Alberto San Juan: “El tipo de barba que trabaja con Ayuso ha mentido abiertamente y le ha salido gratis”

Alberto San Juan durante la lectura de los nombres de los niños palestinos asesinados por Israel, en la Puerta del Sol de Madrid en septiembre de 2025.

Alberto San Juan (Madrid, 1968) muestra su compromiso inquebrantable con las causas que considera justas a través de los papeles que interpreta. No hace falta más que fijarse en dos de sus últimos trabajos para constatarlo: La cena, comedia que critica el fascismo y en la que encarna a un metre que tiene que organizar un banquete para Franco; y La luz, en la que denuncia el encubrimiento de los abusos por parte de la Iglesia Católica metiéndose en la piel de un cura pederasta.

Es ahí, en la pantalla o sobre las tablas, donde el actor habla alto y claro, aunque tampoco duda cuando le toca posicionarse o compartir alguna opinión más allá de los focos. Un actor involucrado y un ciudadano con conciencia, en definitiva, al que le preocupan los mismos temas que a cualquiera: el avance de la ultraderecha, la pérdida de valores democráticos, los peligros de las nuevas tecnologías, la desconfianza ante el buen periodismo. Le preocupa, en definitiva, el mundo.

“En tiempos en los que los dueños del capital dominan el relato, y así convencen a una cantidad suficiente de la población oprimida de que su problema son otros oprimidos, en tiempos donde el miedo a la muerte reina sobre el amor a la vida, conviene no rendirse, sino resistir”, recalca a infoLibre. “Entendiendo la resistencia no como un puro aguantar, sino como una forma de acción. Resistir haciendo. Manteniendo vivo el fuego de la imaginación colectiva, por decirlo de alguna manera”, aclara.

En tiempos en los que los dueños del capital dominan el relato, en tiempos donde el miedo a la muerte reina sobre el amor a la vida, conviene no rendirse, sino resistir

Comprender juntos el mundo en el que nos ha tocado cohabitar, en definitiva, como “camino imprescindible para actuar en consecuencia” por el bien común y contra la simplificación de la realidad que promulgan los mensajes de odio. Para ello, considera también indispensable aminorar la velocidad y sacar tiempo para contrastar, reflexionar y ponderar, que no dejan de ser igualmente acciones de resistencia: “Pensar sin detenerse es difícil. Y pensar parece imprescindible. Aunque pensar no supone necesariamente pensar en el sentido del bien. Seguramente, Peter Thiel [administrador de fondos de inversión libre y capitalista, y cofundador de PayPal junto a Elon Musk] piensa mucho”.

Tras recordar que él mismo fue periodista “y no era bueno” por falta de “olfato, reflejos y cultura”, destaca que el buen periodismo debe garantizar el acceso a la verdad. Sin embargo, reconoce con amargura que “cuando el poder —los dueños del capital o, en sus múltiples traslaciones posibles, el matón de la clase, por ejemplo— te abre una puertecita, por diminuta que sea, es tan tentador subirse a la barca en mitad del naufragio, olvidar los rostros de quienes siguen en el agua, que lo más difícil es mantener la honestidad cuando esto supone renunciar a posibles privilegios”.

Parece que la abrumadora mayoría de medios de comunicación trabaja activamente para negar la realidad. Es normal. Sus dueños son capitalistas con intereses privados

“En una sociedad vil es muy difícil no envilecerse. En la sociedad del abuso, la nuestra, es difícil no participar de alguna forma de abuso; por ejemplo, hurtar el derecho a la información”, lamenta, para luego denunciar: “Parece que la abrumadora mayoría de medios de comunicación trabaja activamente para negar la realidad. Es normal. Sus dueños son capitalistas con intereses privados que anteponen al derecho universal a la información”.

Por eso, a su juicio, si fuera al revés, “si la mayoría de los medios contaran cómo funciona la dinámica de opresión que rige nuestra sociedad, ésta se volvería inviable”. “La revolución española del 36 se convertiría en el programa social universal: poner los recursos básicos para la vida en manos del conjunto de la población. El IBEX 35 sería investigado, juzgado y condenado por usurpar el derecho de los habitantes de un territorio a vivir de los recursos que genera ese territorio”, argumenta.

En la construcción de un relato falso al servicio del poder, ha cobrado mucha importancia otro elemento: el Poder Judicial

La gran mayoría de los medios, sin embargo, no cuentan cómo funciona esa dinámica de opresión y optan por la desinformación porque, tal y como remarca el actor, “para que el sistema continúe es necesario matar a la verdad”. Y pone sobre la mesa otra cuestión nuclear del momento que vivimos como sociedad: “En la negación de la realidad, en la construcción de un relato falso al servicio del poder, ha cobrado mucha importancia otro elemento: el Poder Judicial. El tipo de barba que trabaja con AyusoMiguel Ángel Rodríguez— ha mentido abiertamente y no solo le ha salido gratis, sino que, probablemente, ha sido y es generosamente recompensado”.

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Relaciona en este punto el intérprete lo que sucede en la Comunidad de Madrid con lo que acontece en la Casa Blanca y el oficio periodístico en general, pues admite que le sorprende mucho que, “cuando Trump insulta abiertamente a un periodista delante de sus compañeros, estos no le defiendan en el acto”. Según apunta, esto quizás ocurra por “miedo”, que no es otra cosa que la forma más peligrosa de censura, especialmente en un contexto donde el periodismo bien entendido tiene “muchísima” responsabilidad en una sociedad que empieza a confundir opinión con hechos, ruido con relevancia y cinismo con inteligencia.

En medio de esa confusión generalizada —o, cuanto menos, mayoritaria—, se muestra Alberto San Juan también preocupado por la influencia de la inteligencia artificial como herramienta manipuladora al estar en manos que no buscan el deseable bien común, precisamente: “Todo lo que sucede y se inventa en el capitalismo es convertido en mercancía. Es decir, sus potencias liberadoras son exterminadas. La IA es, potencialmente, una maravilla. Y se estará usando maravillosamente en muchos casos, pero también se utiliza para llevar a cabo el genocidio que continúa en Gaza y Cisjordania”.

Por todo lo ya comentado en esta conversación, advierte el intérprete de que no hace falta imaginar un mundo sin periodismo honesto, riguroso y crítico, pues, tristemente, “ya vivimos en él”. Para terminar, por eso, alerta también de que el oficio periodístico está “en la misma encrucijada que la propia humanidad: la posibilidad de la extinción”. “Perdone mi amargura”, solicita con su proverbial encanto, antes de una última puntualización personal: “Me gustaría aclarar que he respondido en calidad de vecino cualquiera, sin más. Sin ninguna atribución especial, pero usando el derecho universal a tomar la palabra en el espacio público, es decir, a hacer política. Después de que usted, amablemente, me preguntase, claro está”.

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