Silvia Intxaurrondo: "Se está normalizando que alguien mienta, sea desmentido y siga hablando como si nada"
Afirma Silvia Intxaurrondo (Barakaldo, 1979) que un periódico es resistencia “cuando es libre”. Eso nos suena a música celestial en la redacción de infoLibre, cuyo lema de un tiempo a esta parte ha pasado a ser, precisamente, ‘Somos resistencia’. Y todavía añade la periodista vizcaína: “Resistir es existir. Es negarse a aceptar que todo está perdido o decidido de antemano. La resistencia es esperanza y una forma sensata de optimismo”.
La conductora de La Hora de La 1 considera, asimismo, que un buen periodista debe resistirse contra la opacidad del poder, la velocidad del oficio, la simplificación de la realidad o sus propias certezas, así como “contra el pesimismo y la rendición”. “Cuando alguien nos dice que algo es inevitable, conviene preguntar quién lo ha decidido y a quién beneficia”, plantea, para luego advertir: “Muchas fatalidades tienen autor, presupuesto y gabinete de prensa”.
Muchas fatalidades tienen autor, presupuesto y gabinete de prensa
En esta línea, argumenta en conversación con infoLibre que el periodismo resiste en tiempos de desinformación cuando no “machaca” al lector con una sucesión interminable de noticias sin valor real, ni le entrega una “conclusión ya masticada”. Al contrario, apuesta por ofrecerle herramientas para que pueda “comprender una realidad cada vez más confusa”, al tiempo que se le trata “como un partícipe, como un socio, no como un simple consumidor”.
Detenerse a pensar y reflexionar como “elemento diferenciador”, en definitiva, algo para lo que no son buenas compañeras esas prisas inherentes al desempeño de la profesión periodística en estos tiempos fugaces en los que parece que todo es la ‘última hora’ de nuestras vidas. “Pero la rapidez ya no distingue a un periodista: cualquiera puede difundir algo en segundos”, recuerda Intxaurrondo, para quien “lo difícil es detenerse, ordenar los hechos y descubrir qué significan”. “Ahí empieza nuestro trabajo”, apostilla.
Cuando mentir no cuesta nada, la verdad empieza a parecer una extravagancia
Claro que, como bien sabe y reconoce, esas prisas a las que ya hemos hecho referencia influyen para mal en el ejercicio del periodismo, igualmente aquejado de “falta de medios y precariedad laboral”. “Las noticias desechables son más baratas de producir. Por eso, sabemos poco sobre cosas muy importantes: qué comemos, qué objetivo persigue nuestro sistema educativo o cómo viven las personas mayores que están solas”, destaca.
Es por esto último por lo que reconoce que los periodistas tienen “una parte de responsabilidad” en que la sociedad confunda opinión con hechos, ruido con relevancia o cinismo con inteligencia, si bien puntualiza que tampoco deben atribuirse “más poder” del que realmente tienen, ya que “el ruido y el cinismo los producen actores con recursos mucho mayores”. “No somos legisladores ni jueces”, recuerda, para acto seguido apuntar: “Los periodistas solo tenemos un lápiz, una voz y mucha pasión”.
Las noticias desechables son más baratas de producir. Por eso, sabemos poco sobre cosas muy importantes
Eso sí, lamenta en este punto Intxaurrondo que “se está normalizando que alguien mienta, sea desmentido y siga hablando como si nada”. Y se pone a sí misma como ejemplo en primera persona con un momento televisivo que todos recordamos: “En el debate electoral de 2023, ante millones de ciudadanos, Feijóo soltó un bulo sobre el archivo del gravísimo caso de espionaje Pegasus. Tres años después, sigo esperando que cumpla su promesa y me envíe el teletipo de agencia en el que dijo haberlo leído. Cuando mentir no cuesta nada, la verdad empieza a parecer una extravagancia”.
Así las cosas, apuesta por un periodismo que cuente “sin eufemismos” los retrocesos democráticos que ya están produciendo por el empuje de la ultraderecha. A su juicio, hay que “explicar qué derecho se está debilitando, quién lo pierde y quién obtiene poder con esa pérdida”. “No corresponde al periodista sustituir al ciudadano, pero sí hacer ver cómo un retroceso se disfraza de normalidad, de lógica falaz o de simple trámite administrativo”, señala.
Una sociedad mal informada no decide libremente. Solo puede reaccionar desde el miedo, la rabia o el resentimiento. Esa reacción primitiva e irracional es el terreno en el que mejor se mueve la extrema derecha
Y continúa: “Una sociedad mal informada no decide libremente. Solo puede reaccionar desde el miedo, la rabia o el resentimiento. Esa reacción primitiva e irracional es el terreno en el que mejor se mueve la extrema derecha. El buen periodismo introduce hechos, matices y preguntas, y eso dificulta mucho ese mecanismo. El periodismo siempre acaba encontrando una grieta. Es como la marea: a veces sube con fuerza y otras apenas queda un hilo de agua. Incluso en los peores períodos de nuestra historia hubo alguien contando lo que ocurría y alguien aprendiendo a leer entre líneas”.
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Tras asegurar que la pregunta que los periodistas hacen demasiado poco al poder es “¿quién es usted, aparte de alguien que quiere mandar?”, vuelve a poner el foco en la precariedad como uno de los grandes males de la profesión periodística, ya que “si un periodista teme perder el empleo o no poder pagar el alquiler, no hará falta que nadie le llame para censurarlo y aprende a callarse solo”. Y un “periodista que se autocensura es”, según recalca, “una mente capada, un potencial despreciado”.
Tres años después, sigo esperando que Feijóo cumpla su promesa y me envíe el teletipo donde dijo haber leído el bulo sobre Pegasus
Para terminar, defiende que un periódico debe ser una “brújula” para sus lectores, puesto que ésta “no elige el camino por ti ni te obliga a seguir una dirección”, sino que “te dice dónde estás y te ayuda a reconocer los caminos que existen”. “Después, decide el lector, que para eso es una persona adulta”, afirma, antes de señalar la encrucijada en la que se encuentra el periodismo en pleno verano de 2026: “Encontrar espacios de libertad para poder ejercer el oficio. Espacios en los que haya tiempo para pensar, recursos para investigar y margen para preguntar sin miedo. Cambian la tecnología y los canales, pero la pelea sigue siendo esencialmente la misma”.
“Yo creo que la inteligencia artificial podría convertirse en una gran aliada. El bulo es barato de fabricar, corre muy deprisa y, con las herramientas tradicionales, nos cuesta alcanzarlo. La IA puede ayudarnos a verificar, investigar, revisar nuestros razonamientos y encontrar conexiones que no habíamos visto. El peligro no está en la herramienta, sino en utilizarla sin criterio y sin asumir la responsabilidad por lo que se publica”, remata.