Natalia Junquera: "Hay activistas disfrazados de periodistas con agendas obscenamente particulares”

La periodista Natalia Junquera.

Se niega Natalia Junquera (A Coruña, 1981) a aceptar que el buen periodismo, lo mejor de este santo oficio, sea una rareza del pasado. Principalmente, porque tras más de dos largas décadas de trayectoria, entiende que "las exigencias de la vocación periodística tienen algo de sacerdocio" vinculado con el servicio público y el derecho de la ciudadanía a comprender el mundo en el que vive. "Como decía el mejor periodista que he conocido, David Beriain: 'El periodismo está inventado. Hay que hacerlo bien'", apunta a infoLibre.

Para hacerlo bien, continúa, los informadores "adquieren un compromiso ético para advertir al lector de dónde está la mentira, la contradicción, la corrupción, la desigualdad o la injusticia". "Con esa información, el resto del camino puede recorrerlo por su cuenta el lector", apostilla, dejando claro con esa denominación del receptor como el que lee su predilección por la prensa escrita, algo que le viene de serie, ya desde cuando estudiaba, por una razón muy básica: "Los periódicos me parecían herramientas para pensar".

"Entonces se publicaban solo en papel, con todo el margen que daba esa circunstancia de poder explicar al día siguiente lo que había ocurrido el anterior", rememora con ese leve pero inevitable halo de romanticismo de quien ha pasado media vida habitando en redacciones, para acto seguido reconocer que aunque "internet alteró los ritmos de trabajo, los buenos periódicos ofrecen, junto a la última hora, reportajes y entrevistas de fondo", contenidos "más sosegados, para ampliar la mirada".

Y profundiza: "Internet y el concepto de 'última hora' han alterado la duración de los contenidos más que los contenidos en sí mismos. En el papel, la selección y jerarquización de la información tenía una vigencia de 24 horas, mientras ahora las portadas digitales cambian varias veces al día. Producimos más contenidos, pero duran menos en el escaparate, y eso puede provocar que algunos pasen más inadvertidos sin ser menos importantes. Mantener el equilibrio entre la última hora, los temas de fondo y la jerarquía de la información me parece uno de los retos más complicados de cualquier editor web".

Esto último, en particular, es motivo de debate diario en infoLibre, donde también se comenta mucho sobre el devenir de este oficio nuestro, al que muchos llegamos con la firme determinación de descifrar qué significaba exactamente eso de ser (como la rana Gustavo) un buen reportero dicharachero. En esas todavía estamos y estaremos, pero, mientras tanto, nos lanza Junquera algunas consideraciones como esta: "El buen periodista sabe que es mucho más importante ser riguroso que rápido, pero no se duerme en los laureles".

A su juicio, "el buen periodista se alegra cuando caza algún prejuicio, aunque sea suyo, ya que así podrá descubrirle algo nuevo a su lector". Además, "el buen periodista está entrenado para desconfiar de la versión oficial y demoler con preguntas el muro de opacidad que a menudo levanta el poder a su alrededor". Porque, en su fuero interno, "el buen periodista es consciente de que muchas veces la realidad no es blanca o negra, es decir, simple, y que su trabajo consiste en describir la complejidad y los matices del gris".

Todo esto, en realidad, lo sabe cualquiera con un poquito de sentido común pero, al mismo tiempo, alerta de que "en el ecosistema han aparecido especies invasoras, activistas disfrazados de periodistas con agendas obscenamente particulares", ante los que "una de las muchas formas de hacerse distinguir es defender el interés general". "Un periódico es resistencia cuando hace, nada más y nada menos, lo que tiene que hacer: informar con rigor y sin más agenda que el interés general. Es lo que distingue a los medios de los pseudomedios, a los periodistas de los pseudoperiodistas", afirma.

En este punto, defiende que el periodismo en sí mismo es "inocente" de su supuesta degradación, pues los verdaderos responsables de la "perversión de su función de servicio público son quienes lo ejercen con intereses y agendas particulares". Ante esto, el "reto interno desde el ejercicio de la profesión es mantener viva la vocación y el convencimiento de que uno ejerce un servicio público y actúa en consecuencia, entendiendo que el jefe y el cliente siempre son el lector". Al mismo tiempo, el reto externo es, en su opinión, "combatir la confusión" y diferenciarse cada día, "en este bombardeo de relatos interesados, de los que no proveen información, sino propaganda".

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"Pero dicho esto, en este clima de crispación y polarización afectiva de rechazo al que piensa diferente en el que vivimos, he pensado mucho sobre quién ha provocado la extensión del sesgo confirmatorio, es decir, el ánimo no ya de informarse, sino de reafirmarse en las propias opiniones. ¿Ha sido la oferta o la demanda? ¿Pseudomedios que practican el activismo y políticos a los que les interesa la confusión? ¿Ciudadanos indignados con la coyuntura que apoyan a un partido o a otro como si fuera un equipo de fútbol y no están dispuestos a ver el penalti que ha cometido su jugador favorito?", plantea Junquera, sin tener en realidad una respuesta definitiva, pero confiando en encontrarla en ese periodismo que "tiene una mala salud de hierro y vive permanentemente en la encrucijada", lo cual quiere decir, en última instancia, "que es más necesario que nunca y tan necesario como siempre".

Asimismo, la periodista advierte de que desde la ultraderecha se ataca a este buen periodismo precisamente porque los "peores enemigos de los extremistas, de los discursos fáciles y populistas, son los periodistas que los exponen ante sus propias contradicciones y, por tanto, a sus debilidades argumentales". "La propaganda es de por sí repetitiva. Hay quien juega a reiterar la mentira con la convicción de que así, por saturación, se impondrá sobre la verdad, casi siempre más sobria. Y todo ello conduce al agotamiento, a la famosa frase —y esa sí es peligrosa— del 'todos son iguales'. Por eso, lo más urgente es que la audiencia aprenda a distinguir el periodismo de lo que no lo es", destaca, antes de dar unas sencillas claves para combatir la desinformación: "distinguir medios de pseudomedios, periodistas de pseudoperiodistas, y fuentes rigurosas de bulos sin fundamento".

Para terminar, recalca Junquera que "en cualquier país, la prensa libre es un indicador democrático, el canario en la mina", y recuerda que las "sociedades informadas evolucionan porque la información rigurosa les concede la facultad de exigir, mientras que las desinformadas involucionan porque quedan sometidas a la manipulación de intereses privados". "Siempre he pensado que la pregunta maestra que debe aspirar a responder un periódico ante cualquier tema es: '¿Por qué?'. Tenemos la misión de explicar por qué se toman unas decisiones y no otras. Esa pregunta aparentemente tan sencilla puede levantar un caso de corrupción y, en general, creo que a veces falta insistir. Si un político no responde a la pregunta de un periodista en una rueda de prensa, el siguiente en el turno de palabra ha de reiterar la pregunta de su colega. Al poder también hay que educarlo, ponérselo difícil cuando trata de esquivarnos", remata.

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