MAR ante el espejo
MAR, el animal político que susurra a Ayuso
Miguel Ángel Rodríguez Banjón —MAR para amigos y enemigos— es el estratega, director de comunicación y mano derecha de la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso. Tras años apartado de la política, regresó a la primera línea en 2019 para convertir a una candidata autonómica del PP inicialmente subestimada en la principal antagonista del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Desde la jefatura de gabinete de Ayuso controla mensajes, administra crisis y mantiene una relación de confrontación permanente con todo aquel que se inmiscuya en el camino de su jefa, incluidos sectores del Partido Popular.
Desde hace ya más de seis años es oficialmente jefe del Gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid. El Portal de Transparencia regional lo presenta como consultor de comunicación, publicista, empresario, escritor y antiguo político. El organigrama apenas permite conocer algo más: una jefatura adscrita al núcleo de Presidencia y un correo institucional. Nada en esa descripción administrativa refleja el alcance político que tiene en realidad y el control que ejerce sobre lo que le rodea, especialmente la prensa. Es de esos que en apenas unos segundos lee los WhatsApp que le llegan de periodistas. Y también es rápido en responder, aunque eso no siempre le deja en buen lugar, como se vio tras amenazar a una periodista de eldiario.es con el mensaje “os vamos a triturar, vais a tener que cerrar”.
El poder de Rodríguez consiste precisamente en operar un paso por detrás de quien habla y, al mismo tiempo, otro por delante de quienes intentan responder. Un mérito que le atribuyen tanto partidarios como detractores. Es el hombre que susurra al poder y consigue que los focos se dirijan, precisamente, hacia donde él quiere. Su éxito más visible ha sido convertir la política madrileña en un escenario nacional. Ayuso gobierna una comunidad autónoma, pero habla casi siempre como jefa de la oposición. A preguntas de este periódico, MAR rehusa hacer comentarios sobre él mientras continúe en el cargo.
El periodista “progre” que se curtió con Aznar
Rodríguez llegó muy joven al entorno de José María Aznar. Cuando el futuro presidente del Gobierno dirigía Castilla y León, MAR se incorporó a su equipo y ejerció como portavoz de la Junta. Cuenta a infoLibre una periodista que lo conoce de esa época que Aznar lo eligió porque “era el que mejor preguntas hacía” y, en aquella época, sus compañeros lo consideraban como un periodista de izquierdas de verbo afilado. Tuvo que dimitir como portavoz de la Junta tras un fuerte enfrentamiento con el extinto CDS, partido que había pedido públicamente su cese fulminante tras asegurar que un diputado cobraba dietas de manera irregular. De allí regresó a El Norte de Castilla, pero esa etapa duró poco.
Aznar le pidió que le ayudase en la construcción del liderazgo nacional del PP y MAR aceptó. Al periodista se le atribuyen casi todos los éxitos de Aznar, en especial su famosa frase “váyase, señor González” y la dura oposición de esos años. El 7 de mayo de 1996, apenas estrenado el primer Gobierno de Aznar, fue nombrado secretario de Estado de Comunicación, dedicándose también a la tarea de portavoz en cada rueda de prensa de los viernes, cuando se celebraba el Consejo de Ministros. Tenía 32 años. Permaneció en el cargo hasta julio de 1998, cuando el BOE publicó su cese “a petición propia”.
Él alegó motivos personales, dijo que quería hacer otras cosas y que estaba cansado de ser el “pararrayos del Gobierno”, pero políticamente, asegura una fuente que trabajó con él, fue un relevo pactado con Aznar tras las reiteradas quejas de algunos de sus ministros y socios como Convergència, que atribuían a Rodríguez parte de la mala imagen del Ejecutivo. En la Secretaría de Estado de la Comunicación lo sustituyó Pedro Antonio Martín y en la portavocía Josep Piqué. Su salida se celebró tanto de puertas hacia fuera como dentro del PP.
En aquellos años ayudó a dar forma a una comunicación política basada en la disciplina del mensaje, la simplificación y la repetición. La premisa no consistía en explicar exhaustivamente una política, sino en encontrar una frase capaz de trastocar toda la conversación pública. El adversario podía discutir los hechos, pero lo verdaderamente importante era obligarlo a discutir dentro del marco previamente elegido. Una estrategia que también aplica actualmente, con Pedro Sánchez como su principal antagonista.
Rodríguez dejó escrita una versión especialmente transparente de esa filosofía. En la novela El candidato muerto (Plaza & Janés Bueno), que publicó tras salir de La Moncloa, sostenía que el político más eficaz no tenía por qué ser el más preparado, sino aquel al que la gente pudiera entender. La presidenta no se presenta como una dirigente técnica ni especialmente interesada por los asuntos de la Administración pública, según admiten fuentes del PP. Lo que hace MAR es convertir a Ayuso una figura reconocible: espontánea, desafiante, capaz de condensar discusiones complejas en expresiones que funcionan como titulares. “Comunismo o libertad”, “Madrid es España dentro de España” o la confrontación permanente entre una supuesta forma madrileña de vivir y la que quiere “imponer” Sánchez.
El regreso a la primera línea para ‘salvar’ a Ayuso
Durante más de dos décadas Rodríguez permaneció fuera de los cargos públicos, aunque no fuera de la política ni de los medios. Trabajó como consultor, empresario y fue un polémico tertuliano, escribió libros y convirtió la provocación en parte de su personaje público. Su regreso institucional se produjo de la mano de Ayuso, que le admiraba políticamente. La había asesorado durante la campaña autonómica de 2019, cuando la candidata del PP era vista incluso dentro de su partido como una solución provisional ante lo que se vería como una inminente derrota por parte de la dirección de Pablo Casado.
En enero de 2020 fue designado jefe de gabinete. Volvía a ocupar un puesto político 22 años después de abandonar la Secretaría de Estado de Comunicación. La asociación resultó rentable para ambos. Ayuso dio con un estratega con experiencia, agenda mediática y ausencia de escrúpulos para la pelea pública. Rodríguez encontró un liderazgo sobre el que proyectar una fórmula perfeccionada desde los tiempos de Aznar: identidad nítida, antagonismo constante y dominio del ciclo informativo. Con todo, sus comienzos no fueron fáciles y la presidenta madrileña acumulaba polémicas constantes que le hacían ser percibida por un lastre, tanto por Génova como por sus compañeros de partido.
La pandemia fue el momento de consolidación. Mientras otros presidentes autonómicos intentaban aparecer como gestores, la Comunidad de Madrid transformó cada discrepancia sanitaria y económica con el Ejecutivo central en un conflicto ideológico. La apertura de la hostelería, las restricciones, los confinamientos y la gestión de los colegios dejaron de ser únicamente decisiones administrativas. Pasaron a representar dos modelos de país. El desenlace electoral de mayo de 2021 confirmó la eficacia del método. Ayuso rozó la mayoría absoluta y absorbió buena parte del espacio de Ciudadanos y Vox. Desde entonces, su capacidad para fijar la agenda del PP nacional ya no pudo considerarse un fenómeno local.
Una máquina de producir antagonistas
El método Rodríguez necesita, además, un enemigo visible. Y desde hace seis años es Pedro Sánchez, con el que Ayuso siempre encuentra una excusa para confrontar… hasta que necesita la ayuda del Gobierno central. Sin embargo, en otras ocasiones el adversario está dentro del propio PP. La relación de Rodríguez con Génova ha sido especialmente conflictiva. Durante la pugna entre Ayuso y Pablo Casado por el control del PP madrileño, la dirección nacional identificó al jefe de gabinete como uno de los principales impulsores de la ofensiva.
Es más, el entorno de Casado llegó a exigir que MAR quedara apartado de cualquier negociación sobre el futuro del partido regional, asegura a infoLibre una fuente afín a Casado que estaba en el PP de Madrid. La guerra terminó con la caída de Casado y con Ayuso al frente del aparato madrileño. Aquello, además de una demostración de fuerza de la baronesa del PP, ungida también por la prensa conservadora, fue una constatación de la influencia de su jefe de gabinete. La presidenta no solo sobrevivió a una investigación interna sobre el contrato relacionado con su hermano, sino que consiguió que el episodio se narrara como una operación de espionaje y persecución organizada por la dirección nacional contra ella.
Un patrón que se ha repetido después en varias ocasiones. Cuando ha surgido una información que afecta a la presidenta madrileña, el objetivo de MAR ha sido desviar el asunto con una acusación mayor. La inspección fiscal a su pareja, Alberto González Amador, fue rápidamente reconvertida en una conspiración de Estado que, además, acabó con la imputación –y posterior condena– del entonces Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz. El investigado pasa a ser perseguidor y quien ocupa el poder institucional adopta el papel de víctima. Para MAR no es una estrategia defensiva, sino una contraofensiva.
“A cada insulto, dos”
Rodríguez no oculta su preferencia por la escalada. En una entrevista de 2024 resumió su consigna con una frase: “A cada insulto, dos”. Esa consigna explica buena parte de su relación con el ecosistema mediático y político. En 2011, durante su faceta de tertuliano, fue condenado por un delito continuado de injurias graves contra el médico Luis Montes. Dos años después fue condenado por conducir bajo los efectos del alcohol tras chocar contra varios vehículos estacionados. Ese mismo año volvió a ocupar titulares por acusar públicamente al presentador Gran Wyoming de consumir y suministrar cocaína.
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Las polémicas se intensificaron desde su llegada al entorno de Ayuso. Recientemente difundió de forma falsaria que dos periodistas de El País habían intentado asaltar, encapuchados, la vivienda de Ayuso cuando estaban recabando información sobre los pisos de González Amador y las obras que le paralizó el Ayuntamiento de Madrid. Terminó reconociendo que no se había producido ningún asalto. El episodio dio lugar a una causa por la difusión de datos de los informadores. La jueza acordó su archivo el pasado 2 de julio al no apreciar indicios suficientes de revelación de secretos. El PSOE recurrió la decisión ante la Audiencia Provincial, por lo que el sobreseimiento no es firme todavía.
La controversia muestra hasta qué punto se ha difuminado la frontera entre la actividad de un jefe de gabinete público y la defensa personal o política del entorno de la presidenta. Durante su declaración judicial en la causa del fiscal general llegó a reconocer que algunas de sus afirmaciones no procedían de información concreta, sino de su experiencia. “Tengo el pelo blanco”, alegó para justificar sus deducciones sobre la actuación de la Fiscalía. La frase resume otra característica del personaje. Su autoridad no se apoya necesariamente en documentos, sino en su experiencia adquirida tras décadas dentro de la política y los medios.
Sus partidarios lo describen como un estratega brillante, leal, divertido, protector y con un conocimiento extraordinario de los medios. En 2021, Ayuso lo definió públicamente como su “amigo”, “escudero”, “protector” y “compañero de aventuras”. Sus detractores lo consideran un propagandista agresivo, controlador, intimidatorio, dispuesto a difundir afirmaciones no comprobadas y a convertir cualquier crisis en una guerra personal, si bien reconocen su habilidad. Uno de los portavoces más destacados del Congreso lo resume así: “Es un desalmado con un indudable talento para la política y la comunicación”.