el asunto resuelto, que debía ser antes de que finalizara el curso, crucial de fin de etapa y de correspondiente titulación de Educación Secundaria Obligatoria (ESO).
“Antes de que se nos vaya de las manos” era mi obsesión. No era un temor infundado. Recordaba cuando mi padre reunió fuerzas para hacerle a mi madre un regalazo de cuarenta cumpleaños: corregir el desaguisado de nombre que quien la inscribió en el Registro Civil tuvo a mal estampar pluralizándolo. Un regalo que no tiene precio, pero que costó una barbaridad porque además de no existir la administración digital en aquél entonces, supuso cambiar el nombre de una persona adulta, trabajadora, con titulación universitaria y una cantidad indeterminada pero numerosa de documentos oficiales imprescindibles para la vida diaria ya emitidos y, por tanto, afectados, incluidos los DNI de sus hijas, una de las cuales era yo. Tuvieron que testificar compañeros de trabajo para confirmar el nombre por el que respondía mi madre, y aportar comunicaciones formales con el nombre correcto (el deseado, más bien, en el momento del registro y el utilizado toda su vida). Un sinfín de trámites con final feliz.
Consultada mi web oficial de cabecera para los cambios de nombre y apellidos (ver aquí), nos pusimos a la faena hace unos meses. Revisamos todos los DNI emitidos, que como cuando los menores son pequeños se han de renovar con bastante frecuencia, eran unos cuantos, y nos dimos cuenta entonces de que en el primero de ellos ya estaba la tilde en la "a". Horror.
Pues todo esto os cuento para confesaros que me sudan los ojos cuando veo Ferran escrito con tilde. Y desde hace unos días, lo veo así escrito en todas partes
En la copia simple de la partida literal de nacimiento que el trámite requería acreditar comprobamos que el nombre ha estado siempre registrado de forma correcta, sin tilde. Se me despertó entonces, por cierto, un recuerdo del hospital, con Ferran recién nacido y su padre saliendo por la puerta raudo al Registro Civil mientras yo le exhortaba hecha un guiñapo en la cama: "¡¡¡Que no le pongan el acento!!!"
Solicitamos, como decían las instrucciones, un certificado a la Academia Valencia de la Llengua para acreditar nuestro reclamo, que emitió rapidísimo y que lee (no traduzco porque se entiende perfectamente y existe el traductor SALT): "Que el nom valencià Ferran, d’acord amb l’ortografia aprovada per l’Acadèmia Valenciana de la Llengua en la seua Gramàtica normativa valenciana, no ha de dur accent gràfic en la vocal a, per tractar-se d'una paraula aguda acabada en -an".
Llegados al último paso, ya en comisaría para corregir el nombre en el DNI, resultó que aunque todo lo anterior estaba bien, quitar el acento mal puesto en el DNI seguía siendo un cambio de nombre, lo que supuso un par de gestiones adicionales allí mismo, y un par de semanas de espera adicionales, antes de conseguirlo. A tiempo de que la consejería de educación pudiera emitir el título oficial de la ESO sin tilde en el nombre.
Pues todo esto os cuento para confesaros que me sudan los ojos cuando veo Ferran escrito con tilde. Y desde hace unos días, lo veo así escrito en todas partes.
Mi predicción es que las poco más de 13.000 personas que según el Instituto Nacional de Estadística (INE) respondían en España en 2025 al nombre de Ferran (que tienen una edad media de 33 años) serán más de 50.000 en 2030. Como hoy son 50.000 los Iker (con una edad media de 19 años todos ellos) o los Alex (17 años). Muchos niños que nazcan a partir del 19 de julio de 2026 en España y más allá, se van a llamar Ferrán, con tilde, como no haya alguien que lo pare. Y yo quiero pararlo antes de que nazcan los futuros Ferran llamados así por Ferran Torres, que es sin tilde. Ferran con tilde no existe porque Ferran en castellano es Fernando.
A todo esto, al interesado del trámite, mi hijo, el asunto le ha dado siempre bastante igual, he de confesar, hasta que su nombre, poco comprendido fuera del territorio de origen, lo ha petado.
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Verónica López Sabater es economista y consejera de la Cámara de Cuentas de Madrid.
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